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Estanterías llenas y los bolsillos vacíos: el efecto de las 176 medidas del Gobierno. Por Periodista en Cuba. Cubanet.

Estanterías llenas y los bolsillos vacíos: el efecto de las 176 medidas del Gobierno
Por Periodista en Cuba
4 de octubre de 2026

Una mipyme dedicada a la venta de alimentos en Santiago de Cuba (Foto: Radio Grito de Baire)

Las Mipymes han llenado los estantes de productos en Cuba, pero la inflación y los bajos ingresos dejan fuera buena parte de la población.


Cuba registra en la segunda mitad de este 2026 un nuevo escenario comercial que coloca a su población ante la tentación de aprovechar la abundancia de productos en los negocios del barrio, pero con una escuálida economía familiar que impide el acceso a toda esa oferta.

Este es el resultado de las nuevas medidas que dictó el Gobierno en el mes de junio con la intención de reorganizar el sector privado, autorizar mayores importaciones e incentivar la inversión, pero con el efecto directo de poner aún más presión sobre las familias que ven con impotencia todo lo que no pueden comprar.

Más productos, pero a precios elevados
La desigualdad es ahora la norma en los barrios donde las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) se han convertido en las principales encargadas de llenar los estantes. Mientras la red de comercio estatal sufre para mantener el flujo de mercancías, los negocios privados reaccionaron con rapidez para traer de todo: desde pollo y aceite hasta leche en polvo y jabón. La diferencia es que antes la pesadilla era la escasez y las colas de horas; hoy el problema es el dinero para pagar.

Para la familia promedio, el dilema ya no es encontrar las cosas, sino juntar el efectivo. Los costos de los fletes internacionales, la compra de divisas en el mercado informal y el transporte encarecen el precio final en la tablilla. La brecha se nota a simple vista:

“Antes tenía que hacer colas de tres horas o esperar semanas a que llegara el pollo a la bodega; ahora camino dos cuadras y lo encuentro todo en el bodegón privado, desde aceite hasta leche en polvo”, relata Beatriz Morales, profesora de secundaria en el municipio Plaza de la Revolución. “La ventaja es la inmediatez, aunque haya que hacer malabares con el salario”.

Desde alimentos básicos hasta artículos de higiene personal y herramientas, las Mipymes han asumido el papel de proveedores inmediatos. La clave de esta rapidez radica en su capacidad de gestión directa.

Marcos Gutiérrez, copropietario de la Mipyme comercializadora El Enlace, explica la mecánica de su negocio: “Nosotros identificamos qué falta en el barrio, contratamos la carga y en cuestión de diez días tenemos el contenedor descargado en el almacén. No podemos darnos el lujo de tener estantes vacíos porque el capital parado se traduce en pérdidas”.

Esta inmediatez no solo abarca productos importados. En varios municipios, pequeños negocios dedicados al procesamiento de alimentos están articulando alianzas con agricultores de la zona. “Compramos la producción entera de tomate y guayaba a los campesinos de Mayabeque y la procesamos en nuestra mini-industria”, afirma Carlos Eduardo Fernández, fundador de la Mipyme Conservas del Sur. “Así el productor asegura la venta de su cosecha y nosotros ponemos en la tienda del barrio un producto fresco y elaborado en Cuba”.

Sin embargo, el fenómeno del abastecimiento a través de Mipymes encierra un contraste evidente. Si bien los productos están a la vista de todos, no resultan accesibles para todo el mundo. La alta inflación y los costos que enfrentan estos emprendedores —fletes internacionales, fluctuaciones del mercado informal de divisas y transporte local— terminan trasladándose directamente al precio final.

Una oferta que no llega a todos

El resultado es una marcada brecha en el consumo diario. Quienes reciben remesas o laboran en el sector privado encuentran en estos comercios una solución práctica y diversa a sus necesidades básicas, pero los asalariados del sector público y pensionados ven cómo sus ingresos resultan insuficientes para cubrir la canasta básica en el mercado no estatal. La frustración cotidiana persiste.

“Yo cobro mi jubilación de 1.500 pesos y cuando voy a comprar un cartón de huevos y un litro de aceite se me va la mitad del retiro”, comenta Elena Valdés, jubilada de 68 años residente en Centro Habana. “Se agradece que las cosas estén ahí y no haya que pasar trabajo para encontrarlas, pero para los viejos como yo los precios son un muro”.

El debate en la calle ya no gira alrededor de si el producto existe, sino de cómo pagarlo. Para el ciudadano común, la presencia de las Mipymes representa una tranquilidad a medias: la certeza de que el alimento está disponible en la esquina, enfrentada al desafío diario de reunir el dinero para adquirirlo.

Un aspecto crítico en el ecosistema actual de estas empresas es la procedencia de sus mercancías. Una parte significativa del abastecimiento local descansa sobre la comercialización de productos terminados traídos del exterior. Aunque esto resuelve la urgencia del consumo inmediato, los propios empresarios reconocen las limitaciones del modelo.

“Importar comida terminada es un remiendo rápido para la escasez, no la solución definitiva”, reflexiona Roberto Carballo, titular de la Mipyme de insumos agrícolas AgroServicios. “El verdadero salto ocurrirá cuando nos faciliten traer maquinaria y fertilizantes para producir la comida aquí. Si dependemos siempre de comprar afuera, el precio final nunca va a bajar”.

Aquellas Mipymes que han apostado por la transformación industrial enfrentan barreras considerables, como el acceso irregular a materias primas, la escasez energética y la falta de equipamiento moderno. Apoyar a las empresas que generan valor agregado dentro de la Isla es el camino indispensable para lograr un abastecimiento sostenible a largo plazo.

El ecosistema de las Mipymes ha dejado de ser un experimento para convertirse en un actor estructural del panorama económico cubano. En los barrios, estos negocios no solo venden mercancías; también generan empleo directo para miles de jóvenes, reparan infraestructura comunitaria y reactivan la vida comercial.

El gran desafío hacia adelante no reside en frenar su crecimiento, sino en consolidar un equilibrio donde la iniciativa privada continúe abasteciendo los mercados, mientras se buscan fórmulas que permitan aumentar la producción nacional y acercar los precios al poder adquisitivo real de toda la población. La estantería llena en el barrio es un avance indudable; el reto pendiente es lograr que todos puedan llevar el pan a la mesa.

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