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Vivir entre dos economías: salario estatal e 'invento' en la Cuba de la crisis eterna. Por Ángeles Rosas. Diario de Cuba.

Vivir entre dos economías: salario estatal e 'invento' en la Cuba de la crisis eterna
Por Ángeles Rosas
Diario de Cuba
20 de abril de 2026

Una joven cubana en un puesto de reventa en La Habana. Diario de Cuba

'Si me quedo solo con lo que me paga el Estado, mi familia no come ni tres días', dice un empleado de Comunales.

Pedro* aprieta el paso por la calle Reina, en Centro Habana, mientras carga una mochila cuyo peso no coincide con su uniforme de empleado de una empresa estatal de servicios comunales. Acaba de terminar su jornada laboral de ocho horas, pero su día real empieza ahora.

"Si me quedo solo con lo que me paga el Estado, mi familia no come ni tres días"
, confiesa. En el cartón de huevos que acaba de comprar (2.800 pesos a precio oficial en una feria estatal agropecuaria) se gastó el 62,6% de su salario completo de 4.475 pesos mensuales.

La historia de Pedro es el rostro de una contradicción que define a la Isla hoy. Según una reciente encuesta de DIARIO DE CUBA realizada por Cubadata, el 39% de los cubanos consultados depende total o mayoritariamente de un empleo estatal para sus ingresos.

Sin embargo, la estructura formal del sector laboral es un cascarón vacío: el 56,5% de la población consultada reconoce que debe "inventar" —realizar actividades económicas independientes— de forma frecuente para subsistir.

La estructura de la sobrevivencia

La "economía híbrida" obliga a los ciudadanos a mantener un pie en la legalidad del Estado para conservar beneficios mínimos, mientras que el otro se mueve en la informalidad, la reventa y los servicios sin licencia.

El contexto macroeconómico agrava esta dualidad: el estatal Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC) estima que el producto interno bruto (PIB) se contrajo alrededor de un 5% el año pasado, acumulando una caída de más del 15% desde 2020. Según el reporte del CEEC del segundo semestre de 2025, la economía ha cedido terreno por tercer año consecutivo, lastrada por una crisis energética que no da tregua.

"Ayer pensaba en sacarme una licencia para formalizar mi actividad, pero con los truenos que están cayendo actualmente, prefiero seguir por la 'izquierda'", cuenta Tere*, una peluquera y manicura que ha decidido ofrecer sus servicios a domicilio. "Tengo menos clientela y prefiero ahorrarme trámites burocráticos, electricidad, agua y algún disgusto con los inspectores", añade esta joven matancera, que decidió dejar no terminar su carrera de Pedagogía.

Inflación: la brecha entre el dato y la mesa

Para muchos, el término "cuentapropista" (trabajador por cuenta propia) suena a negocio planificado, pero la realidad en las calles es distinta. "Aquí no se emprende para crecer, se inventa para no hundirse", dice Yanet, una joven profesional que combina su plaza en una institución estatal en la ciudad de Matanzas con la edición de videos para clientes en el extranjero.

Becky hace prácticas profesionales pagadas en una empresa estatal en la provincia de Mayabeque, pero también vende detergente que le envían familiares desde el exterior. Prefiere no entrar en detalles del negocio.

Los precios reflejan la magnitud del problema de tener que "inventar" en Cuba para sobrevivir. El arroz, un alimento básico, oscila entre 155 pesos por libra en el mercado estatal —cuando aparece—, y los 340 pesos en una feria agropecuaria estatal en La Habana. Los frijoles negros pueden alcanzar entre 360 y 450 pesos por libra, muy por encima de los precios topados por el Gobierno.

Las cifras oficiales del mercado formal situaron la inflación interanual en febrero en el 12,33%. Sin embargo, economistas independientes coinciden en que estos datos no recogen adecuadamente el mercado informal ni los incrementos del sector privado.

Mientras el Estado reporta subidas en los sectores Restaurantes y Hoteles (22,27%) o Alimentos (14,34%), expertos como Pavel Vidal estiman que la inflación real en la Isla "rondaría el 70%". La percepción de encarecimiento se agrava con la escasez de combustible, que impacta directamente en la distribución de productos y en el transporte.

Las autoridades atribuyen la situación económica al endurecimiento de las sanciones estadounidenses, pero la producción de alimentos, el transporte público y otros servicios esenciales están en crisis desde hace años producto de políticas erróneas y de "un modelo económico obsoleto", como considera el economista cubano Pedro Monreal.

"Yo no salgo nada más que por necesidad mayor.
Ni las motos eléctricas puedo coger ya. Están carísimas, a 350 pesos un viaje aquí dentro del municipio", señala Caridad*, residente de Alamar, en el municipio de Habana del Este.

El discurso oficial frente a la realidad


Ante el deterioro económico, el Gobierno ha apostado por reforzar el control de precios como parte de su política de "ordenamiento", fijando topes para productos básicos con el objetivo declarado de contener la inflación, pero sin resultados, más allá de la persecución a actores económicos privados a través de inspectores estatales.

En la práctica, los precios topados conviven con un mercado informal donde los costos se duplican o triplican, y donde la mayoría de los ciudadanos termina resolviendo su subsistencia como pueden.

"Cambio mis medicinas de la presión por un poco de café o aceite", cuenta una anciana en un portal de Centro Habana. Para ella, los ingresos estatales han pasado de ser un sostén a convertirse en un trámite simbólico.

El mito de las remesas


Aunque se suele vincular a las remesas como el gran motor de la economía familiar, los datos de 2026 desmienten su alcance masivo. Solo el 5,4% de los cubanos encuestados por Cubadata recibe dólares o euros mensualmente.

"Yo no tengo a nadie 'afuera'", afirma un trabajador del transporte de La Habana. "Para mí, la única remesa es lo que puedo 'luchar' en el día. Si no aparece algo extra en el camino, hay menos en la mesa", añade.

Las remesas han sido históricamente una de las principales fuentes de divisas del Gobierno cubano, llegando a representar hasta el 6% del PIB entre 2005 y 2020, según estimaciones independientes. Datos publicados por el laboratorio de ideas Cuba Siglo 21 indican que de 2019 a 2023 las remesas hacia Cuba cayeron un enorme 47%.

Incluso quienes reciben ayuda externa describen una situación de inestabilidad. "Mi hermano me manda cuando puede, pero con la inflación que hay aquí, ese dinero se vuelve humo en una semana", comenta Rosmary, que recibe envíos irregulares.

Una crisis dentro de casa

La encuesta de Cubadata refleja que el 86,6% de los cubanos realiza alguna actividad económica fuera del control del Gobierno, ya sea de forma frecuente u ocasional. La crisis ya no es un fenómeno macroeconómico que los periódicos oficiales recogen con su habitual falta de crítica; es una presencia física dentro de cada hogar que obliga a una reconfiguración forzada de la vida.

En la Cuba de 2026, la dependencia del Estado es una formalidad estadística, pero la vida se resuelve en el mercado negro, el favor familiar y la astucia diaria. Como resume Pedro antes de perderse en un solar: "Aquí no se vive, se resuelve. Y resolver agota más que trabajar".

*Algunos de los nombres en este texto fueron cambiados para proteger a los entrevistados.

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