Fidel Francisco Rangel: En Cuba 'sancionan lo que creen que tú puedas haber pensado'. Por Centro de Documentación de Prisiones Cubanas. Diario de Cuba.
Fidel Francisco Rangel: En Cuba 'sancionan lo que creen que tú puedas haber pensado'
Por Centro de Documentación de Prisiones Cubanas
Diario de Cuba
18 de agosto de 2026
Por Centro de Documentación de Prisiones Cubanas
Diario de Cuba
18 de agosto de 2026

Una vez, 'dormido en la celda de castigo, me quisieron matar. Me tiraron una tanqueta de agua hirviendo', cuenta el exprisionero político.
Fidel Francisco Rangel Sánchez (56 años), cumplió ocho años de prisión política en Cuba por un delito que no cometió.
Trabajaba como zapatero en la Isla de la Juventud cuando un vecino le confió su plan para secuestrar un avión de pasajeros que cubría la ruta Nueva Gerona-La Habana, con el objetivo de dirigirse hacia los Estados Unidos.
Tras el fracaso del plan, las autoridades cubanas condenaron a cadena perpetua a cinco personas en la primavera de 2003, mientras otras tres recibieron sanciones de entre 20 y 30 años. Rangel fue uno de estos últimos.
Durante los ocho años que estuvo preso, pasó por las prisiones El Guayabo, en Isla de la Juventud, y Combinado del Este, en La Habana. En ellas conoció de primera mano el hambre, la sed y la falta de atención médica, así como la violencia de las autoridades penitenciarias, quienes lo tuvieron largamente confinado en aislamiento, lo sometieron a golpizas y maltratos e incluso participaron en un intento de asesinarlo.
Desde España, donde reside desde hace años, Rangel Sánchez conversó con el Centro de Documentación de Prisiones Cubanas sobre todos estos temas.
Cuéntanos por qué motivo estuviste preso.
Por un comentario que hizo en mi casa un vecino que intentó secuestrar un avión junto a otros. Cuando los cogieron, él dijo que me lo había dicho y por eso fueron a buscarme. Me llevaron para Villa Marista, en La Habana, y me echaron 25 años.
¿Cómo fue la experiencia en Villa Marista?
Allí estuve en una celda con uno de los muchachos. El día de su juicio viró por la noche y me dijo que le habían ratificado la pena de muerte, pero que había apelado.
A las 10:00 de la noche fueron a buscarlo a la celda y se lo llevaron. Cuando viró, se acostó a dormir. Estaba que se caía, quizás lo habían drogado. A las 3:00 de la madrugada fueron seis guardias a la celda y lo llamaron por su número. Como él no salía, porque estaba dormido, entraron, lo tiraron de la cama y se lo llevaron.
A las 9:00 de la mañana, me llevaron para la oficina de instrucción y me pusieron el radio para que escuchara la noticia de que lo habían fusilado en horas de la madrugada. Es decir, que no le dieron oportunidad de apelar. El capitán Aldo y el coronel Jorge me confirmaron que era él y me dijeron: "Tú habla claro, porque te vamos a dar palito a ti también. Esas son las instrucciones".
¿Te interrogaron?
En mi caso el interrogatorio fue muy corto porque ellos sabían que yo no había hecho nada. Me dijeron que yo lo sabía. Les dije que él me lo había dicho, pero que yo no lo había creído ni había participado en nada. Entonces me dijeron: "sí, pero aquí se sancionan los delitos contra la Seguridad del Estado por pensarlo. Tú pensaste irte y si hubieran salido no nos hubieran devuelto el avión, por lo tanto, se va a sancionar como que te fuiste". Es decir, que todo se basaba en una mentira, un delito que no se cometió. Ellos sancionan lo que creen que tú puedas haber pensado.
Fíjate si es así que después, cuando Fidel Castro fue a Villa Marista con Oliver Stone, el cineasta norteamericano, le dije que no había hecho nada y él me respondió: "sí, yo sé que tú no hiciste nada. Te doy mi palabra que vas a estar poco en prisión".
Pero me echaron 25 años por "acto de terrorismo". ¿Qué acto de terrorismo si no había delito, víctima ni nada? Terroristas son ellos, que hacen eso (meter a uno preso) como medida ejemplarizante para que el pueblo coja miedo. En el juicio, el abogado me dijo que no podía defenderme porque él era del Partido Comunista.
¿En qué fechas estuviste encarcelado y en qué prisiones?
Caí preso el 8 de abril de 2003 y llegué a España en abril de 2011, gracias a un acuerdo con España y la Iglesia Católica. Estuve en el Combinado del Este (La Habana) y a los seis años me enviaron para El Guayabo (Isla de la Juventud), directo a una celda de castigo. Esa fue la peor prisión en la que estuve.
¿Te informaban tus derechos una vez llegabas a las prisiones?
No, allí nunca te informan derechos ni nada de eso. Y si preguntas no te hacen caso.
¿Crees que estos centros estaban acordes a tu situación?
Ninguno estaba acorde a nada. Las prisiones estaban destruidas, cayéndose, con filtraciones de agua. Allí no había condiciones, ni comida ni nada.
Antes mencionaste que estuviste en una celda de castigo. ¿Cómo era?
Medía un metro y medio de ancho por dos y medio de largo. Tenía un baño turco, que es un hueco en el piso para hacer tus necesidades, en el que el resto del tiempo metes un pomo para que no suban los ratones. Las paredes eran corrugadas y la cama era un muro de cemento para la que te daban un colchón de esponja que no medía ni una pulgada.
Allí no había claridad de ningún tipo y el agua te la ponían a veces, 20 minutos al día. Si estabas en huelga de hambre, de vez en cuando mandaban un médico que te tomaba la presión y desaparecía por tres días.
¿Y las galeras?
En las galeras había literas de tres niveles, algo que estaba prohibido. El de arriba quedaba pegado al techo, con un calor enorme. Allí no había persianas sino unos balaustres de cemento por los que no entraba ni aire. Aquello era un horno. Los presos tiraban agua y después se echaban a dormir en el suelo. El baño era pequeñito, con un turco al que había que pasar uno por uno y un tanque de agua, también para todo el mundo.
El agua, cuando la ponían, salía amarillenta, porque la tubería, que era de hierro, estaba podrida. Ahí todo el mundo tenía amebas. Yo vi morir a gente por las amebas y toda la inmundicia de las prisiones.
¿Cómo te vestías allá dentro?
Yo nunca vestí la ropa de preso. Siempre me negué. Esa ropa se la tenía que poner Fidel Castro. Allí te daban un short y una camisa gris para el año entero, pero yo siempre anduve de civil. Como el agua no alcanzaba ni para darse una ducha, para lavar tenía que coger un poquito de agua y enjuagar la ropa ahí como podía. Para tenderla se la daba por entre los barrotes a quien estuviera en el patio.
¿Cómo era la alimentación de los reclusos?
La comida era poca y mal elaborada, incluso a veces venía podrida. El pescado, por ejemplo, lo molían con escamas, tripa y todo, y así lo daban. A las 5:00 de la mañana, te daban de desayuno medio pancito y un te de hierba de calentura, a veces hasta sin azúcar.
¿Tenías agua potable durante todo el día?
No, había que esperar que la pusieran, que a veces era una vez al día, y guardarla en pomos. Muchas veces venía amarilla.
¿Los médicos inspeccionaban la calidad de la higiene y la alimentación?
No, nada. Si a veces no había ni médico. Podías pedir ir a verlo, pero te decían "no hay" o te llevaban a los 20 o 30 días, cuando les diera la gana. Tampoco había medicamentos. Para darte una aspirina era un problema grandísimo. Por eso los presos no podían hacer sus tratamientos. Tenía que ser que la familia se los resolviera, pero a veces no dejaban que los pasaran. Preferían que el preso se muriera antes que permitir que la familia le pasara el medicamento.
¿Te sentiste discriminado en prisión?
Sí, por mi opinión política. Los guardias te miraban peor que a un asesino. ¿Qué más discriminación que esa?
¿Sufriste episodios de tortura física o psicológica?
Sí. Un día llegó allí una brigada especial de "boinas negras". Me sacaron, me esposaron por atrás y me empezaron a meter la cara contra la pared. También me dieron patadas y me agarraron las manos de tal manera para empujarme que a los diez días todavía las tenía negras y no me las sentía. Ese fue el tipo de tortura que usaron conmigo.
Otra vez estaba dormido en la celda de castigo y me quisieron matar. Me tiraron una tanqueta de agua hirviendo. Lo hizo un preso que para llegar a mí tenía que pasar por cuatro candados y un guardia. Fue a las 3:00 de la madrugada. Me quemó de pies a cabeza. Estuve muy mal, con quemaduras de primer y segundo grado.
¿Te colocaban esposas regularmente?
Cuando uno decía "abajo Fidel", "abajo la dictadura", "vivan los derechos humanos", ellos se molestaban y te esposaban en la celda. Para ellos, eso es más acto de delincuencia que matar a un ser humano para robarle.
¿Recuerdas los nombres de quienes te hostigaron en prisión?
En El Guayabo estaban el teniente coronel Julio, jefe de la prisión; un oficial de apellido Alayón, que ya murió y era jefe de interior; uno al que le decían Migue, que era un nazi; Osmani Chacón, que era jefe de grupo y otro nazi, y no solo con los presos políticos, con todo el mundo. También estaba el jefe del Combinado del Este, un teniente coronel de nombre Joaquín.
¿Supiste de presos a los que mataron o que intentaron suicidarse?
Algunos se ahorcaron. Recuerdo a otro, Julio, que murió por un tema de amebas. Todos los presos le reclamaban a los oficiales que estaba muy enfermo y flaquito. Murió en su cama. A otros presos los golpearon tanto que los dejaron locos.
Algunos se contagiaron el sida para que les dieran un poquito más de comida, asíera el hambre que tenían. Muchas de esas cosas las denuncié.
¿Te ofrecieron la posibilidad de estudiar o trabajar?
Ellos querían que yo fuera a estudiar política cubana, pero yo dije que me negaba. No quería aprender nada del comunismo de los Castro. Trabajar, no. A los presos políticos no les ofrecían nada de eso.
¿Practicas alguna religión?
Sí, soy católico. De hecho, me bautizaron estando en El Guayabo. Hacia el final de mi tiempo en prisión dejaron que un sacerdote, el padre Sergio, me viera cada tres meses. Incluso me mandaba artículos de aseo y ese tipo de cosas.
Cuéntanos un poco sobre cómo era tu vida cotidiana en la prisión.
Más o menos una vez a la semana me sacaban a coger sol. El resto del tiempo estaba en la celda. Cuando caí preso no había teléfonos en las prisiones en las que estuve, pero al final sí. Entonces me daban 25 minutos una vez a la semana. Nunca me privaron de eso.
¿Tus familiares sufrieron represalias por tu encarcelamiento?
Claro, porque denunciaban todo. Mi hermana recibió represión, no podía trabajar. Tenían una vigilancia constante.
¿Crees que las autoridades carcelarias tienen la intención de reducir al mínimo las diferencias entre la vida en prisión y la vida en libertad?
No. La prisión es muy difícil. Allí te privan de todo: de libertad, de información, de alimentos, de agua, de ropa, de zapatos, de aseo. Los presos se matan por un poquito de azúcar. Así no se puede reducir nada.





















