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'Sin libertad económica no hay innovación': los retos del diseño industrial en Cuba. Por Alberto Martínez. Diario de Cuba.

'Sin libertad económica no hay innovación': los retos del diseño industrial en Cuba
Por Alberto Martínez
Diario de Cuba
8 de mayo de 2026

Un hombre camina entre las ruinas de lo que fue el Instituto Superior de Diseño (ISDi), en La Habana. Diario de Cuba

Una diseñadora industrial con más de 30 años de experiencia analiza los principales obstáculos del sector en Cuba, desde la falta de infraestructura hasta las limitaciones legales y económicas.

La "escasa industrialización y la debilidad del tejido productivo" están entre los mayores obstáculos que enfrenta el sector del diseño en Cuba, considera una diseñadora industrial con más de 30 años de trayectoria profesional.

Graduada en 1995 del Instituto Superior de Diseño (ISDi), inició su carrera en el Ministerio de Turismo. Más tarde se desempeñó como diseñadora independiente, integrando equipos multidisciplinarios, y participó en proyectos de interiores para empresas como Cubanacán y la Inmobiliaria ALMEST.

En la actualidad trabaja de manera autónoma para la cadena hotelera Iberostar y para la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana. Pide mantenerse en el anonimato por temor a afectaciones en su trabajo.

Su mirada combina el conocimiento profundo de las realidades del país con una visión práctica sobre las posibilidades de transformación de su profesión. En esta entrevista, que forma parte de una colaboración entre DIARIO DE CUBA y el proyecto "Cuba: reconstruir y reinventar", del Laboratorio de Ideas Cuba Siglo 21, analiza los retos del diseño industrial en la Isla, y el peso que tiene el modelo económico y político sobre su ejercicio, entre otros temas.

¿Cuáles crees que son los principales desafíos que el país debe afrontar de inmediato en tu ámbito profesional? ¿Qué prioridades deberían atenderse primero?

Uno de los desafíos más apremiantes y estructurales es el desarrollo de la industria del mueble y la madera en Cuba. Durante décadas hemos dependido casi exclusivamente de importaciones para la materia prima, lo que encarece enormemente los proyectos y limita la creatividad y la escala de producción. Necesitamos de forma urgente cadenas locales de suministro que permitan obtener, preelaborar y procesar madera y otros materiales de forma eficiente y sostenible, sin que cada diseño dependa de la disponibilidad errática de divisas o de licencias de importación. Este problema no es solo técnico, está profundamente ligado a la falta de un poder adquisitivo real en la población.

La ausencia de trabajos bien remunerados hace que la demanda interna sea mínima. La gente no puede consumir muebles o productos de diseño de calidad porque sus salarios no alcanzan ni para lo básico. Esto crea un círculo vicioso: sin mercado interno dinámico, la industria del diseño no crece, y sin crecimiento, no se generan empleos mejor pagados.

El sistema de gobierno actual, con su fuerte centralización económica y prioridad al sector estatal, agrava esto. Las empresas estatales concentran la mayor parte de los recursos y las oportunidades, mientras que los diseñadores independientes como yo operamos en un entorno donde el acceso a materiales, financiamiento y clientes grandes depende en gran medida de conexiones institucionales o de contratos con entidades del Estado. Esto limita la autonomía profesional y hace que muchos proyectos se queden en ideas sin poder materializarse a gran escala.

Desde tu experiencia, ¿qué marcos legales o regulatorios que afectan a tu área profesional en Cuba habría que crear, modificar o eliminar?

El marco legal para los trabajadores y empresas independientes es incompleto y genera una enorme inseguridad. No existe un ciclo completo de vida empresarial: puedes crear, pero no cerrar, expandir o transferir legalmente una actividad con claridad. Esto desincentiva la inversión a largo plazo y obliga a muchos diseñadores a operar en una especie de limbo jurídico.

Además, la imposibilidad de comprar y vender divisas de manera legal y transparente complica enormemente la importación de materiales especializados, software actualizado o herramientas de prototipado. En la práctica, esto significa que proyectos de diseño interior para hoteles o restauración patrimonial, como los que he realizado, dependen de la disponibilidad de recursos que controla el Estado, o de socios extranjeros con acceso a canales específicos.

Cuando trabajaba en Cubanacán o ALMEST, los proyectos estaban condicionados por las prioridades y presupuestos estatales; ahora, como independiente, sigo enfrentando barreras. El control centralizado también afecta la creatividad y la innovación. Las decisiones económicas se toman con un alto grado de discrecionalidad, y las reglas pueden cambiar de forma arbitraria. Esto genera incertidumbre constante: un día tienes un contrato con una cadena hotelera y al siguiente las condiciones de pago o importación se modifican.

En un sector como el diseño, donde se necesita estabilidad para invertir en investigación de materiales, desarrollo de prototipos y colaboración con artesanos, esta inestabilidad frena el crecimiento profesional.

Otro aspecto es la priorización del sector estatal sobre el privado. Aunque se ha abierto espacio al trabajo independiente, el grueso de los grandes proyectos (especialmente en turismo) sigue concentrado en entidades estatales o mixtas. Los diseñadores independientes quedamos en una posición secundaria, con menos acceso a financiamiento, capacitaciones o ferias internacionales. Esto ha provocado, además, una emigración significativa de talento calificado, lo que empobrece aún más el capital humano del sector. En resumen, el sistema actual no solo limita los recursos materiales, sino que restringe la libertad económica y profesional necesaria para que el diseño industrial se convierta en un motor real de desarrollo.

Sería prioritario completar y modernizar el marco legal para el sector no estatal. Hoy funcionamos con reglas rudimentarias que no permiten cerrar el ciclo completo de una empresa: constituirla, operarla, expandirla, disolverla o transferirla de forma transparente y segura. Necesitamos urgentemente la posibilidad de comprar y vender divisas legalmente, sin intermediarios ni restricciones discrecionales. Esto facilitaría la importación de materiales de calidad y el acceso a herramientas modernas de diseño. Igualmente, eliminar las barreras que impiden comercializar directamente con grandes plataformas internacionales (Marketplace, proveedores globales) sería clave.

Los intermediarios estatales encarecen y ralentizan todo el proceso. También habría que modificar los reglamentos que regulan las relaciones entre el sector privado y las entidades estatales o mixtas. En mi caso, trabajar para Iberostar o la Oficina del Historiador implica navegar por trámites y autorizaciones que dependen más de voluntades institucionales que de criterios técnicos o económicos claros. Un marco más flexible, predecible y orientado al mérito profesional ayudaría enormemente.

Por último, sería necesario crear mecanismos que protejan la propiedad intelectual de los diseños y faciliten la formación de cooperativas o pequeñas empresas en oficios tradicionales vinculados al mueble y la madera. Sin estos cambios, el sector independiente seguirá siendo un actor marginal, a pesar de su potencial.

¿Qué nuevas tecnologías podrían ayudar a Cuba a saltar etapas y acelerar la recuperación y el desarrollo en tu sector?

El desarrollo de la industria maderera y textil local, siempre bajo criterios estrictos de sostenibilidad ambiental, sería un pilar fundamental. Combinado con la estimulación de pequeñas cooperativas locales privadas enfocadas en oficios tradicionales (carpintería fina, ebanistería, tejidos), podríamos añadir un alto valor a nuestros productos y diversificar la oferta con identidad cubana.

Tecnologías como el diseño asistido por computadora (CAD/CAM), el modelado 3D, la fabricación digital y la impresión 3D permitirían optimizar procesos, reducir desperdicios de materia prima y acelerar la prototipación. Esto es especialmente importante en un contexto donde los recursos son escasos: en lugar de depender de importaciones masivas, podríamos diseñar y probar localmente con mayor rapidez.

Además, herramientas de realidad virtual para presentar proyectos a clientes (esencial en turismo) y software de gestión de cadenas de suministro ayudarían a superar las limitaciones logísticas actuales. Si se combinan con acceso amplio a internet de calidad y formación en estas tecnologías, los diseñadores cubanos podríamos "saltar etapas" y competir con productos de mayor calidad y menor costo.

Sin embargo, ninguna tecnología sola resolverá los problemas si no se acompañan de cambios profundos en el modelo económico que permitan libertad para innovar, invertir y comercializar.


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