José Daniel Ferrer: 'La mayoría de los militares cubanos también desea que el régimen caiga'. Por Diego Santana. Diario de Cuba.
José Daniel Ferrer: 'La mayoría de los militares cubanos también desea que el régimen caiga'
Por Diego Santana
Diario de Cuba
23 de mayo de 2026
Por Diego Santana
Diario de Cuba
23 de mayo de 2026

José Daniel Ferrer. J.D.F/Facebook
El líder opositor conversa con DIARIO DE CUBA sobre el posible cambio político en la Isla y las fracturas dentro del aparato represivo.
Como buena parte de sus compatriotas, José Daniel Ferrer piensa a diario en el futuro de Cuba, marcado ahora por la intensidad que parece anteceder a una transición. Sobre este posible cambio político en la Isla, conversa el líder opositor con DIARIO DE CUBA, como parte de su gira por Europa.
Tras mantener reuniones con altas autoridades del Parlamento Europeo y de países como Polonia, República Checa y Estonia, así como con representantes del espectro político de la derecha española, Ferrer analiza la postura de la comunidad internacional frente al castrismo, además del impacto de la justicia internacional sobre la cúpula gobernante y las fracturas internas dentro del aparato represivo del régimen.
¿La imputación de Raúl Castro por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate acelera el final del régimen?
Sí, completamente. Cuando analizamos los movimientos y las declaraciones del Gobierno de EEUU hacia el régimen castrocomunista, vemos que estamos ante la segunda parte de un filme que se llama "3 de enero".
Se van dando los pasos necesarios para que EEUU tenga el fundamento legal, las razones y los motivos para actuar. Si la dictadura no negocia un proceso de salida del poder y el inicio de una transición política y económica real hacia la democracia, es obvio que van a ir a por ellos. Comenzaría precisamente por Raúl Castro, quien es el principal responsable del asesinato de los cuatro pilotos de Hermanos al Rescate.
Donald Trump afirmó que podría resolver la situación de Cuba terminando o no con el régimen. ¿Ves posible una solución sin un cambio de régimen en la Isla?
No, imposible. Estoy seguro de que Donald Trump, sus asesores, y sobre todo el secretario de Estado, Marco Rubio, están totalmente conscientes de que, en el punto en que estamos, si el régimen no cae lo antes posible, terminará fortaleciéndose. Los enemigos de EEUU verían en el régimen cubano a su campeón y lo rearmarían. Le darían recursos con tal de consolidarlo frente a Washington como un peligro cada vez mayor.
Los pasos de la Administración estadounidense son como el inicio de una terapia con antibióticos contra una bacteria asesina. Si no completan el tratamiento, la bacteria termina fortaleciéndose y desarrollando resistencia. No tienen otra opción: tienen que poner fin al régimen.
Si la transición en Cuba es inminente, ¿qué balance haces de la estrategia de la oposición y si existe unidad real en este proceso?
Por suerte, estamos ganando mucho en unidad. Pero necesitamos avanzar más en coordinaciones y estrategias que resulten efectivas. Metafóricamente: puedes tener un muy buen equipo de fútbol, pero si no salen a jugar juntos en el terreno, si no corren ni sudan, es imposible ganar el partido sentados en un banco.
Debemos profundizar en las coordinaciones para que la unidad no sea solo una buena intención. Avanzamos, tal vez no con la velocidad que el momento exige, pero no estamos paralizados. Queda mucho por hacer porque el reto es bastante alto.
Conoces bien el sistema penitenciario cubano. ¿Crees que los carceleros apoyan genuinamente al régimen o actúan por conveniencia? ¿Qué pasaría con los presos políticos en una transición?
En las cárceles de Cuba hay de todo. Hay individuos sádicos, abusadores, con mentalidad criminal. Pero hay otros que están enrolados en las filas del Ministerio del Interior (MININT) por necesidad. Generalmente, son jóvenes del campo que prefirieron eso antes que trabajar en la agricultura bajo el sol por un mísero salario.
Muchos están ahí contra su voluntad y constantemente piden la baja, pero se la niegan argumentando que no hay sustitutos. Conozco a algunos que llevan diez años solicitándola. Otros más audaces han desertado, quedándose en sus casas, aun sabiendo que los condenan a dos años de prisión para meterles miedo a los demás.
Conozco tenientes coroneles, mayores y capitanes que desean tanto como cualquier cubano que Cuba cambie, que se democratice la nación y se ponga fin a esta crisis profunda en materia económica, social, de salud, transporte y vivienda. Sus salarios no les alcanzan.
Los hay que evitan cumplir órdenes de represión, torturas o golpizas contra presos políticos. Cuando ellos vean que la acción de EEUU es inminente y que no está "faroleando", veremos a muchos incumpliendo órdenes.
La mayoría quiere un cambio y no va a cumplir órdenes de asesinar a los detenidos. Ese baño de sangre que promete Miguel Díaz-Canel solo existe en su cabeza. La mayoría de los militares desea que el régimen caiga. Algunos oficiales me han dicho: "Yo lo que voy es a esconderme hasta que sepa que todos están presos o muertos. Yo no voy a defenderlos a ellos".
Eso es lo que tenemos mayoritariamente en Cuba. Los generales, quizás algunos intenten defenderlos, pero la mayoría va a tratar de salvar su pellejo.
La UNPACU mantiene una red de activistas en todo el país. ¿Cuál es la situación actual en la Isla, especialmente en la región oriental?
Lo que me llega diariamente es que el drama de la población es cada vez más terrible: más hambre, más miseria, apagones más intensos, más represión y más patrullas. No hay ambulancias ni combustible para el pueblo, pero para la represión sí lo tienen.
Los cubanos prefieren seguir a oscuras unos días y salir del problema de una vez, antes que continuar toda la vida bajo la miseria y la opresión.
Además, existe un reclutamiento forzoso donde obligan a firmar documentos en los que las personas se comprometen a defender la patria. En la provincia de Granma, específicamente en Bayamo, visitaban a las personas diciéndoles que debían estar listas, desde los 18 hasta los 60 años, para defender la Revolución ante un supuesto ataque este 20 de mayo.
Durante tu recorrido por Europa, ¿cómo has visto el apoyo de los gobiernos democráticos del continente hacia la transición cubana?
A nivel del Parlamento Europeo y en partidos como el Popular y Patriotas por Europa, vemos mucha solidaridad, reflejada en sus resoluciones y conversaciones.
En Polonia recibimos apoyo de todos los sectores políticos, desde la derecha hasta la socialdemocracia; existe un compromiso claro de que hay que ser más enérgicos y de que el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación no consigue nada.
Lo mismo ocurre con los lituanos. Sin embargo, cuando pasas al occidente de Europa —ya sea ante gobiernos de Francia, Holanda o Bélgica— te encuentras con una postura ingenua. Dicen que "le exigen al régimen en privado que mejore en materia de derechos humanos".
Hay que decirles con claridad: ¿de qué vale decírselo en privado si ellos se burlan de esos señalamientos? El régimen cubano solo entiende de presiones y condenas públicas. Hablarles en privado es perder el tiempo; lo toman como un chiste de mal gusto y, a espaldas de sus interlocutores, se burlan de ellos.
En Europa occidental, a nivel de ministerios de Relaciones Exteriores, existe una postura ambigua, incluso en gobiernos de derecha, motivada por el afán de preservar ciertos intereses económicos. Creen que, si se posicionan del lado del pueblo y de los presos políticos, perderán sus negocios. Pero los van a perder igual, y bastante pronto.
Si la transición ocurre solo por el sacrificio de los cubanos y la intervención estadounidense, el pueblo recordará a Europa como una aliada tibia y cómplice de la tiranía.
¿Bajo qué condiciones regresarías a Cuba y cómo vislumbras ese retorno?
Yo quiero regresar lo antes posible. Ya se lo notifiqué a los estadounidenses y lo haré en cualquier momento al concluir esta gira.
Si exijo respetuosamente que en las negociaciones se plantee un proceso dinámico, rápido y con total participación de la oposición prodemocrática, tanto de la Isla como del exilio, yo quiero estar ahí.
Con la mínima garantía estoy dispuesto a correr riesgos. Solo pido la seguridad de poder entrar legalmente en un avión y no verme obligado a ingresar de forma clandestina, como han tenido que salir tantos cubanos en balsas rústicas.
No necesito una seguridad total para volver con mi gente, porque me duele saber que nuestra gente está muriendo en prisión. Están torturando y cometiendo crímenes graves.
Mi esposa desea brindar asistencia médica y yo quiero ayudar a repartir comida, mientras lucho para que la transición avance por el camino correcto hacia elecciones libres, donde los derechos básicos de prensa, asociación y manifestación pacífica sean verdaderamente respetados.





















