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He estado pensando en las opciones que nos quedan I y II. Por Alberto Reyes Pías en Facebook.

He estado pensando… (161) por Alberto Reyes Pías
He estado pensando en las opciones que nos quedan I
Facebook 12 de junio de 2026



Tomemos como punto de partida una evidencia: Cuba necesita un cambio, y un cambio radical. No podemos seguir así.

A la fuerza, se ha normalizado en Cuba una situación similar a la de un país en guerra, y el organismo humano puede asumir esta situación temporalmente, pero no para siempre, porque se rompe, se le quiebra el cuerpo y también el espíritu.

No puede ser normalidad vivir con dos horas de electricidad al día, viendo como lo poco que se consiguepara comer se echa a perder, y levantándose de madrugada, cuando “ponen la luz”, para lavar, para cocinar, para gestionar la vida, con el miedo continuo de que no alcance el tiempo.

No puede ser normalidad no tener agua corriente, ni servicio de teléfono,
ni la mínima cobertura de Internet, y vivir incomunicado incluso dentro del propio pueblo.

No puede ser normalidad no poder descansar ninguna noche por el calor y los mosquitos, y estar siempre con agotamiento crónico, tanto por la falta de descanso como por el estrés mantenido de una vida incontrolable.

No puede ser normalidad no tener el dinero básico, por la abismal diferencia entre lo que recibe el trabajador y lo que cuesta la vida, por la imposibilidad de obtener el efectivo en los bancos, y por la injusticia de un pago en pesos cubanos y un cobro a nivel de dólar y de primer mundo.

No puede ser lo normal vivir en una miseria prolongada e insuperable, dependiendo continuamente de ayudas externas, y teniendo que librar una guerra para conseguir cualquier cosa.

No puede ser normalidad que el transporte no exista
o signifique lanzarse a una aventura incierta, y que no haya combustible ni para lo básico, o tenga que pagarse a precios imposibles.

No puede ser normalidad que no haya medicamentos, que para una intervención quirúrgica tengas que llevar hasta el hilo de sutura, que no haya reactivos y los profesionales den un criterio “a ojo”, que la mortalidad infantil se dispare, que no haya electricidad en los hospitales, que los salones de operación sean espacios ruinosos.

No puede ser normalidad un sistema educativo decadente,
incapaz de ofrecer no una formación sólida, sino una formación básica que apuntale la vida.

No puede ser normalidad vivir en la incertidumbre constante, sin la posibilidad de predecir ni siquiera cómo va a ser el día siguiente.

No puede ser normalidad vivir en modo supervivencia, con agotamiento continuo y sueños eternamente
engavetados.

No, todas estas cosas puede afrontarlas el ser humano en algún momento de su existencia, pero no pueden convertirse en su modo de existir, porque entonces, el ser humano se rompe, el alma se rompe, el país se rompe.

¿Y qué opciones tenemos para salir de todo esto? Porque no parece que las soluciones vayan a venir de los que nos gobiernan. ¿Qué opciones tenemos? Habrá que pensar en ello.

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He estado pensando… (162) por Alberto Reyes Pías
He estado pensando en las opciones que nos quedan II
Facebook el 19 de junio de 2026



No creo que quepan muchas dudas de que la sociedad cubana necesita destrabarse y salir de la crisis sistémica en la que vive.

Para esto, es ineludible un cambio de gobierno y de sistema político, por la evidente razón de que, en casi 70 años, los que nos han gobernado no sólo no han logrado garantizar las condiciones básicas de vida de la población, sino que estas condiciones han ido progresivamente empeorando hasta llegar a límites infrahumanos.

Después de tanto tiempo, ¿qué puede hacernos suponer que el mismo gobierno, el mismo partido y el mismo sistema político van a ser capaces de hacer salir al país de esta crisis generalizada?
Suponiendo la influencia del embargo en este proceso, este gobierno no ha logrado gestionar sus efectos, por tanto, lo lógico es que deje paso a otros que tal vez sí sean capaces de hacerlo. El victimismo frente al embargo puede aunar voluntades internacionales a favor de Cuba, pero no hace que la comida llegue a las mesas cubanas.

Cuando, ante esta situación, se plantea la palabra “diálogo”, yo entiendo por “diálogo” las respuestas concretas al cómo y cuándo se realizará una transición que implique la salida del poder de los que nos gobiernan y se establezcan las condiciones para elecciones libres y plurales que permitan el establecimiento de un nuevo modelo socio económico.

Porque a pesar de la desesperante situación carencial que vive nuestra tierra, el gobierno no sólo no da muestras de empatía con el sufrimiento de este pueblo, sino que tampoco da signos de tener interés político realen generar un cambio. Al contrario, se mantiene en un discurso circular de petición de confianza en la Revolución, de amenazas a toda voz contraria al discurso oficial y del victimismo plañidero frente al “bloqueo”.

Por otra parte, la pluralidad política sigue estando prohibida, los presos políticos siguen siendo negados, el acoso y las detenciones a manifestantes pacíficos siguen aumentando, y se nos sigue negando la opción de las urnas libres.

Ante esta situación, ¿qué opciones tenemos?

Porque lo que NO es una opción en este momento es el silencio. NO es una opción aguantar y resistir hasta el infinito, ni seguir inventándose la vida, ni “hacer más con menos”. NO es una opción sufrir en silencio, sin protestar ni quejarse. 

NO es una opción mentir y aplaudir en los actos públicos para complacer al poder.

Y NO es una opción “comprender”. La falta de electricidad, de agua, de medicinas, de comida, de combustible, de dinero en los bancos… no es algo que este pueblo tiene que “entender”, es algo que el gobierno TIENE que resolver. La subida imparable de los precios, la diferencia de moneda, la violencia y la inseguridad crecientes… no es algo que la gente tiene que “comprender”, es algo que el gobierno TIENE que resolver.

Cuba podrá recibir ayuda externa para un cambio, o no, pero los que vivimos dentro, ¿qué opciones tenemos?, ¿qué opciones nos dejan?

No veo otra que decir la verdad, en todas partes: en la familia, en las escuelas, en los trabajos, en las iglesias, en las redes… pero también en las calles, en todas las calles, pacífica pero firmemente, a ver si el clamor de la verdad, alzado una y otra vez, logra el milagro de romper esta inercia, este espejismo de un pueblo “heroico” que, en realidad, está desde hace mucho harto y exhausto.

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