
Mientras el Mundo se Divierte. Por el Lcdo. Abogado José Vilasuso Rivero.
Lcdo. Abogado José Vilasuso Rivero.- Jamás hemos pretendido asumir el papel de Aguafiestas a que el gran Víctor Hugo se vio forzado cuándo en consonancia tantos de sus colegas de pluma y pliegos blancos, parecían padecer de ceguera afrentosa frente a los acontecimientos alarmantes de aquella época romántica sobresaliente del siglo XIX.
Muy bien, cubierto dicho flanco; cedo el turno a los avatares alerta para la preservar nuestra supervivencia cual especie terrenal. El señor gobernante de Rusia de cuyo nombre no desearía ni acordarme, reaparece desde hace unos días, retratado en los diarios más acreditados de los cinco continentes revelando, en voz muy alta, sus estrategias de último modelo y último minuto, con fines nada entretenidos, mucho menos divertidos; intenta poner al mundo entero al corriente sobre sus planes nucleares y/o los artefactos macabros porteadores de la infernal materia prima que, nos llevaría a todos o a casi todos los habitantes del planeta a “Buen Sitio” en el espacio sideral. Realmente confieso que se nos invita a convencernos y testificar un espectáculo de mal gusto.
Debe quedar debidamente aclarado que, la respuesta de los principales representativos en todos los órdenes y escalas de las actuales sociedades activas en el globo terráqueo, caso de manifestarse en la forma y medios que procuren. Sin duda la mejor, no ha de reincidir cómo durante la llamada Guerra Fría, centrada en reciprocarle al señor Putin con lenguaje similar o de parecidas calorías. Baladronadas tales implicarían retornar aquel terrorismo irreflexivo e irresponsable que, por entonces nos estremeció de pavor al abrir y hojear los diarios fijando ojos en grandes, sensacionales titulares de primera plana. Cita,
“Por vergonzosa” tacho u omito la cita.
Hoy al menos, no espero nada tan desagradable. ¿Saben por qué? Sería caer demasiado bajo, prueba de seso hueco; tanto en su condición humana, como inconfundible complejo, y frustración indesprendibles de cualquier Gobernante de Pacotilla como catalogara nuestra admirada Svletana Alexeiévitch al mandatario ruso. ¡Claro que si, no faltaba más! Pies sobre la tierra con sus zapatos puestos. Vladimir Vladimiróvitch, se descubre empantanado hasta los tobillos, en una carnicería absurda, innecesaria, inmisericorde, de la que ya poco importan cacareadas victorias ni derrotas, estas o las otras armas, yo me limito a describirla cual derramamiento de aguas no bendecidas, rojas como el tomate; expresión flagrante del dolor humano sin distingos de nacionalidades, ejércitos, ni banderas. La nacionalidad que amo, ejército que sirvo, y bandera que enarbolo pretendiendo defenderla a machamartillo, cal y canto se llaman humanidad, esperanza y vida, punto.
Cabe y viene a cuenta verificar mortecinas, lánguidas campañas aparentemente “pacifistas” pero hablando en plata, disfrazan desfasada y menguada hipocresía. Subo a escena el ferrumbriento clisé: cito, “en nombre de la paz, nos oponemos al envío de armas a Ucrania,” ¡vaya caramba! qué cosa, eh……. De modo que los ucranianos no tienen derecho a recibir ayuda exterior. En cambio, el día veinticuatro de febrero del año 2022 los tanques rusos atravesaron la frontera ucraniana inaugurando el actual matadero de seres humanos, no importa el uniforme, aparte de una cifra desconocida de civiles, ciudades arrasadas, en ruinas; todo ello en uso del derecho concedido por ¿Quién? Por lejanos santones caquéquicos, del ayer, como Andrés López Obrador y/o su incensario de turno Gustavo Petro.
Sin embargo, ante la irresponsabilidad, ajenismo y el sietemesino amenazante subsiste una cualidad, reserva valiosa, premiable, la bautizo como medida de la firmeza. Firmeza no significa responder con la misma moneda. Ni de juego desciendas al sótano, guarida lóbrega, y sombría preferida del delincuente emboscado; fíjate que, todo guapetón de oficio, carnicero provisto de puñal afilado, confía en sus bravatas para camuflar propósitos inconfesables. ¡La implantación del terror! Fallido recurso para engañarse así mismo haciendo papel de Tarzan, ¿o de Superman? Ah, ah pero si nosotros atemorizados, inseguros, despistados por ese lenguaje barato, fanfarrón, puro chantaje, nos volvemos de espaldas, o genuflexos a sus chicotes, le damos por la vena del gusto, cedemos una corona que no encaja en su semicalva ovalada y brillosa. Victoria pírrica que, por seguro ningún hombre o mujer sensatos deseamos, ni importa poco.
Por el sendero. Ignoro, descuido si viene o no al caso, pero cito Munich, aquel capítulo de la historia contemporánea desafortunadamente a la orden para desenterrarse y ponerlo al día por meras, tristes certidumbres y coincidencias fatales.
La historia.
En aquellos tiempos (yo contaba siete añitos) Sire Neville Chamberlein y Monsieur Edouard Daladier tal máximas figuras equivalentes, de hecho, a lo que serían la ONU, y/o el Tribunal de La Haya hoy en día; dando por realizado que, entonces, sólo las grandes potencias europeas, mal que bien, asumieron los forcejeos y responsabilidades pertinentes, para evitar la masacre de seres vivientes, costo alto del colosal modelo milenario para mausoleo y vergüenza histórica de nuestra especie, Segunda Guerra Mundial.
Luego, zigzagueando encerronas, libradas agudas pasadías, entresuelos, jugadas y apuestas de alta diplomacia, material idóneo para otro aprovechable, voluminoso libro en varios tomos gruesos; aquellos forzados emisarios francoingleses con paloma blanca de la paz posada sobre sus hombros, viendo agotados sus recursos no contaron con ficha mejor que, el apaciguamiento, ceder a los batuqueos del Fuhrer Adolfo Hitler y subrepticia complicidad del camarada Jossip Vissarionóvitch Dughasvilli, Stalin, aliados bajo cuerda, (pese a existir compromisos defensivos de la Urss con Francia fechados desde 1914 y aun previos.) Occidente cedió, pretextando qué era el precio de la paz, entregar Munich, sacrificar a Checoeslovaquia; pero ni así Hitler quedó satisfecho, pese apuntarse la primera victoria del campo santo con sus incontables tumbas completamente desplazadas, abiertas de par en par, alistadas para acomodar adecuadamente, millones de cadáveres. Mientras Él frío, taimado, aguardaba, armándose hasta los dientes, y de improviso, sin previa excusa, lenguaje descompuesto, groseros pretextos, el día primero de septiembre de 1939, “inauguró.” La Segunda Guerra Mundial, horror contabilizado con bastante exactitud fiel al cual sumarían unos cuarenta y ocho millones de oxcísos, guarismo que podría empatarse con pura cacería de brujas si, ¡no lo permita Dios! nos acomodáramos al riesgo de apaciguar al gobernante de Pacotilla, Vladimir Vladimoróvitch Putin.