LA UTILIDAD DE UNA UTOPÍA MÁS ALLÁ DE SIMPLES PASOS EN EL HORIZONTE. Por Dr. Alberto Roteta Dorado.
LA UTILIDAD DE UNA UTOPÍA MÁS ALLÁ DE SIMPLES PASOS EN EL HORIZONTE
Por el Doctor Alberto Roteta Dorado
28 de julio de 2026

Miguel Díaz Canel, presidente de Cuba, decidió retomar la absurda idea de un cineasta progresista sobre la inutilidad de las utopías para parecer un intelectual ilustrado.
Santa Cruz de Tenerife. El término utopía se ha puesto de moda en estos días. Se debe a uno de los disparates que con frecuencia dicen los presidentes de izquierda de algunas naciones hispanoamericanas. En este caso el protagonismo corresponde, no a la mexicana Claudia Sheinbaum Pardo, figura que nos tiene acostumbrados con sus desatinados comentarios sobre leyes físicas, hipérboles o su versión obsesionada del asunto de las culturas indigenistas. Esta vez le ha correspondido al presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel, cual discípulo directo, si de tonterías se trata, de Nicolás Maduro, actualmente en prisión.
En una entrevista quiso parecer intelectual y culto. Para esto acudió a una idea del escritor marxista Eduardo Galeano en la que se hace referencia a la utopía. La frase textualmente que asume Galeano, aunque en realidad no es suya, sino del cineasta argentino Fernando Birri, es: "Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos, y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. ¿Para qué sirve la utopía? Sirve para esto: para caminar". En otras palabras: no sirve para nada.
Considero que se trata de un error garrafal desde el punto de vista filosófico, algo que no es originado, aunque sí compartido, por Díaz Canel, sino por el cineasta argentino creador de la frase en cuestión, quien tal vez supo de cine y de progresismos "latinoamericanos", pero no de filosofía. Lo expresado, a modo de resumen, acerca de que la utopía solo sirve para caminar constituye una burla a una concepción filosófica que se remonta a los lejanos tiempos de Platón, el místico filósofo griego que describió una república ideal con normas, leyes, relaciones y disposiciones, independientemente que el creador de las Teoría de las Ideas no usa el término en sí, algo que no es necesario para excluirlo de su aporte a la formulación del concepto de lo utópico.
Platón, el místico filósofo griego describió una república ideal con normas, leyes, relaciones y disposiciones, aunque no utilizó el término utopía.
Lo que propone Platón en su obra La República es algo irrealizable, inalcanzable, excepto a nivel ideal, como modelo arquetípico para el funcionamiento adecuado de una república. De ahí la idea de lo utópico. En su trascendental obra La República se propuso definir la justicia y el sentido de lo justo, lo que demuestra el valor de una utopía cuando no se ve fríamente y bajo los sesgos y errores conceptuales de los materialistas. Para Platón la justicia consiste en que cada cual se dedique a su trabajo. En su gobierno ideal la definición de justicia presupone la idea de un Estado organizado con arreglo a las concepciones tradicionales, o un Estado que persiga, como el suyo, un ideal ético, algo de lo que carecen los Estados y Gobiernos que pretenden sobrevivir bajo la perspectiva de las doctrinas socialistas.
No es hasta el siglo XVI que el término utopía aparece en la escena filosófica y política. Esto se debe a la invención del filósofo, teólogo y político inglés Thomas Moro, quien acuñó el término para describir una sociedad ideal y, por lo tanto, inexistente, o sea, sin lugar. En griego οὐ, significa no y τόπος significa lugar, lo que no significa que las utopías solo sirvan para caminar, como proponen los escritores e intelectuales dogmáticos, carentes de la posibilidad de ver con ojos de más luz hacia la infinitud de los misterios de los mundos ideales. Moro designó así a la isla y a la comunidad idealizada que la habita, cuya organización política, económica y cultural contrasta con la sociedad inglesa de la época. Esto, sin duda, constituye una forma de criticar los errores de las sociedades y Estados en el contexto donde se desarrolló la vida del gran pensador inglés.
Thomas Moro acuñó el término utopía, en el siglo XVI, para describir una sociedad ideal y, por lo tanto, inexistente, o sea, sin lugar.
Pero sería demasiado pedirle a un cineasta "progresista" que estuvo muy vinculado al llamado Cine Latinoamericano, a un escritor marxista como Galeano, y mucho menos a un presidente bananero, que reflexionen sobre ciertos temas abstractos de naturaleza filosófica. Para ellos solo tiene valor los postulados que teóricamente formulara Marx, aun siendo desconocedores de la esencia del pensamiento del hombre del mundo del trabajo, a pesar de que jamás trabajó.
Los que sí sabemos de estos asuntos tenemos muy bien definido el tratamiento que los marxistas han dado a los socialistas utópicos posteriores a Thomas Moro, entre los que sobresalen Robert Owen en Gran Bretaña, Henri de Saint-Simon, Charles Fourier y Étienne Cabet en Francia, uno de ellos citado por nuestro José Martí en el siglo XIX al explicar lo que consideró tipos de socialismo – no se trata de su famoso escrito sobre el socialismo como la futura esclavitud de la humanidad, sino de un comentario de sus Cuadernos de Apuntes–.
"Socialismo.– Lo primero que hay que saber es de qué clase de socialismo se trata, si de la Icaria cristiana de Cabet, o las visiones socráticas de Alcott, o el mutualismo de Prudhomme, o el familisterio de Guisa, o el Colinsismo de Bélgica, o el de los jóvenes Hegelianos de Alemania: aunque bien puede verse ahondando un poco, que todos ellos convienen en una base general, el programa de nacionalizar la tierra y los elementos de producción; y como prerrequisito indispensable de toda su organización "the land of the country and all other instruments of production shall be made the joint property of the community, and the conduct of all industrial operations be placed under the direct administration of the State".
Cuando Martí menciona a la Icaria cristiana de Cabet, se refiere al escritor y reformador social de origen francés Étienne Cabet (1788-1856), cuya filosofía atrajo a muchos seguidores, los que llegaron a ser conocidos como icarianos, por el nombre del país ideal por el descrito, lo que recuerda, sin duda, a la Utopía de Moro y al Estado Ideal concebido por Platón siglos antes. En 1834 tuvo que exiliarse por sus críticas al gobierno francés y se dirigió a Londres, donde abrazó el pensamiento comunista que empezaba a florecer por entonces. Influenciado por las obras de Thomas Moro y por el movimiento de reforma social encabezado por el socialista británico Robert Owen, consolidó sus ideas.
Es importante que estos señores que se citan unos a otros – Díaz Canel citó a Galeano que al propio tiempo asumió la idea de Birri– sepan que las utopías, al menos cuando se sabe con conocimiento de causa, como Platón (La República), San Agustín (La ciudad de Dios), Sir Thomas Moro (Utopía), así como Cabet y Fourier con sus pretensiones ideales de mejorar las sociedades donde les tocó vivir, no sirven para caminar dando pasos inalcanzables en el horizonte, sino que resultan útiles para profundizar en las imperfecciones de las sociedades, así como ahondar en las posibles causas y soluciones de dichas imperfecciones mediante un paralelo entre las sociedades ideales –οὐ-τόπος, inexistentes en el orden práctico, pero realidades en el nivel de la ideación arquetípica– y las aparentemente reales o existentes llenas de imperfecciones.
Pero insisto, sería pedir demasiado a estos materialistas, marxistas recalcitrantes y críticos empedernidos de los pensadores idealistas y utópicos que solo pueden ver en una utopía "pasos en el horizonte".





















