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Cuba y el desafío de revertir la deformación ciudadana: "Tardará más que recuperar la economía", asegura Dimas Castellanos. Por Camila Acosta. Cubanet.+ Video.

Cuba y el desafío de revertir la deformación ciudadana: “Tardará más que recuperar la economía”
Por Camila Acosta
Cubanet
8 de mayo de 2026


“El daño en la mente y el espíritu llevará varias generaciones, pues se convirtieron en conductas que devinieron cultura por su larga duración en el tiempo”, asegura Dimas Castellanos.

LA HABANA.- Más allá de los ladrillos y el asfalto, la reconstrucción de Cuba requerirá una resurrección del ciudadano. Revertir el adoctrinamiento y la deformación causados por décadas de tiranía socialista y de un sistema totalitario, será un proceso largo y complejo.

“Tardará más que recuperar la economía”, asegura el intelectual cubano Dimas Castellanos
. “El daño en la mente y el espíritu llevará varias generaciones, pues se convirtieron en conductas que devinieron cultura por su larga duración en el tiempo”, añadió.

Conversar con Dimas Castellanos es una oportunidad única pues constituye uno de los intelectuales cubanos que mejor comprende la intersección entre la historia de las ideas, el marxismo (que conoce desde sus entrañas como profesor) y la necesidad de una reconstrucción ética. Dimas es, además, licenciado en Ciencias Políticas y en Estudios Bíblicos y Teológicos. Su vasta experiencia le ha permitido diagnosticar las heridas que el totalitarismo ha dejado en el alma del cubano y, por tanto, proyectar soluciones.

Su voz es la de un maestro que no solo analiza el pasado, sino que propone una hoja de ruta para que el cubano deje de ser “masa”, un súbdito, y vuelva a ser un ciudadano activo y sujeto de derechos.

Usted ha escrito extensamente sobre la diferencia entre ser “masa” y ser “ciudadano”. ¿En qué momento de la historia se fracturó la ciudadanía en Cuba y cómo define usted el estado actual del individuo frente al Estado?

La masa es un colectivo que renuncian a su autonomía, con consecuencias graves en el ámbito de la cultura y de la política. El proyecto de ingeniería humana de crear el “hombre nuevo” es una de sus manifestaciones, que no es otra cosa que disolver la persona en la masa.

El ciudadano, por el contrario, es un ente de derechos y deberes. Este concepto tiene una dimensión jurídica que une a la persona con una comunidad política: el Estado. Como ciudadano, participa en la toma de decisiones en la vida pública. La revolución francesa de 1789 sustituyó el concepto de súbdito por el de ciudadano. La revolución cubana, al contrario, redujo el ciudadano a súbdito y el término ciudadano lo usa la policía de forma despectiva, por ejemplo, al dirigirse a los cubanos, les dicen “Muéstreme su carné, ciudadano”.

La conversión del ciudadano en masa comenzó con la eliminación de la sociedad civil, la propiedad privada y las libertades ciudadanas. Se acentuó con las “gratuidades” de la enseñanza y la salud; con el lema “dentro de la revolución todo, contra la revolución nada”, y con las consignas “la universidad y la calle son para los revolucionarios”.

El estado actual es un pueblo carente de sindicatos de asociaciones patronales, de asociaciones cívicas independientes, las asociaciones religiosas desposeídas de medios de comunicación y de participación en la enseñanza, sin libertades ni derechos. Frente a un Estado omnipotente y omnipresente con todos los poderes unificados en un Partido-Estado-Gobierno.

Cuba se jacta de su capital humano, pero vemos una fuga masiva de profesionales. ¿Es posible recuperar ese capital en una transición o estamos ante una pérdida generacional irreversible?

La fuga de capital humano es una grave consecuencia del totalitarismo que empobreció a los cubanos.

Jactarse del capital humano es parte de la propaganda oficial. El propio gobierno sufre sus consecuencias porque, por ejemplo, una de las trabas para la inversión extranjera en Cuba es que los inversionistas tienen que traer a los profesionales, incluso hasta la mano de obra. Los profesionales formados en todos los campos, dentro y fuera de Cuba, no pueden tener una vida digna por los salarios que perciben y el deterioro de las infraestructuras del país. Esa pérdida no será total, pero si considerable.

Las primeras generaciones que emigraron echaron raíces en el exterior. Las más recientes están transitando por el mismo proceso. He conversado con muchos profesionales que están fuera y dentro de la Isla y por eso conozco que una parte de las últimas generaciones está dispuesta a regresar, otra ya no. Pero la mayoría de unos y otros están dispuestos a colaborar mediante las remesas para que los familiares dentro participen en la capitalización del país. De todas formas, en dependencia de que las libertades y la economía se restablezcan, dependerá la proporción de los que regresen.

¿Cuáles son los rasgos más peligrosos de la deformación que el sistema totalitario ha impreso en la psiquis del cubano (doble moral, dependencia del Estado, pérdida de la iniciativa)?

La doble moral, la dependencia del Estado y la pérdida de la iniciativa son manifestaciones interrelacionadas resultado de la conversión de los cubanos en súbditos. Revertir esa situación pasa por una reforma profunda, estructural, para eliminar las causas que originaron dichas manifestaciones. Todas se pueden agrupar en el concepto de Daño Antropológico.

¿Cómo revertir eso? ¿Cómo se desmantela un sistema diseñado para el adoctrinamiento sin crear un vacío de valores? ¿Cómo fomentar un pensamiento crítico, la tolerancia, y los valores democráticos?

Será un proceso de transformaciones largo y complejo. Comienza por la recuperación de las libertades que les fueron arrebatadas: derecho a ser propietario, a recibir salarios acordes con el costo de la vida, a participar como sujeto en los destinos de su nación, a salir y entrar a su país libremente.

En fin, depende de la recuperación de los derechos humanos conculcados. No será una tarea tan sencilla como la recuperación económica, que se puede logra en una generación. El daño en la mente y el espíritu llevará varias generaciones, pues se convirtieron en conductas que devinieron cultura por su larga duración en el tiempo.

No se puede desmantelar sin antes delimitar las causas y recuperar lo que le fue arrebatado. De ahí la importancia de la recuperación de la enseñanza, de la memoria histórica y de la formación ciudadana. No por casualidad la enseñanza fue intervenida desde diciembre de 1959 con la Ley de Reforma Integral de la Enseñanza, cuyo propósito fue declarar al Estado como único agente, con lo cual se sentó las bases para, en 1961, promulgar otra ley para la nacionalización de la enseñanza y otra para la eliminación de la autonomía universitaria en 1962.

El primer paso es la democratización de la enseñanza, su desideologización y sobre ella, recuperar la verdadera historia y fomentar una educación cívica para la formación ciudadana.

¿Cómo se incentiva la participación de una ciudadanía que ha sido adoctrinada también en la obediencia y el miedo durante décadas?

Es un trabajo difícil, complejo e ineludible. Lo primero es hacerlo responsable de su individualidad.

¿Cómo se reconstruye la jerarquía de valores en una sociedad donde la supervivencia ha desplazado a la ética?

Con un trabajo complejísimo, que tiene que partir de la comprensión del daño causado y de la necesidad de recuperar la ética. Una labor que comienza por las transformaciones económicas para superar el estado de miseria que convirtió la corrupción político-administrativa en conducta generalizada del pueblo para sobrevivir. Situación en que, a las consignas de “Libertad o Muerte”, “Patria o Muerte” y “Socialismo o Muerte”, el pueblo respondió con la consigna sorda: “Robo o Muerte”, la cual, resultado de la toma de conciencia, está siendo sustituida por el grito: “Patria y Vida”.

La familia cubana ha sido golpeada por la ideologización y la emigración. ¿Qué papel debe jugar la familia en la recuperación de la autonomía social frente al Estado?

Las medidas antes mencionadas tendrán un impacto positivo en la recuperación de la autonomía social, que comienza por la participación efectiva de los padres en la educación de sus hijos, función que se inauguró con los miles de jóvenes movilizados en 1961 para alfabetizar y se complementó con las escuelas en el campo.

¿Qué elementos de la tradición democrática cubana (desde Varela hasta la Constitución del 40) deberían ser la base de una nueva asignatura de formación cívica en la Cuba del futuro?

En ese sentido Cuba tiene una ventaja. Se impone la recuperación de la memoria histórica que el régimen se esforzó en borrar y que, en cierta medida, logró.

La historia divulgada por los medios de comunicación y por la escuela en casi siete décadas se dedicó a exaltar batallas, guerras, intransigencias para ocultar los avances obtenidos por la vía cívica: La Paz del Zanjón, la Enmienda Platt, y la Constituyente de 1940 se ocultaron o manipularon.

Hay que rescatar figuras destacadas en la conformación de nuestra nacionalidad: José Agustín Caballero (1762-1835), quien colocó la piedra fundacional inicial.

El padre Félix Varela (1778-1853) concentró sus esfuerzos en enseñar a pensar, en que –como decía– la persona, libre de condicionamientos, encuentre la verdad que lleva dentro y desde ella, con libertad de espíritu, actúe para promover los cambios sociales; un pensamiento que resumió en cinco palabras “no hay patria sin virtud”, y que en “Tranquilidad de la isla de Cuba”, escribió: “Yo opino que la revolución o, mejor dicho, el cambio político de la isla de Cuba es inevitable. Bajo este supuesto, para sacar todas las ventajas posibles y aminorar los males, debe anticiparse y hacerse por los mismos habitantes”.

José de la Luz y Caballero condensó la elevada misión de la enseñanza en una expresión “Tengamos el magisterio y Cuba será nuestra.”

José Martí expresó: “Educar es depositar en cada hombre el resumen del mundo viviente, hasta el día en que vive: es ponerlo a nivel de su tiempo, para que flote sobre él, y no dejarlo bajo de su tiempo, con lo que no podrá salir a flote; es preparar el hombre para la vida”.

Enrique José Varona en “La decadencia cubana” (1923), planteó que “la República había entrado en crisis, porque gran número de ciudadanos creyeron que podían desentenderse de los asuntos públicos”.

Y Fernando Ortiz en “La crisis política cubana: sus causas y sus remedios”, delimitó, entre otros factores negativos, la falta de preparación histórica del pueblo cubano para el ejercicio de los derechos políticos; una cultura deficiente en las clases directoras; la impulsividad, una debilidad psicológica del carácter cubano que lleva con frecuencia a actuaciones intensas impremeditadas y violentas; y el pesimismo criollo, que hace pensar al pueblo que la lucha contra esos males es estéril.

Esas obras hay que rescatarlas.

Más allá de los ladrillos y el asfalto, ¿cuáles son los cambios de gobernanza más urgentes para que las instituciones vuelvan a servir al ciudadano y no a un Partido?

La gobernanza ha estado ausente en la Cuba posterior a 1959. El gobierno ha controlado de forma absoluta los hilos del poder y, desde ahí, ha trazado objetivos que “baja” para que sean ejecutados por los súbditos, a veces con un simulacro de participación como los actos públicos y la recogida de firmas, sin transparencia ni rendición de cuentas.

La gobernanza implica participación en las decisiones. El Gobierno es parte de la gobernanza, pero también otros actores, como la sociedad civil y el sector privado, mediante los cuales los ciudadanos participan en los destinos de su nación.

No hay que hacer cambios, sino instituir la gobernanza. Será un resultado de la democratización.

¿Qué valores éticos “universales” cree que son el cimiento indispensable para que la Cuba futura no repita los errores de su pasado autoritario?

El principal de los valores éticos es la dignidad de cada ser humano; un valor universal inherente a la persona humana por el simple hecho de existir.

La dignidad es la base de los Derechos Humanos y fundamento de la convivencia y la justicia. No se puede ser digno si estás obligado a hacer lo que te obliga un agente externo. Pedro Luis Ferrer en una de sus canciones en defensa de la dignidad lo sintetizó así: “Que nadie me obligue a ser como no quiero ser”.

Por eso muchos cubanos han muerto y ha huido, para hacer en otros sitios lo que en su país le prohíbe el Gobierno. Es vivir de acuerdo con sus valores y respetar los valores de los demás.

Los demás valores -libertad, justicia, solidaridad, verdad, paz- emanan de la dignidad.

¿Qué tecnología puede necesitar Cuba para agilizar y facilitar ese proceso?

En este sentido Cuba tiene una experiencia con la ocupación norteamericana al finalizar la Guerra de Independencia. En ese período y después, Cuba importo los últimos avances casi inmediatamente de surgir en Estados Unidos: la radio en 1922 casi inmediatamente de inaugurarse en Estados Unidos y la televisión en 1950.

Cuba hoy necesitará las tecnologías más modernas y para eso tiene esa ventaja comparativa: Cuba es vecina de la mayor potencia científica y tecnológica del mundo.

Nota: Esta entrevista se realizó como parte de una colaboración con el proyecto de Cuba Siglo 21 «Cuba:
reconstruir y reinventar».

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