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Los apagones desencadenan crisis de salud mental en Cuba, revela un estudio. Por Annarella Grimal. Diario de Cuba.

Los apagones desencadenan crisis de salud mental en Cuba, revela un estudio
Por Annarella Grimal
Diario de Cuba
24 de mayo de 2026

Dentro de la muestra, el 55,4% cayó en el rango 'extremadamente severo' de depresión y más de dos tercios registraron ansiedad y estrés en niveles críticos.

Un estudio a cuatro manos entre especialistas de Cuba y Estados Unidos documentó uno de los retratos más severos sobre deterioro psicológico registrados recientemente en la Isla: los apagones prolongados han empujado la salud mental de la población a niveles extremos de ansiedad, depresión y estrés.

La investigación, titulada "Impotentes y bajo presión: vulnerabilidades en salud mental en el contexto de apagones prolongados en Cuba", fue liderada por el psicólogo Yunier Broche-Pérez, de Prisma Behavioral Center en Florida, junto a Zoylen Fernández-Fleites, del Departamento de Psicología de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas. El estudio acaba de ser publicado en la revista científica Social Science & Medicine y constituye, según los autores, el primer análisis sistemático sobre cómo el colapso energético cubano está afectando clínicamente a la población.

Los resultados son extraordinarios, incluso comparados con los estándares internacionales de crisis humanitaria. Ninguno de los participantes fue clasificado dentro de los parámetros normales de salud mental. Más de la mitad (55,4%) presentó niveles “extremadamente graves” de depresión; dos tercios (66%) mostraron ansiedad severa y el 65,8% presentaron estrés extremo.

Pero el hallazgo más contundente del estudio no radica únicamente en las cifras. Los investigadores concluyeron que el daño psicológico no depende solo de cuántas horas dura un apagón, sino también del colapso funcional que provoca en la vida cotidiana. La imposibilidad de cocinar, dormir, trabajar, estudiar o conservar alimentos emerge como un predictor mucho más fuerte de deterioro emocional que la duración técnica de los cortes eléctricos.

En otras palabras: la crisis eléctrica dejó de ser un problema de infraestructura. Se convirtió en un mecanismo permanente de erosión de la estabilidad emocional de la población.

Lo que dicen los expertos

Los resultados sorprendieron incluso a los revisores internacionales de la publicación. Durante el proceso de evaluación científica, sostuvieron que "no es posible que una población tenga niveles tan altos de ansiedad, estrés y depresión", relató Broche-Pérez en LinkedIn.

Para el psicólogo, el estudio constituye "una fotografía de la Cuba de hoy", una realidad que también atraviesa a sus seres queridos. "En ese país está mi familia", escribió.

El estudio surge en medio de una creciente preocupación pública por el impacto psicológico de los apagones en Cuba. Tras el apagón nacional de septiembre de 2025 —el quinto en menos de un año— expertos consultados por EFE alertaron sobre un aumento sostenido de ansiedad, estrés, depresión y agotamiento emocional asociado a la crisis eléctrica y económica.

Psicólogos y sociólogos describieron entonces un clima de incertidumbre permanente marcado por cortes de electricidad de hasta 20 horas diarias en algunas regiones, dificultades para conservar alimentos o medicamentos, y una sensación creciente de abandono y desesperanza.

La recolección de datos para este estudio se realizó específicamente entre julio y noviembre de 2025, aunque la investigación enmarca los resultados en la crisis energética de 2024 y 2025, cuando amplias regiones de Cuba ya enfrentaban apagones de más de 36 horas consecutivas, según documenta la muestra, y el sistema eléctrico mostraba signos evidentes de colapso estructural. Para entonces, los cortes habían dejado de ser interrupciones programadas para convertirse en fallos sistémicos capaces de paralizar ciudades enteras y alterar funciones básicas de la vida cotidiana.

Aunque la investigación no analiza sanciones ni política exterior, el periodo estudiado desmonta la narrativa oficial —replicada con frecuencia por parte de la prensa internacional— que presenta las restricciones impuestas por la Administración Trump al suministro de combustible como el origen de la crisis energética cubana. Las medidas más agresivas de Washington comenzaron entre enero y mayo de 2026, mientras que el estudio documenta que el deterioro eléctrico y sus efectos psicológicos masivos ya estaban plenamente consolidados antes de ese endurecimiento.

Los hallazgos

La investigación describe una sociedad atrapada en un estado de "alta demanda y bajo control", donde la necesidad constante de reorganizar la vida alrededor de un sistema eléctrico impredecible termina generando irritabilidad, agotamiento e indefensión aprendida. Casi el 79% de los participantes reportó altos niveles de irritabilidad.

Las consecuencias atraviesan todos los ámbitos de la vida social. El deterioro del sistema eléctrico afecta hospitales, cirugías, unidades de cuidados intensivos y servicios pediátricos. También compromete el acceso al agua potable, interrumpe la actividad escolar y destruye alimentos en un país marcado por la escasez. Más del 77% de los encuestados reportó dificultades graves para cocinar o conservar la comida; el 76% afirmó sufrir problemas severos de sueño debido al calor y a la falta de ventilación.

Los autores interpretan estos resultados a la luz de la Teoría de la Conservación de Recursos: cuando una población pierde repetidamente recursos esenciales —electricidad, descanso, alimentación, estabilidad—, termina por agotar su capacidad psicológica de adaptación. El resultado no es estrés temporal, sino desgaste emocional crónico.

La metodología del estudio fue un reto en sí misma, y se realizó de manera remota a través de Google Forms durante breves periodos de conectividad. A pesar de los cortes de internet, 415 adultos de diversas provincias lograron completar el cuestionario, a menudo aprovechando momentos fugaces de electricidad para cargar sus dispositivos.

El reclutamiento se realizó en espacios digitales clave como los grupos de Facebook y WhatsApp conocidos como "Revolico", dedicados al intercambio de bienes esenciales. También se incluyeron grupos de temática migratoria y redes universitarias para garantizar una muestra heterogénea de la sociedad civil bajo presión.

Un hallazgo particular del reporte es que los adultos jóvenes presentan niveles más altos de estrés y depresión que los mayores. Los autores sugieren que esto se debe a que la población joven enfrenta mayores presiones académicas y laborales que se ven truncadas por la inestabilidad energética.

Partiendo de que la estabilidad energética es un derecho humano que sostiene la vida, los autores advierten que, de no abordarse la crisis, las secuelas psicológicas en la población podrían tener implicaciones críticas a largo plazo.

El estudio concluye que el impacto de los apagones es tan profundo que ya constituye una emergencia de salud pública. La falta de luz no es solo un fallo técnico, sino que se convierte en un factor que afecta sistemáticamente la estructura emocional de toda una nación: "afecta el sueño, la alimentación, el trabajo, el estudio, la comunicación y el cuidado de niños, adultos mayores y personas vulnerables", dijo el psicólogo.

Para el experto, investigar en este contexto es también "dejar constancia" de una realidad en la que la oscuridad técnica se ha convertido en una sombra permanente sobre la salud emocional de un pueblo, porque "afecta también la sensación básica de control sobre la propia vida. Y cuando esa pérdida de control se vuelve cotidiana, el cuerpo y la mente empiezan a pagar el precio".

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