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España ante su espejo roto: la revancha y los nuevos revanchistas. Por Eloy A González.

España ante su espejo roto: la revancha y los nuevos revanchistas.
Por: Eloy A González
31 de agosto de 2026

Introducción
El artículo "La revancha", escrito por Juan José López Burniol y censurado por La Vanguardia censura que terminó con el despido del autores una pieza de una fuerza poco común en el periodismo español contemporáneo. Su lectura deja la sensación de una fotografía tomada en el instante exacto en que la realidad se quiebra: una instantánea demoledora de la España de hoy.

Para quienes escribimos opinión, este texto es una lección magistral. Burniol demuestra cómo, en el espacio limitado de un artículo, puede exponerse una verdad incómoda, desnuda y urgente. Su análisis no solo ilumina el presente político español, sino que ofrece claves para comprender la fractura que se ha ido gestando durante años y que hoy se manifiesta con crudeza.

La censura no logró detener la circulación del artículo. Al contrario: su prohibición lo convirtió en un documento buscado, comentado y compartido. Muchos lo consideran ya una pieza de periodismo honesto, escrita sin cálculo y sin miedo.

Resumen del artículo y claves interpretativas
Burniol sostiene que en España ha ido tomando forma un ansia de revancha respecto a la Guerra Civil, un conflicto fratricida que estalló hace noventa años. Esa revancha —dice— se libra hoy como una nueva guerra civil híbrida, sin ejércitos ni trincheras, pero con fractura social deliberada, polarización extrema, colapso institucional y enfrentamiento civil.

El país se ha dividido nuevamente en dos bandos, separados por un "maldito muro" que, según el autor, ha sido levantado por el presidente Sánchez. Los bloques reproducen los del Pacto de San Sebastián (1930) y los de 1936:

Izquierdas de distinto octanaje, junto a las derechas separatistas catalana y vasca.

El resto de las derechas, enfrentadas frontalmente.

La revancha —y aquí Burniol es tajante— se impulsa desde el poder, primero por Rodríguez Zapatero y luego por Sánchez, con un objetivo múltiple:

a) poner fin a la segunda restauración monárquica;

b) derogar la Constitución de 1978;

c) abrogar el Régimen que esta instauró;

d) derrocar al Rey Felipe VI;

e) conectar con la legalidad de la Segunda República;

f) instaurar una Tercera República presidencialista, plurinacional y confederal, que disuelva la idea de España como nación.

El autor no suaviza el diagnóstico: las dos Españas no son adversarias, sino enemigas. La resolución del conflicto dependerá del poder de cada bloque y del apoyo de sus "tropas auxiliares mediáticas".

Burniol advierte que el choque llegará pronto —"a lo más tardar, en un año"— y que podría coincidir con una crisis grave en Ceuta y Melilla, un "nuevo 98" que dejaría a España sola, sin aliados y sin honor que salvar. El país, afirma, perderá. Y entonces todos podremos repetir la frase lapidaria: "Entre todos la matamos y ella sola se murió."

En medio de este panorama, Burniol rescata el libro "Hambre de patria", del historiador Juan-Francisco Fuentes, que recuerda cómo la Transición fue soñada primero en el exilio republicano. Para el articulista, aquellos líderes del exilio poseen más auctoritas que los dirigentes actuales, legítimos pero carentes de credibilidad.

El artículo concluye con un deseo que es casi una súplica: que surja un líder demócrata y patriota capaz de sacar a España del trance, como de Gaulle en Francia o Churchill en el Reino Unido. "Todos necesitamos, a veces, un milagro."

La lectura del artículo deja al lector suspendido en un silencio incómodo. Burniol no escribe para agradar, sino para advertir. Y su advertencia resuena con fuerza cuando se observa la avalancha de inmigrantes que ha desbordado Ceuta, una ciudad pequeña enfrentada a un desafío monumental, mientras el gobierno responde con torpeza y lentitud.

España parece caminar hacia un punto de ruptura. Y textos como este, incómodos pero necesarios, ayudan a entender por qué.

Invito al lector a leer el artículo íntegro de Juan José López Burniol. No es un texto más: es un espejo que obliga a mirar sin evasiones.


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