El Gobierno cubano redirige a trabajadores 'interruptos' a la agricultura, la basura y los servicios sociales. Diario de Cuba.
El Gobierno cubano redirige a trabajadores 'interruptos' a la agricultura, la basura y los servicios sociales
Diario de Cuba
19 de marzo de 2026
Diario de Cuba
19 de marzo de 2026

Trabajadores cubanos (Granma)
Nuevas medidas buscan evitar la interrupción del empleo, pero evidencia la paralización productiva, la caída de ingresos y el control estatal sobre los trabajadores.
En medio del agravamiento de la crisis energética, el régimen cubano ha colocado la "reubicación laboral" como eje central de su estrategia para evitar un aumento visible del desempleo, en una admisión implícita de la paralización que afecta a amplios sectores de la economía estatal.
Durante una intervención en el programa oficial Mesa Redonda, resumido por el portal oficial Cubadebate, el ministro de Trabajo y Seguridad Social, Jesús Otamendiz Campos, insistió en que la prioridad "no es la interrupción laboral, sino la reubicación", en referencia a los trabajadores que no pueden desempeñar sus funciones habituales debido a los apagones y la falta de insumos.
El planteamiento oficial confirma que numerosas entidades estatales enfrentan dificultades para sostener sus operaciones, obligando a trasladar a empleados hacia otras actividades, muchas de ellas alejadas de su perfil profesional.
Movilización laboral y desprofesionalización
Entre las alternativas planteadas por el Gobierno figuran el traslado de trabajadores hacia la producción de alimentos, servicios comunales como la recogida de basura, atención a personas vulnerables o incluso apoyo al sistema educativo ante el déficit de docentes.
Este esquema apunta a una redistribución forzada de la fuerza laboral que, más que responder a criterios de eficiencia económica, busca mantener a los trabajadores ocupados dentro del aparato estatal.
La medida recuerda prácticas de movilización laboral utilizadas en anteriores crisis, donde el Estado prioriza la "utilidad social" por encima de la especialización o la productividad.
Salarios en riesgo y empobrecimiento progresivo
El propio ministro reconoció que, en caso de interrupción laboral, los trabajadores solo tienen garantizado el 100% de su salario básico durante el primer mes, tras lo cual el ingreso se reduce al 60%.
Aunque presentó este mecanismo como una red de protección, la normativa implica en la práctica una reducción significativa de ingresos que ya son insuficientes en un contexto de inflación y escasez, lo que agrava la ya deteriorada capacidad adquisitiva de la población.
La insistencia oficial en evitar la interrupción sugiere que esta situación no es excepcional, sino una posibilidad creciente en el actual escenario económico.
Empresas sin recursos y simulación de empleo
Las autoridades trasladaron a las empresas estatales la responsabilidad de evitar la interrupción laboral, obligándolas a gestionar alternativas de empleo para sus trabajadores.
Sin embargo, en un contexto de escasez generalizada de recursos, esta exigencia apunta a la generación de ocupaciones de baja productividad o directamente improductivas.
El énfasis en reubicar antes que interrumpir parece estar más orientada a contener el impacto social y político de una posible ola de desempleo.
Más control institucional sobre la fuerza laboral
El esquema anunciado refuerza el papel de las direcciones municipales de Trabajo y de los mecanismos de inspección estatal, encargados de supervisar la aplicación de estas medidas y articular la redistribución de trabajadores.
Este entramado incrementa el control administrativo sobre el empleo en un momento de alta tensión social, donde la estabilidad laboral se convierte en un factor clave para evitar mayores niveles de descontento.





















