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Editorial: La esperanza de los cubanos y la captura de Maduro. Los datos de la primera encuesta de Diario de Cuba retratan nítidamente una ciudadanía dispuesta a soluciones arriesgadas para resolver sus viejos problemas. Diario de Cuba.

Editorial: La esperanza de los cubanos y la captura de Maduro
Diario de Cuba
3 de marzo de 2026



Los datos de la primera encuesta de DIARIO DE CUBA retratan nítidamente una ciudadanía dispuesta a soluciones arriesgadas para resolver sus viejos problemas.

Que el 73,9% de los cubanos considere "mala" o "muy mala" la situación del país es un resultado que no sorprende a nadie. Sin embargo, que la captura de Nicolás Maduro genere en Cuba más esperanza que miedo o que el 43,8% de los cubanos asuma que algo así también podría suceder en su país, retrata nítidamente el hastío de los ciudadanos, dispuestos a soluciones arriesgadas para resolver sus viejos problemas.

En la primera encuesta de DIARIO DE CUBA, realizada en la Isla por Cubadata, el miedo aparece como emoción minoritaria frente a la caída de Maduro: apenas un 4,7% declaró haberlo sentido. Que el miedo, tradicional mecanismo de contención política, no sea el reflejo dominante en un contexto autoritario, no es un dato menor. Sugiere que el acontecimiento venezolano se procesa más como posibilidad que como amenaza. Y a ello se suma que la mayoría (50,7%) cree que el rumbo del país terminará cambiando, aunque el Gobierno no lo quiera.

Sin embargo, el optimismo no es lineal. El 27,6% de los encuestados confía en que el panorama en Cuba empeore, frente a un 9,6% que cree que la situación mejorará en el futuro cercano.

Todas estas ideas adquieren un significado concreto en medio de la caída de los dictadores de Venezuela e Irán tras operaciones militares de EEUU. Si bien es cierto que son escenarios distintos, con sus respectivas complejidades, los une la idea de que sociedades tiranizadas durante décadas ponen sus esperanzas en acciones unilaterales de fuerza ante el fracaso de opción diplomática.

Tal visión se enfrenta al rigorismo de quienes exigen respetar la "legalidad internacional" frente a regímenes que secuestran la soberanía popular, incumplen las resoluciones de la ONU y violan descaradamente los derechos fundamentales. Es decir, a cubanos, venezolanos o iraníes se les pide confiar en un orden internacional completamente disfuncional, que no mueve un dedo por mejorar sus condiciones de vida.

Otro de los hallazgos más reveladores de la encuesta es la erosión de la idea del Estado como garante principal del bienestar colectivo. Durante décadas, el poder político en Cuba sostuvo su legitimidad sobre la promesa de protección social: educación universal, salud pública, empleo asegurado y una red institucional que, al menos en el plano discursivo, acompañaría al ciudadano durante toda su vida. Esa narrativa fue mucho más que propaganda: constituyó el núcleo simbólico del contrato entre gobernantes y gobernados.

Sin embargo, cuando solo una mínima proporción de los encuestados (5,6%) atribuye a las instituciones estatales un papel decisivo en la solución de los problemas cotidianos, lo que emerge no es solo una crítica a la gestión actual, sino un cuestionamiento más profundo de ese pacto histórico.

La percepción de que el Estado ya no resuelve los problemas vacía de contenido la promesa fundacional del modelo. Ese desplazamiento es significativo porque no se limita a un sector social específico. Y además demuestra que la sociedad cubana pide a gritos un sistema capitalista de libre mercado.

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