2da. Parte: UCRANIA EN EL CUARTO ANIVERSARIO DEL INICIO DE LA GUERRA. Por el Doctor Alberto Roteta Dorado.


Las negociaciones para llegar a un
acuerdo de paz van de un fracaso a otro. No se trata de una "incapacidad de la comunidad internacional para
detener la guerra" como afirma el Vaticano.
Doctor Alberto Roteta Dorado.- Santa Cruz de Tenerife. España.- Los
múltiples intentos de negociaciones por llegar a un acuerdo de paz han
fracasado. Lo que el presidente estadounidense, Donald Trump, consideró una
tarea fácil, una vez que asumiera su mandato, quedó como una utopía, aún,
cuando se ha mostrado de manera enérgica y perseverante en su papel como
negociador entre ambas naciones involucradas.
Espero que a estas alturas de la
guerra nadie ponga en duda que el único que puede detener la guerra es
Vladimir Putin, algo que, por ahora, no va a ocurrir, y todo parece indicar que
tampoco, a largo plazo, el mandatario ruso pretenda solucionar el grave
conflicto. Recordemos que entre las tantas exigencias que ha presentado en
las sendas rondas de negociaciones ha estado siempre presente la idea de que
Ucrania pierda la totalidad de los territorios dominados por el ejército ruso;
algo a lo que, como es de suponer, Volodimir Zelensky, el mandatario ucraniano,
no ha aceptado, y al parecer, no aceptará. Cuatro duros años de sacrificios
y de resistencia en medio de la más terrible adversidad merecen ser respetados,
como también merece respeto la soberanía e independencia de una nación que
determinó su integración a Europa y aspira formar parte de la OTAN.
La opinión internacional se inclina
a favor de la defensa de Ucrania, defensa que consiste en ganar la contienda. Para
ganar dicha contienda la guerra es necesaria, y el rearme, les guste o no, a
unos y a otros, es imprescindible. De ahí que la más reciente premisa
procedente de lo más alto del Vaticano acerca de dejar de gestionar la guerra y
retomar la construcción de la paz en Ucrania, sea otra utopía política, al
estilo de las 24 horas que necesitaba Trump para poner fin al conflicto.
El Vaticano debe saber que la
comunidad internacional – las principales potencias europeas occidentales y de
manera muy especial los Estados Unidos de América– ha hecho lo cuasi imposible
para solucionar el más grande y grave conflicto bélico del presente. No se
trata de una "incapacidad de la comunidad internacional para detener la
guerra", como se ha afirmado en el más reciente editorial del medio de
comunicación oficial de la Santa Sede; sino de una negativa absoluta por parte
del régimen ruso, quien desencadenó la guerra en el territorio ucraniano bajo el
disfraz inicial de la famosa Operación Militar Espacial.
El editorial citado añade, además,
una fuerte crítica ante la apuesta por el rearme en Europa, algo que, desde el
punto de vista teórico y siguiendo con la línea religiosa de la paz necesaria –
no debe olvidar jamás la Santa Sede que en otros tiempos jugó un papel
determinante en la reconquista de múltiples territorios usurpados por parte de
los musulmanes en sus eternas pretensiones por adueñarse del mundo– pudiera
parecer convincente. No obstante, Europa está bajo una fuerte amenaza
mientras Vladimir Putin se mantenga en el poder y haga prevalecer sus
ambiciones expansionistas.
Hoy se trata de Ucrania, luego
podría ser Letonia, Estonia y Lituania, naciones que se independizaron a partir
de la disolución del comunismo de la era soviética y se integraron a la Unión
Europea (aprobaron su ingreso mediante referéndum en 2003 con amplio respaldo
popular y finalmente se integraron en 2004) y a la OTAN (2004). Luego, pudieran
tener lugar invasiones a otras naciones que no formaron parte de la
desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, como Polonia,
Finlandia y Suecia, entre otras, cuyos espacios aéreos han sido violados
ocasionalmente por parte del gobierno ruso, lo que constituye una prueba de que
el enemigo ruso está dispuesto a acecharles en cualquier momento.
De modo que las palabras
alentadoras del Papa León XIV: "la guerra no se puede ni se debe aceptar:
hay que detenerla, las armas deben callar” ( … ) "la paz no se consigue
con la fuerza: se construye, se protege”, no pasarán de ser justamente esto,
unas palabras alentadoras; pero que, en el orden práctico y en el contexto
amenazador del presente, carecen de sentido común, toda vez que hoy el rearme y
la puesta en marcha de acciones estratégicas coherentes son imprescindibles
para la preservación del continente europeo y el mundo. El rearme no puede
considerarse “un camino muy peligroso” como se expresa en el documento que he
citado antes; sino todo lo contrario. Hoy, más que nunca, el rearme es
necesario si se quiere garantizar la defensa continental ante las garras de la
considerada segunda potencia militar mundial.
Así
las cosas, a largo plazo, como es de suponer, el
conflicto llegará a su fin por agotamiento de unos y de otros en ambas partes,
algo que no tendrá lugar
en los siguientes meses. Los avances de Rusia no son tan
significativos como parecen desde la distancia y el desconocimiento
geopolítico. Ya he afirmado en otros escritos dedicados al análisis de la
situación actual de la guerra Rusia-Ucrania que, a corto plazo no sucederá
nada. Las propuestas en las conversaciones por lograr un alto al fuego con el
consiguiente alcance de la paz seguirán modificándose, cada cual arreglará a su
manera y a su conveniencia lo que considere mejor para sus respectivas
naciones, lo que se hace sin tener en cuenta que un acuerdo presupone siempre
que ambas partes involucradas e interesadas pierdan a cambio de alguna
ganancia, algo que los presidentes de Rusia y Ucrania no están dispuestos a
aceptar.
Se trata de una acción totalmente
expansionista de lo que queda de un imperio que fue lo que fue en el pasado y
que se rearmó a la fuerza a partir del surgimiento y fortalecimiento ulterior
de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, y que hoy se desliza en
los abismos, a pesar de que el presidente ruso se niega a aceptar que su tiempo
imperial pasó. La mayor prueba de lo que afirmo es
el efímero avance logrado en la usurpación de territorios ucranianos y la
pérdida de miles y miles de vidas de un ejército que se ha considerado la
segunda potencia del planeta; pero que, en la actualidad esta condición de
superioridad y de gran potencia resulta cada vez más cuestionado.
Rusia se ha estancado
en una modalidad de guerra de trincheras y de desgaste, amén de las enormes pérdidas comentadas antes, de ahí
que, entre militares expertos en asuntos de estrategias militares ya se comente
acerca de los errores rusos frente a los aciertos ucranianos, algo que Putin debe saber como nadie. Para eso cuenta con una infinidad de asesores, espías y
colaboradores cercanos que, como el propio presidente, se aferran en ganar una
contienda que les ha traído más pérdidas humanas y materiales por las
múltiples infraestructuras dañadas, amén de la desmoralización de un ejército
que, siendo, como aún se dice, el segundo más grande del mundo, se ha detenido
en su avance ante la resistencia de las fuerzas ucranianas.
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