LA "DEMOCRACIA" DIFERENTE DE BRUNO RODRÍGUEZ PARRILLA. Por el Doctor Alberto Roteta Dorado.
LA "DEMOCRACIA" DIFERENTE DE BRUNO RODRÍGUEZ PARRILLA
Por el Doctor Alberto Roteta Dorado
17 de mayo de 2026
La idea de la ausencia de democracia en la mayor de las islas caribeñas es algo que no admite discusión. Estamos en presencia de una dictadura y no de una democracia diferente.
Santa Cruz de Tenerife. España. No existen democracias diferentes. Una nación tiene un gobierno democrático o no lo tiene. No es admisible la idea de variantes democráticas mientras exista unipartidismo y ausencia de variedad de candidatos a la presidencia de un país. El dictador cubano Fidel Castro afirmó reiteradamente que Cuba era el país más democrático del mundo, mantra que dejó su huella como parte del complejo proceso de adoctrinamiento colectivo con su consiguiente daño antropológico. Esta sentencia se fundamentaba en el supuesto hecho de que los dirigentes parlamentarios salían del propio pueblo, procedían de los estratos sociales medios, o sea, eran trabajadores y obreros humildes, sin que se excluyeran intelectuales y letrados. Pero el viejo dictador se basaba en el invento cubano de la llamada Asamblea Nacional, un intento decorativo para aparentar esa variante democrática a la que acaba de hacer referencia Bruno Rodríguez Parrilla, el ministro de Relaciones Exteriores de la nación caribeña.
Como sabéis, al menos los que vivimos en algún momento de nuestras vidas en el infierno "democrático" de Cuba, los candidatos municipales son elegidos, luego estos representan a las masas ante las elecciones provinciales, y finalmente, cuando se llega a la llamada Asamblea Nacional ya se han depurado tanto que una exigua minoría, pasada por todos los filtros de la depuración, es la que supuestamente elige en nombre del pueblo, lo que visto de esta forma, esto es, como pretenden explicar los defensores del castrismo con su democracia diferente, es una variante de democracia. De ahí la permanencia cuasi eterna en el poder de un grupúsculo de comunistas de una élite que, se sabe de manera anticipada, responderá invariablemente de acuerdo con los cánones del sistema dictatorial cubano.
Sin embargo, los que no sufrimos el devastador efecto del adoctrinamiento sabemos, con conocimiento de causa, que en realidad se trata de un gran simulacro para ofrecer al mundo una imagen aparente de participación popular – una democracia diferente, según Bruno Rodríguez Parrilla–. Realmente se está eligiendo al presidente de la Asamblea Nacional y no al presidente de la nación, toda vez que, desde que Castro se instauró en el poder, jamás hubo elecciones libres para decidir quién sería el presidente de Cuba. Recordemos que hubo la variante de primer ministro hasta que más tarde se restauró la categoría de presidente.
Bruno Rodríguez es libre de seguir aferrándose a la idea de la "democracia" diferente. Pero eso es una cosa, y otra muy diferente es que el mundo crea la gran falsedad de dicho sistema "democrático". No hay que ser un erudito, ni un experto en ciencias políticas para darse cuenta de que ninguna nación que tuviera a un mismo presidente durante casi medio siglo, exactamente 49 años —como primer ministro entre 1959 y 1976 y presidente de 1976 a 2008—, puede ser considerada una democracia.

Cuba es una "democracia diferente", afirmó recientemente el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, al ser entrevistado en los Estados Unidos de América por el periodista Whit Johnson.
Tampoco es democrático que le transfiriera el poder a su hermano cuando estaba moribundo. Nadie supo de la existencia de candidatos a la presidencia. Por aquellos tiempos las noticias permanecían envueltas en una ola de misterio y de secretismo absoluto. Era un verdadero secreto de estado. De la noche a la mañana fue proclamado Raúl Castro, el general de ejército, presidente de Cuba y de manera similar, luego de dos mandatos, entre el 24 de febrero de 2008 y el 18 de abril de 2018, este le pasó en mando a Miguel Díaz Canel, el primer presidente no perteneciente a la dinastía de los Castro, aunque como sabéis, "asesorado" por el viejo general y su séquito de militares anquilosados.
Si a esto se añade la existencia de un solo partido, el Partido Comunista de Cuba, de manera legalizada, con la consiguiente prohibición de todo movimiento político que se oponga a los cánones del castrismo, entonces la idea de la ausencia de democracia en la mayor de las islas caribeñas es algo que no admite discusión. Estamos en presencia de una dictadura y no de una democracia diferente.
Recordemos que una dictadura es una forma de gobierno autoritario donde el poder se concentra en una sola persona o un grupo reducido, lo que se cumple con exactitud para el caso del gobierno cubano a partir de 1959. Un autoritarismo absoluto por parte de los tres dictadores que han tenido hasta el presente (poder concentrado en una sola persona), con la participación de una exigua minoría de la cúpula militar castrista (poder ejercido por un grupo reducido) ha caracterizado al régimen castrista desde 1959.
Otro de los elementos para tener en cuenta al definir conceptualmente una dictadura es el hecho de no existir límites constitucionales, ni control democrático, algo que resulta aplicable al régimen castrista. Téngase presente que al no existir oposición de manera legalizada no existe ninguna fuerza política que le haga la contrapartida al gobierno. Un solo líder o partido acapara todas las instituciones del Estado, de ahí que la colosal teoría del filósofo y jurista Montesquieu, propuesta en El espíritu de las leyes (1748), acerca de la necesidad de la separación del poder del Estado en tres ramas diferentes e independientes —legislativo, ejecutivo y judicial— no sea respetada por el sistema que tanto defiende Bruno Rodríguez. Esto implica que el poder no puede detener al poder. El fundamento de dicha separación de poderes es la garantía de una libertad política, algo de lo que carece la nación cubana desde hace más de seis décadas, toda vez que la cúpula gobernante domina todas las instancias de la nación al carecer de esa necesaria separación de poderes.
Además de los aspectos ya explicados, una dictadura se caracteriza por la supresión de libertades fundamentales, la ausencia de oposición política real y el uso de la fuerza para mantener el poder. Esto último merece un comentario aparte. Si un régimen ha hecho un uso y abuso de la fuerza por mantenerse en el poder, ese es, precisamente, el régimen cubano. Desde los primeros años de la llamada revolución cubana el terrorismo impuesto en la isla por parte de las fuerzas militares del régimen frenó los levantamientos de los opositores. La lista de acciones sería interminable. Me limitaré a citar algunos ejemplos concretos en este sentido.
En primer lugar, hemos de precisar la masacre que tuvo lugar entre 1959 y 1962. Me refiero a las múltiples ejecuciones mediante fusilamientos masivos en los primeros años del régimen de Castro. La cifra de 3,000 a 5,000 fusilamientos en los albores de la Revolución es la estimación más comúnmente aceptada por los historiadores e investigadores del exilio; aunque hay múltiples irregularidades en cuanto a las cifras exactas de las primeras víctimas del castrismo. En esta primera etapa la mayoría de los fusilados fueron soldados o personas vinculadas al gobierno de Fulgencio Batista.
La organización Archivo Cuba, con sede en Miami, precisa que en más de medio siglo que lleva la revolución cubana se fusilaron a 3.116 personas y otras 1.166 fueron ejecutadas extrajudicialmente; aunque estas cifras no se limitan a los primeros años en los que reinaron los fusilamientos masivos. No obstante, la cifra es escalofriante y nos da una visión real de los crímenes de esta "variante democrática".
En segundo lugar, hemos de recordar el cruel episodio que el castrismo llamó la lucha contra bandidos, conflicto ocurrido mayoritariamente en la región del Escambray entre 1959 y 1965. Dichas luchas terminaron con una gran matanza que el oficialismo establece en 1400 fallecidos (saldo estimado), entre combatientes, civiles y alzados; dicha cifra es mucho mayor si se revisan otras fuentes, llegando a alcanzar un total aproximado de muertes en el campo insurrecto de 3591 y varios centenares en el ejército cubano, lo que supera el número de víctimas durante la etapa de Fulgencio Batista.

A fecha de abril de 2026, la cifra de prisioneros políticos en Cuba alcanzó un nuevo máximo histórico, situándose en 1.250 personas bajo detención por motivos políticos.
El tema de los prisioneros políticos, dada su connotación y vigencia, debe ser abordado detenidamente en un trabajo independiente a este. No obstante, resulta imposible omitir un asunto tan álgido como el de los prisioneros políticos que el castrismo pretende ocultar y que sigue negando públicamente en cualquier declaración cuando se les aborda dicho tema. A fecha de abril de 2026, la cifra de prisioneros políticos en Cuba alcanzó un nuevo máximo histórico, situándose en 1.250 personas bajo detención por motivos políticos. En el escrito "Récords de presos políticos y represión en Cuba definen a una tiranía en guerra contra su pueblo", publicado en Prisoners defenders, con actualización de abril de 2026, se precisa lo siguiente:
"Solo en marzo, tras cientos de detenciones arbitrarias, verificamos 44 nuevos presos políticos por protestar y expresarse: ciudadanos humildes y, en su inmensa mayoría, sin afiliación política conocida. Entre ellos crece de forma significativa el número de mujeres y menores, lo que sitúa el total en 1.250 prisioneros políticos al cierre de marzo. Con 145 mujeres condenadas por motivos políticos, Cuba alcanza un récord de presas políticas. De la lista actual, al menos 33 personas fueron detenidas siendo menores de edad, dos más incorporadas este mes. Además de la represión y la tortura, las condenas son extraordinariamente severas: 217 manifestantes han sido castigados por sedición a una media de 10 años, y los menores de la lista condenados soportan penas medias de 5 años. Hoy 447 presos políticos padecen enfermedades causadas o agravadas por las condiciones de reclusión, la tortura y la negación sistemática de atención médica".
Si después de este repaso que demuestra, una vez más, que Cuba no es una democracia, sino una dictadura, hay quien crea que se trata de una "democracia diferente", como afirmó recientemente el canciller cubano Rodríguez Parrilla, al ser entrevistado en los Estados Unidos de América por el periodista Whit Johnso, es porque el lavado de cerebro que suelen aplicar los socialistas a sus súbditos es eficaz y demuestra que el daño antropológico es una realidad social.
No hay en Cuba una "democracia" diferente, sino una dictadura; aunque, por suerte para los cubanos, para la región, y para el mundo, está agonizando y a punto de desmoronarse definitivamente.





















