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Cuando no se espera un cambio político en Cuba: cautela pública y ayuda cercana. Por Ángeles Rosas. Diario de Cuba.

Cuando no se espera un cambio político en Cuba: cautela pública y ayuda cercana
Por Ángeles Rosas
Diario de Cuba
3 de octubre de 2026

Datos de la cuarta encuesta de DDC aplicada por Cubadata. De fondo, un padre y su hija. Diario de Cuba

El 74,9% de los participantes en la cuarta encuesta de DIARIO DE CUBA elaborada por Cubadata ve poco o nada probable un cambio político significativo a corto plazo. La colaboración cotidiana recibe más credibilidad que la participación pública.

¿Equivale esperar que nada cambie en las próximas semanas a aceptar lo que hay?
En la cuarta encuesta de DIARIO DE CUBA, elaborada por Cubadata, esa expectativa convive con respuestas que expresan cautela al hablar de ciertos temas y dudas sobre la capacidad propia de influir. La pregunta que se abre con este estudio no es por qué los participantes no actúan, sino qué posibilidades de acción consideran a su alcance cuando no prevén un cambio político en poco tiempo.

En el pulso Situación actual, proyecto de vida y agencia, que contó con la participación de 1.551 personas entre el 22 de julio y el 10 de agosto de 2026, el 68,1% de los consultados estuvo de acuerdo con que, para vivir tranquilo, es mejor no meterse en ni hablar de determinados temas. Al mismo tiempo, el 57,9% situó entre cero y dos, en una escala de cero a diez, su capacidad de influir como ciudadano.

Ambas respuestas remiten a una percepción de escaso control sobre lo público. No describen por sí solas silencio efectivo ni ausencia de participación, pero sí una disposición de reserva y una baja expectativa de incidencia. En un contexto en el cual la vida cotidiana exige tiempo y energía para resolver necesidades básicas, la política aparece para muchos encuestados como un ámbito en el que el costo puede ser alto y el margen de resultado, bajo, como destaca el informe sobre los datos arrojados por el estudio, elaborado por el experto en análisis estadístico Arístides A. Vara-Horna.

Ese repliegue no significa que se haya perdido toda disposición a actuar, como señala Vara-Horna. El 77% de los cubanos conectados consultados estuvo de acuerdo con que la colaboración entre vecinos o dentro de la comunidad puede mejorar problemas de la vida diaria. Esa cifra contrasta con el 4,2% que consideró "participar o hablar cuando sea posible" la estrategia personal más realista, muy por debajo del 52,9% que eligió irse del país.

La comparación muestra una separación entre dos escalas de acción. La colaboración para resolver problemas cercanos conserva plausibilidad; la intervención pública más abierta, no. La encuesta indica que, para quienes respondieron, el espacio inmediato mantiene una credibilidad práctica que no tienen los canales políticos.

[ACCEDE AQUÍ A LOS RESULTADOS COMPLETOS DE LA ENCUESTA 1, LA ENCUESTA 2, LA ENCUESTA 3 y la ENCUESTA 4 DE DIARIO DE CUBA, REALIZADAS POR CUBADATA]

La pregunta sobre qué haría creíble un cambio revela hasta qué punto las expectativas se han desplazado de lo abstracto a lo tangible. La opción más elegida fue poder viajar, salir y regresar, por el 36% de los participantes. Le siguieron mejorar servicios y salarios, con un 25,1%, y participar en las decisiones, con un 16,5%. La justicia y los límites a la arbitrariedad fueron escogidos por el 9,2%, y la protección para hablar y organizarse sin represalias, por el 7,6%.

El orden sitúa las garantías jurídicas y la libertad de expresión en un segundo plano, sin restarles valor. Muestra qué prueba concreta de cambio resultaría más persuasiva para quienes respondieron. La posibilidad de salir y volver condensa una demanda de movilidad, de vínculo y de autonomía. No se trata solo de emigrar; se trata de poder moverse sin que salir implique romper definitivamente con el país.

La expectativa sobre el corto plazo completa la imagen. Entre el 22 de julio y el 10 de agosto, el 74,9% de los encuestados consideraba nada o poco probable que se produjera un cambio político significativo en las ocho semanas posteriores. El 47,8% identificó específicamente "sin cambio político importante" como el escenario más probable.

La inercia, sin embargo, convive con distintas expectativas sobre el desenlace. Ante una posible intervención directa de otro país, el panel encuestado se dividió: un 37,4% se manifestó en contra, un 34,6% a favor, un 20,2% neutral y un 7,8% respondió que no lo sabía. Además, el 9,5% optó por no responder, la proporción más alta de reserva explícita en toda la encuesta.

Así, una parte considerable de los participantes no espera que la solución llegue desde la política inmediata ni coincide en un desenlace de fuerza. Ante esa falta de perspectiva, la utilidad se busca en la colaboración de proximidad y la credibilidad de un cambio se asocia, antes que nada, a libertades que puedan ejercerse de manera concreta, señala el análisis elaborado por Vara-Horna.

Las conclusiones de la encuesta ayudan a leer una transformación más profunda de las dinámicas sociales: "cuando la supervivencia absorbe el día y la política no ofrece una expectativa plausible de cambio, la imaginación colectiva se reduce de escala. Se protege lo cercano, se confía en lo práctico y se valora la posibilidad de salir y volver como una libertad elemental. No es que desaparezca la aspiración de futuro; es que el futuro deja de proyectarse como una transformación compartida y pasa a depender, cada vez más, de las salidas individuales, las redes inmediatas y la capacidad de mantener abierta una puerta hacia afuera".

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