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El desafío central post-Maduro: las armas están regadas y no siempre bajo control del chavismo. Por Ignacio Rodrigo. Diario de Cuba.

El desafío central post-Maduro: las armas están regadas y no siempre bajo control del chavismo
Por Ignacio Rodrigo
19 de enero de 2026

Colectivos Venezuela

La posibilidad de que Venezuela sea nuevamente una meca de la industria petrolera pasa por la seguridad, no solo jurídica, sino física de los ejecutivos y trabajadores extranjeros de las petroleras.

La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026 ha marcado un punto de inflexión en la historia de Venezuela, pero no necesariamente hacia la estabilidad. La posibilidad de que Venezuela sea nuevamente una meca de la industria petrolera, pasa también por la seguridad, no solo jurídica, sino hasta física, que puedan proveerles la nueva Administración en Caracas a los ejecutivos y trabajadores extranjeros de las petroleras.

Según un reportaje publicado este domingo por The New York Times titulado "Why It’s Hard to Run Venezuela", el país sudamericano enfrenta desafíos monumentales para su gobernabilidad, exacerbados por una capacidad atomizada para generar caos, distribuida entre una multitud de grupos armados que controlan territorios, recursos y rutas criminales.

Venezuela tiene como legado del chavismo un poder de fuego que se ha dispersado entre paramilitares urbanos, guerrillas transfronterizas, sindicatos mineros y facciones militares corruptas, todo lo cual representa una amenaza latente para cualquier intento de transición política o económica.

Si quiere surfear con éxito este período de trance, el Gobierno interino liderado por Delcy Rodríguez, respaldado por la Administración Trump, deberá avanzar sobre un terreno minado donde la soberanía y control estatal se ha erosionado, dejando un vacío que estos actores no estatales han llenado con violencia y economías ilícitas.

Venezuela abarca selvas impenetrables, montañas escarpadas y ciudades saturadas de armas. El 85% de la población vive en el norte, pero los recursos clave —petróleo en la Faja del Orinoco y minerales en el sur— se encuentran en zonas remotas dominadas por el crimen organizado.

Bajo Maduro, y especialmente cuando se vio acorralada por las sanciones al petróleo del primer gobierno de Trump, se mantuvo un statu quo precario: paramilitares y sindicatos criminales colaboraban con funcionarios locales o militares, asegurando control territorial a cambio de impunidad.

Ahora, con Maduro fuera, estos grupos podrían poner en riesgo el delicado equilibrio que existe puertas adentro, especialmente si se cortan sus fuentes de ingreso ilícito como extorsión, narcotráfico y secuestros. Rebecca Hanson, socióloga de la Universidad de Florida citada en The New York Times, advierte que reducir abruptamente estos mercados ilícitos es "una receta para el tumulto", generando conflictos entre grupos criminales y contra el Estado.

Este caos atomizado se manifiesta en múltiples capas. En las ciudades (especialmente en Caracas) los colectivos, como se les llama localmente a los grupos paramilitares civiles armados, representan una amenaza inmediata. El portal Insight Crime, en su perfil sobre los colectivos, destaca su evolución hacia grupos criminales híbridos que reprimen disidencia política, pero también controlan economías ilícitas.

El International Crisis Group advierte que estos colectivos, junto a otros actores no estatales, concentran poder en un vacío estatal, amenazando cualquier transición con sabotajes, con pequeños actos de violencia que generen caos y atemoricen a la población.

En el escenario post-Maduro, en el que se adentra Venezuela, su desmovilización requeriría enfoques personalizados, incluyendo incentivos para su integración pacífica, pero el riesgo de fracturas internas es alto si perciben la transición como una capitulación, según el diario estadounidense.

En las zonas rurales y fronterizas, el panorama es aún más complejo. Guerrillas colombianas como el ELN y disidencias de las FARC han establecido bases por largo tiempo en territorio venezolano, controlando rutas de narcotráfico y extorsión. Reportes de Insight Crime señalan que el ELN cuenta con miles de hombres armados que han ido estableciendo corredores para el tráfico de drogas y secuestros en ambos lados de la frontera binacional.

Insight Crime reporta que, tras la captura de Maduro, estas facciones enfrentan un futuro incierto: sin el apoyo político que les garantizaba impunidad, podrían reconfigurarse y hasta unificarse con otros grupos rivales, como lo adelantó DIARIO DE CUBA.

El Crisis Group, en su reporte "Venezuela after Maduro: Transaction or Transition?" de este mes de enero, enfatiza que la salida forzada de Maduro genera dudas sobre la estabilidad del liderazgo interino de Delcy Rodríguez. En el horizonte hay riesgos de rupturas entre facciones civiles y militares, que podrían exacerbarse por la actuación de estos grupos armados al margen de la ley.

En el sur, los "sindicatos" mineros como Las Claritas, que no son otra cosa que entidades criminales dedicadas a la extracción ilícita, representan otro eje de caos. The New York Times destaca cómo estos grupos controlan el estado Bolívar, rico en oro, imponiendo impuestos a mineros y comerciantes, y ejerciendo leyes propias con castigos físicos a quienes las infringen.

A todo esto, se suma el llamado Tren de Aragua, que según Insight Crime, es el actor criminal venezolano más poderoso, expandiéndose transnacionalmente desde prisiones como Tocorón, en el centro del país, que fue tomada por fuerzas en 2023 pero cuyos líderes escaparon.

Designado como organización terrorista por la Administración Trump en 2025, el Tren opera en extorsión y violencia, con células en Sudamérica —principalmente Colombia y Chile—, y su persistencia post-Maduro podría intensificar un clima inestabilidad y eventual aumento de hechos delictivos dentro del país.

Analistas políticos, en tanto, consideran que con la ausencia de Maduro se ha perdido el punto de equilibrio entre las distintas facciones que conforman lo que suele llamarse chavismo, donde existen diversas corrientes que lograron mantenerse unidas tras el pedido del propio Hugo Chávez de que se respetara a Maduro como su heredero.

Esta fragmentación política agrava los desafíos en materia de seguridad y control del Estado sobre estos actores armados al margen de la ley. The New York Times describe una alianza frágil entre civiles liderados por Delcy y Jorge Rodríguez, y policías y colectivos por Diosdado Cabello y las fuerzas armadas por Vladimir Padrino López.

Venezuela es hoy un rompecabezas de caos atomizado y hasta ahora contenido. Una prioridad para avanzar en darle seguridad a las inversiones extranjeras y al personal foráneo pasa por desarmar a estos grupos. Para ello, según Crisis Group, deberán combinarse el diálogo, los incentivos económicos y la propia presión de EEUU.

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