Padre Alberto Reyes: "Ya es suficiente, el sistema comunista tiene que terminar". Entrevista por Camila Acosta. Cubanet.+ Video.
Padre Alberto Reyes: «Ya es suficiente, el sistema comunista tiene que terminar»
Por Camila Acosta
Cubanet
2 de marzo de 2026
Por Camila Acosta
Cubanet
2 de marzo de 2026
LA HABANA, Cuba. – El padre Alberto Reyes se ha convertido en un referente espiritual y social para los cubanos, tanto por sus consejos como por sus reflexiones. Cada semana, desde su perfil de Facebook, publica la columna “He estado pensando”, en la que denuncia la represión de las libertades fundamentales en la Isla y cuestiona un sistema que ha sometido a la población a la miseria.
En un país en el que decir lo que se piensa y cuestionar cuesta la cárcel, el párroco ha ido más lejos para apoyar a su congregación: en mayo de 2024 anunció que cada noche que las autoridades interrumpieran el servicio eléctrico en la localidad de Esmeralda, provincia de Camagüey ―donde reside―, haría sonar 30 veces las campanas de su iglesia como forma de protesta.
Acciones como esa lo han puesto en la mira de la Seguridad del Estado. A finales de enero de este año, junto al padre Castor Álvarez, fue citado por la Policía política a interrogatorio. El objetivo, según narró a CubaNet, fue “advertirles” a ambos que podrían ser procesados por “incitar” a las personas a manifestarse públicamente, reclamar sus derechos o expresarse libremente.
Durante una breve estancia en La Habana ―a medianoche, para evitar que la Seguridad del Estado impidiera este encuentro― conversó en exclusiva con CubaNet sobre cómo su compromiso con el pueblo lo ha llevado a desafiar al régimen.
―¿Cómo fue el interrogatorio con la Seguridad del Estado?
―Yo les planteaba [a los agentes de la Seguridad del Estado], por ejemplo, por qué a este pueblo no se le reconoce el derecho a expresarse libre y pacíficamente, es decir, por qué ese miedo, esa actitud de bloquear toda expresión popular de descontento. También expresé mi preocupación por un país donde la vida se hace cada vez más difícil, donde la comida y el transporte son un problema, donde las medicinas muchas veces no existen, donde la educación está decayendo…
Ellos insisten en que la culpa de todo es del “bloqueo”. Entonces, llega un momento en el que no es posible un diálogo, porque no es posible una reflexión conjunta.
―¿Es la primera vez que lo citan, que tiene un interrogatorio con la Seguridad del Estado?
―No, es la segunda vez, o sea, la segunda advertencia que me hacen. Y ellos dejaron muy claro que no habría una tercera.
―¿Tiene respaldo de sus superiores, de la Iglesia Católica?
―Sí. Mi obispo se ha comportado como un padre. Nos acompañó, nos esperó, y estuvo preocupado todo el tiempo.
―Cada vez son más frecuentes actitudes como la suya. Está el propio padre Castor, que salió el 11 de julio de 2021 a manifestarse. En el caso suyo, ¿cómo se volvió crítico del régimen? ¿Por qué lo hizo?
―Yo siempre fui de decir lo que sentía, lo que pensaba. En ese sentido hay una línea de conducta. Pero, durante muchos años, me mantuve en bajo perfil porque no sentía que era mi momento de tener una actitud más pública. También porque durante mucho tiempo estuve implicado en otros tipos de proyectos, por ejemplo, estuve en Maisí (Guantánamo), cuando pasó el huracán Matthew, en un proyecto para construir viviendas de concreto. Después estuve de formador en el Seminario y, luego, me mandaron a Esmeralda como párroco.
En realidad, hay un hecho que desencadena todo, un hecho muy fortuito, muy providencial, si se quiere: yo regresaba en una motorina [moto eléctrica] de uno de los pueblos [de la parroquia] porque el carro se había roto y me agarró un aguacero torrencial. No se veía nada, la carretera estaba inundada y, de momento, vi una guagua que venía a toda velocidad por la otra senda. Lo que me vino a la cabeza fue la posibilidad de morir en un accidente. Y fue el momento en el que dije: “Si muero ahora, voy a morir sin haber dicho cosas que tengo entre pecho y espalda”. Es cuando asumí que era el momento de hablar, de expresar todo lo que pensaba y de hacerlo también en nombre de este pueblo.
Yo nací y crecí en la Iglesia, recibí una formación laica dentro de la Iglesia, y una de las cosas que siempre escuché fue que la Iglesia es la voz de los que no tienen voz. También oía a los sacerdotes decir que “el cura tiene que predicar con la Biblia en una mano y el periódico en la otra”.
―¿Cree usted que la Iglesia Católica, como institución, está haciendo lo suficiente? ¿Está asumiendo los retos actuales o cree usted que debería hacer más?
―La Iglesia somos todos y eso no lo podemos olvidar. Y, como Iglesia, nos toca acompañar cada momento de nuestro pueblo. A partir de ahí, cada uno es un mundo. Creo que no podemos pedir respuestas uniformes para todos los miembros o todos los estratos de la Iglesia. Creo que esto tenemos que verlo en conjunto.
Sí me parece importante que, como Iglesia, sepamos acompañar este momento. Para mí, acompañar este momento tiene muchos aspectos, y está, por supuesto, el de evangelizar: me preocupa mucho una Cuba nueva sin Dios porque esto nos puede llevar a otro tipo de dictadura. Ya como pueblo le dimos la espalda a Dios y no nos ha ido bien. Siempre digo que nuestra primera necesidad es volver a Dios, también porque desde Dios podemos enfrentar todo y tratarnos como hermanos.
Por ejemplo, una cosa que los que nos dirigen e incluso los que nos atacan políticamente saben es que, si en este país pasara algo y ellos fueran agredidos, la Iglesia los va a acoger y cuidar, y va a decir “no” a la violencia. Esto me enorgullece de mi Iglesia. Nos podrán acosar, reprimir, bloquear de muchas cosas porque tienen el poder, pero si un día no tuvieran el poder y el pueblo quisiera ajustar cuentas con ellos, la Iglesia va a estar abierta para mediar, para moderar y para protegerlos también. Ya este sistema empezó con violencia, y no quisiera que una Cuba nueva empezara con violencia.
La Iglesia también tiene que escuchar, que recoger lágrimas, que aconsejar, que ayudar en todo lo posible, y también alzar la voz a favor de lo que es verdad, de lo que es justo, de lo que está bien. También es cierto que, cuando la Iglesia alza la voz, se puede interpretar como una cuestión política, pero aquí hay una cuestión muy básica que es lo que está bien y lo que está mal. Y está mal que una persona, por ejemplo, por expresar su opinión sea reprimida, sea encarcelada; incluso si esa persona no lo ha hecho del mejor modo posible.
Por ejemplo, muchos de los que salieron el 11 de julio de 2021 en tono pacífico están presos. Pero vamos a suponer que alguno de ellos rompió una vidriera. Eso es un acto violento. ¿Esa violencia cuesta 15 años de su vida? Entonces, hay cosas que, evidentemente, están mal. Y a la Iglesia le toca decir que está mal, porque una de sus funciones es el profetismo (voz de Dios). Y la voz de Dios es para anunciar el Evangelio, para anunciar la buena nueva, el reino de Dios, y para denunciar lo que está mal. Por tanto, cuando la Iglesia alza la voz y denuncia lo que está mal no es una intromisión en política, es una función inherente a su identidad.
―Tras las amenazas que le hicieron los agentes de la Seguridad del Estado, ¿teme por su seguridad?
―No es una cosa que me planteo. Para mí, es muy importante ser fiel a mi conciencia. Y una de las cosas en las que creo, profundamente, es que todo tiene un precio en esta vida: hablar, manifestarse y hasta callarse tienen un precio. Cuando uno se calla, cuando no se implica, cuando se cuida “para no tener problemas”, eso tiene un precio, eso te pasa factura. Entonces, mi planteamiento es “tengo una sola vida, y quiero sentirme orgulloso de cómo estoy viviendo esa única vida”.
Yo quisiera que, el día que me vaya a morir, poder hacerlo con la satisfacción de que fui fiel a mi conciencia y de que hice lo que yo en Dios veía que tenía que hacer. Eso es lo que miro, lo que en mi conciencia siento que Dios me está pidiendo.
No me planteo las consecuencias. Vivo el presente y hago lo que entiendo que tengo que hacer. En el futuro, ya veremos. Cuando lleguen las cosas, las asumiré. Confío plenamente en que mi Dios me dará la fuerza para enfrentar cualquier cosa que pueda venir.
―En Cuba estamos viviendo momentos tensos, sobre todo tras la captura de Nicolás Maduro y el aumento de las tensiones con Estados Unidos. ¿Qué desafíos se presentan en los próximos meses? ¿Vislumbra una esperanza para la Isla en medio de esta situación? ¿Qué ha estado pensando?
―Lo primero es que yo creo que ya es suficiente. Creo que este sistema tiene que terminar, ya es hora de que el comunismo deje de tener la hegemonía en este país; ya es hora de abrirnos a una democracia, a una pluralidad, a que este pueblo tenga opciones.
Además, creo que necesitamos con urgencia salir de la miseria, de la precariedad, de la necesidad en que vive este pueblo. Esto tiene que terminar ya. Ya es momento de una transición y de un cambio.
¿Qué va a pasar? No lo sé, soy mal predictor. Esperanzas sí tengo, tengo la esperanza de que las circunstancias, que han cambiado, vayan favoreciendo ese cambio y esa transición. ¿Cómo va a ser? No lo sé. ¿Cuándo va a ser? No lo sé. Pero sí tengo la esperanza de que este cambio, por demás muy necesario para este pueblo, termine de llegar.





















