He estado pensando en eso que llaman 'voluntad política'. Por Padre Alberto Reyes en FB.
He estado pensando… (XIX)
He estado pensando en eso que llaman “voluntad política”
Por Alberto Reyes en Facebook el 18 de enero de 2026
Por Alberto Reyes en Facebook el 18 de enero de 2026

Siempre que escribo un artículo, pienso inevitablemente en un auditorio determinado. Yo no sé hasta dónde llega lo que escribo, pero hoy no estoy pensando en “la gente de a pie”, sino en todas y cada una de las personas que, en Cuba, tienen en sus manos un mínimo de poder de decisión sobre la marcha y los destinos de este país.
El concepto de “voluntad política” fue creado por Rousseau, y postula que el Estado debe ser dirigido por la voluntad general del pueblo. De aquí se derivan varias conclusiones: que la razón de ser de un Estado es servir a su pueblo; que el Estado debe estar atento a los anhelos y necesidades del pueblo; y que debe existir en las autoridades un firme propósito de facilitar la realización de esos anhelos y de solucionar esas necesidades.
El paraíso no es de este mundo, y siempre, en toda sociedad, habrá dificultades y sufrimientos. Ningún Estado es capaz de suprimir todo sufrimiento humano, pero sí puede poner los medios a su alcance para que el pueblo al cual gobierna sufra lo menos posible y pueda vivir lo mejor posible.
El cubano, en general, no quiere emigrar, no quiere dejar esta isla hermosa donde tiene sus raíces, pero el cubano no quiere que su vida sea un calvario de inseguridades y angustias, no quiere vivir en un ambiente donde lo más mínimo se convierte en un problema, desde encontrar y poder pagar la comida hasta el más simple trámite burocrático, desde el transporte necesario hasta las más elementales condiciones de trabajo. Mires donde mires, la realidad es agobiante, y a esto se suma la inseguridad, el miedo a protestar, a decir en público lo que es evidente, y ser acusado de opositor, contrarrevolucionario o disidente cuando, en realidad, no se está inventando nada sino describiendo lo que se tiene delante de los ojos, mientras una y otra vez surge la misma pregunta: “¿hasta cuándo?”
Por eso necesitamos voluntad política. Al ciudadano de a pie le toca decir lo que piensa y siente, le toca perder el miedo a la verdad y reclamar una y otra vez sus derechos, pero a todos los que tienen en sus manos un mínimo de poder de decisión sobre esta isla, les toca pensar, les toca llamar a las cosas por su nombre y reconocer que, desde su cuota de responsabilidad con el poder, es necesario hacer algo para que esta situación cambie y todos podamos vivir mejor.
Porque no sólo sufre “el pueblo de a pie”. También los que pertenecen al entramado de gobierno y control en esta isla pasan necesidades que no tendrían por qué existir, también a ellos los alcanza la inseguridad y el miedo, también ellos quisieran un presente y un futuro mejor para ellos mismos y para sus hijos.
Cuando el profeta Natán le echó en cara al rey David su pecado de adulterio y homicidio, la reacción de David fue hermosamente desconcertante: no se justificó, no se llenó de ira, no mandó a matar al profeta. Simplemente dijo: “He pecado contra el Señor”.
Ojalá que todos aquellos que tienen en sus manos los hilos de poder de esta tierra tengan la serenidad y la valentía de decir: “Es verdad, estamos cansados, estamos agobiados, estamos estancados”, y surja en ellos la voluntad política necesaria para, poco a poco, sin violencias, empezar a facilitar los caminos que vuelvan a hacer de esta tierra un lugar deseado para vivir.





















