Imprimir
Comentar el artículo

Infancia en Cuba: más fondos internacionales, más señales de colapso interno. UNICEF aprueba un nuevo programa mientras crecen la pobreza, la violencia y la represión contra menores. Por Ángeles Rosas. Diario de Cuba.

Infancia en Cuba: más fondos internacionales, más señales de colapso interno
Por Ángeles Rosas
Diario de Cuba
27 de marzo de 2026

Un niño con uniforme escolar en La Habana. Diario de Cuba

UNICEF aprueba un nuevo programa mientras crecen la pobreza, la violencia y la represión contra menores.

"Mi hija lleva semanas sin tener clases normales. Un día suspenden porque no hay corriente, otro porque no hay transporte, y cuando finalmente abren la escuela, faltan profesores".

El testimonio de Raquel, recogido en La Habana por DIARIO DE CUBA, describe una cotidianidad que contrasta con los objetivos del nuevo Programa de País 2026–2030 aprobado por UNICEF para Cuba: reforzar la protección de la infancia en un entorno que el propio organismo reconoce como "complejo".

Con un presupuesto estimado de 14,5 millones de dólares —un 34% más que el ciclo anterior—, el programa busca fortalecer servicios sociales y atender a niños en situación de vulnerabilidad. Sin embargo, su alcance real es limitado teniendo en cuenta la acumulación de indicadores y casos recientes que apuntan a un deterioro estructural de las condiciones de vida de la infancia en la Isla.

Un diagnóstico que admite la crisis

El propio documento reconoce tensiones económicas, impactos del cambio climático y transformaciones sociales profundas. Entre los datos oficiales, UNICEF cita que alrededor de 1,2 millones de niños están expuestos cada año en Cuba a eventos climáticos severos, persisten problemas de acceso a agua segura y se identifican situaciones de violencia en entornos familiares y comunitarios.

Durante décadas, el régimen presentó a Cuba como una excepción regional en materia de protección infantil. Sin embargo, los datos más recientes contradicen ese relato. Según UNICEF, al menos el 9% de los niños cubanos sufre pobreza alimentaria grave, mientras un 33% vive en pobreza alimentaria moderada. Estimaciones académicas sitúan la pobreza alimentaria infantil total en torno al 42%, por encima de la media regional.

El deterioro ya tiene consecuencias extremas: las muertes asociadas a la desnutrición aumentaron un 74% entre 2022 y 2023, según cifras oficiales, en un contexto donde incluso alimentos básicos como la leche dependen crecientemente de envíos o ayudas externos.

Educación en crisis: apagones, falta de maestros y colapso logístico

La educación, uno de los pilares históricos del discurso oficial, atraviesa una crisis profunda. "Los niños pasan más tiempo en la casa que en la escuela", dice Raquel, la madre habanera. "A veces mandan tareas por WhatsApp, pero ni siquiera siempre hay electricidad o conexión", lamenta.

Desde el inicio del curso 2025–2026 se han suspendido clases en varias provincias por los apagones, las universidades han pasado a modalidades semipresenciales por escasez de combustible y la falta de profesores es estructural en todo el país.

"Mi sobrino tuvo tres profesores en un mismo curso", relata Cecilia. "Al final unificaron grupos porque no había docentes", añade.

La emigración y el abandono de la profesión por bajos salarios han dejado sin cobertura completa a muchos centros.

Violencia, abandono y muerte: los casos que rompen el relato estatal

La violencia contra la infancia en Cuba aparece como un problema mucho más extendido de lo que durante años se reconoció oficialmente. Según los datos citados por UNICEF, el 41,6% de los niños y niñas de entre uno y 14 años ha sido expuesto a agresiones físicas o psicológicas, con una incidencia ligeramente mayor de la violencia física (33,1%) frente a la psicológica (29,1%). A esto se suma un contexto de hogares frágiles, donde el 45,7% de los menores vive con un solo progenitor, lo que incrementa la vulnerabilidad por negligencia, abandono o prácticas de crianza inadecuadas.

Aunque la aceptación del castigo físico entre cuidadores es baja (3,4%), los casos de abuso sexual, violencia feminicida contra adolescentes y situaciones de maltrato grave muestran un sistema de protección que aún no logra prevenir ni responder de forma eficaz.

En La Habana, el asesinato con "violencia extrema" de la niña de siete años Gabriela Herrera Rodríguez encendió las alarmas. El crimen se suma al feminicidio de la adolescente de 14 años Katherine Cruz Aguilera en Las Tunas, presuntamente a manos de su expadrastro.

Organizaciones independientes han advertido que "la pederastia, el abuso sexual infantil y la violencia feminicida no han sido abordados ni prevenidos adecuadamente".

Hasta marzo de 2026, se han registrado al menos 11 feminicidios en el país, además de intentos y casos en investigación, en un contexto donde la violencia de género sigue sin respuesta institucional efectiva.

En Camagüey, otro caso revelador: un bebé de diez meses, identificado como Kosún González Pedroso, fue ingresado con desnutrición severa, retraso en el desarrollo y signos de maltrato tras una situación de abandono.

Aunque la prensa oficial presentó el caso como un "éxito" de intervención estatal, especialistas advierten que evidencia un sistema reactivo, incapaz de prevenir.

Represión y menores: el caso de Jonathan Muir

La vulnerabilidad infantil en Cuba no se limita al ámbito social. También alcanza el terreno político.

El adolescente de 16 años Jonathan Muir Burgos permanece encarcelado tras participar en una protesta en Morón. Organizaciones independientes denuncian que su detención viola convenciones internacionales de protección infantil.

"Es un vulgar secuestro. Jonathan es un rehén", afirmó el activista Mario Félix Lleonart en declaraciones a DIARIO DE CUBA.

El menor, con antecedentes médicos graves, permanece bajo custodia, sin garantías adecuadas de atención sanitaria, mientras su familia enfrenta hostigamiento.

El caso ilustra un patrón más amplio: la criminalización de la protesta alcanza también a menores en un contexto de creciente malestar social.

Un sistema bajo tensión

El programa de UNICEF representa un reconocimiento implícito de los desafíos que enfrenta Cuba. Sin embargo, sus límites son evidentes.

La situación de la infancia no responde únicamente a carencias puntuales de servicios, sino a factores estructurales: colapso económico, deterioro de servicios básicos, crisis institucional y restricciones políticas.

A ello se suma la falta de transparencia: no existen datos públicos completos sobre violencia infantil, desnutrición o seguimiento de casos.

Incluso reformas legales recientes, como el Código de las Familias o el Código de la Niñez, muestran un impacto limitado en la práctica.

Entre la cooperación y la realidad

El aumento del financiamiento internacional no logra ocultar una tendencia más profunda: la infancia cubana se encuentra cada vez más expuesta a pobreza, violencia y desprotección.

Mientras organismos internacionales diseñan programas y el Gobierno insiste en su narrativa de protección social, los testimonios y los casos concretos apuntan en otra dirección.

En la Cuba actual, los niños no solo enfrentan carencias materiales. También cargan con las consecuencias de un sistema que, cada vez con mayor dificultad, logra sostener el relato que durante décadas lo legitimó.


Others News