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'Cuba y la noche', el archivo como herramienta de demolición. El Festival de Cine de Miami estrena mundialmente el largometraje de Sergio Fernández Borrás, sobre el origen del estallido social de 2021. Por Dean Luis Reyes. Diario de Cuba.

'Cuba y la noche', el archivo como herramienta de demolición
Por Dean Luis Reyes
Diario de Cuba
30 de marzo de 2026

Poster de "Cuba y la noche". Natalí Cardet Cortesía del director


El Festival de Cine de Miami estrena mundialmente el largometraje de Sergio Fernández Borrás, sobre el origen del estallido social de 2021.

El 43 Festival Internacional de Cine de Miami incluye en su programa de este abril el estreno mundial de Cuba y la noche, de Sergio Fernández Borrás, un largometraje documental que explica el proceso de desobediencia civil que alimentó el estallido nacional que tuvo como cumbre las protestas del 11 y 12 de julio de 2021 en la Isla.

Más que un ejercicio de revisión, la película otorga la palabra al archivo de la sociedad civil independiente, que a través de registros dispersos puso a circular su voz y sus reclamos en las redes sociales. Fueron esos los canales que le permitieron llegar a Cuba y al mundo, y transformarse en el argumento de una sociedad harta de la bota autoritaria.

Cuba y la noche dedica la mayor parte de su metraje al momento fundador que significó el plantón y huelga de hambre de noviembre de 2020 en la sede del Movimiento San Isidro, en la vivienda de Luis Manuel Otero Alcántara, donde el aparato represivo del régimen intentó confinar la protesta de una decena y media de activistas contra la detención violenta del rapero Denis Solís.

Con los videos grabados con sus teléfonos y las directas a través de Facebook, Sergio Fernández recupera la contrahistoria que allí se produjo y las evidencias que dejan desnudo al aparato de dominación del castrismo. Aparte de hilar la trama de los acontecimientos, de darle sentido, la narrativa del filme nos devuelve a través del archivo a un momento que contiene el relato paralelo de la historia oficial sobre la revuelta de los últimos años en Cuba.

Sergio Fernández Borrás, quien reside en España, habló con DIARIO DE CUBA sobre el proceso de creación de la película, que podrá verse en el Silverspot Cinema de Miami el sábado 11 de abril a las 5:45PM.

"Cuba y la noche nace de la propuesta de un amigo, que me habló de construir una película con los materiales de los acuartelados: las imágenes que circulaban en redes sociales y que documentaban la huelga de hambre encabezada por Luis Manuel Otero Alcántara junto a varios miembros del Movimiento San Isidro", refiere.

"En ese momento, la idea parecía bastante simple: trabajar con ese archivo y construir una película a partir de él. Pero pronto entendí que no lo era. Lo que comenzó como un proyecto aparentemente sencillo terminó ocupando cuatro años de mi vida".

"Muy pronto entendí que no estaba solo ante un conjunto de imágenes de denuncia, cargadas de dolor, humillación, difamación y violencia, sino ante la posibilidad de mostrar la fuerza de una comunidad que provocó un despertar en gran parte de la sociedad civil cubana".

Mas, a partir de ese punto, ¿cómo fue elaborar una película a partir de material ajeno, informe, disperso?


"La película está construida a partir de los lives subidos a redes sociales por los propios protagonistas de la historia. Es importante entender que son imágenes que no nacieron con la idea de ser película, sino que fueron filmadas para denunciar, para dejar prueba e impedir que el horror ocurriera en silencio. En ese sentido, es una película contada en primera persona del plural".

"Desde el principio me propuse que fuera un filme que pudiera ser entendido por cualquier espectador, no solo por la comunidad cubana. Me interesaba que alguien ajeno a nuestra compleja realidad pudiera seguir con claridad lo que ocurre en el documental, entender las causas y los efectos que ordenan este relato, e incluso enfrentarse al abuso sin la coartada de una mirada romántica sobre Cuba. Quería que quienes todavía siguen aferrados al eco de una revolución idealizada se vieran obligados, al menos por un momento, a tragar en seco ante la magnitud de ese dolor".

"La película avanza como una avalancha emocional: un material que crece, se densifica y va sumergiendo al espectador en una cronología del dolor, del engaño y de la represión. Cada gesto tiene una consecuencia. Cada decisión deja una marca".

"Para mí era fundamental que la película fuera una experiencia física. Quería que el espectador sintiera la proximidad brutal de esos lives, que la historia le ocurriera casi encima y que no pudiera refugiarse en la distancia cómoda de quien solo observa. Me interesaba, además, que la falta de oxígeno que atraviesa la película pasara también por el cuerpo de quien la ve".

"En términos visuales, la película está construida en formato vertical, respetando la proporción original de los lives y la naturaleza misma del material. Quise sostener ese encuadre porque en él también se expresa la estrechez del espacio de libertad en Cuba: es una imagen cerrada, con poco margen, que encierra, asfixia y va introduciendo poco a poco al espectador en el dolor de los protagonistas", subraya.

"También me interesa que la película pueda verse en teléfonos móviles. Que, cuando llegue el momento de liberarla, circule en los mismos dispositivos desde los que esta historia fue filmada y compartida. Me importa esa correspondencia: que la película vuelva, de algún modo, al lugar original de sus imágenes".

"El sonido de Cuba y la noche debía construir el Estado policial que rodea a sus personajes: el asedio, la paranoia y el encierro. Eso exigió restaurar un material muy ruidoso, limpiar diálogos y recuperar respiraciones para devolverle claridad al archivo. Solo después podía empezar un trabajo más expresivo, capaz de sostener tanto la represión como la fuerza de la resistencia, de la comunidad, del hip hop, de los márgenes y de una belleza que persiste incluso en medio del maltrato. También quise que el sonido no ofreciera refugio; por eso no trabajé la película en 5.1 (sonido envolvente), sino desde una frontalidad más cerrada y claustrofóbica, en sintonía con la verticalidad y la asfixia de esas imágenes".

"San Isidro fue uno de los gestos más lúcidos y valientes de la historia reciente de Cuba. Fue el momento en que una comunidad de artistas, activistas y vecinos, hablando desde los márgenes, decidió decirle no al miedo. Y lo hizo no desde la institución ni desde un discurso académico, sino desde el cuerpo, la precariedad y la verdad de quienes ya no podían seguir soportando el maltrato".

"San Isidro ocupa ese lugar en la película también porque puso en el centro a una comunidad que el poder cubano ha querido mirar siempre por encima del hombro: artistas independientes, cuerpos negros, autodidactas, gente de barrio, outsiders, personas sin legitimación institucional, pero con una lucidez, un carisma y una potencia arrasadores".

"Frente a la cultura domesticada por el Estado, San Isidro trajo otra energía: la de la calle, el performance, la música y una inteligencia no disciplinada por la institución. Desde uno de los lugares más castigados y menos aceptados por el poder, esa comunidad consiguió abrir una grieta real en la dictadura cubana".

"Y quizás lo más importante es que allí se hizo visible algo que después crecería en todo el país: la posibilidad de perder el miedo, hablar en nombre propio y cuidar colectivamente a quienes estaban luchando. En ese sentido, San Isidro ayudó a formar el músculo cívico que hoy sigue latiendo en Cuba".

¿Cómo salió adelante una producción como Cuba y la noche, tratándose de un asunto tan local, tan trabajoso, de apenas interés comercial?

"Saqué este filme con muchísimo esfuerzo y mucha obstinación. Fue un proceso largo, marcado por una búsqueda casi obsesiva de archivo: encontrar la mayor cantidad de material posible, rastrear quién conservaba con mejor calidad esos lives, ordenarlos, revisarlos una y otra vez, contactar con las fuentes y acercarme a los miembros de San Isidro hasta ganarme su confianza. No se trataba solo de reunir imágenes, sino de entender qué película podía sostener realmente ese archivo".

"También fue un proceso emocionalmente muy duro. Escarbar en los muros de Facebook de los protagonistas y de sus amigos, y descubrir publicaciones que nunca había visto, me permitió dimensionar la magnitud del maltrato y la violencia que vivieron".

"El proceso fue largo, además, porque paralelamente seguía trabajando como diseñador de sonido en otras películas. Gracias a ese trabajo pude sostener Cuba y la noche".

"El equipo de nuestra productora, Free Media, fue igualmente fundamental. Somos cubanos, y la película creció en medio de una conversación compartida. Poco a poco fueron entrando ideas, miradas y criterios que me ayudaron a depurarla, hasta llegar a la forma que tiene hoy".

"Cuando existió un primer corte de dos horas, la película empezó a abrirse camino: pasó por Locarno Open Doors, por Documenta Madrid —donde recibió un premio en la sección de work in progress— y por IDFA Forum. Eso me confirmó que el esfuerzo tenía sentido y que la película estaba encontrando su lugar".

"El poco financiamiento que tuvo vino sobre todo de organizaciones de derechos humanos y de fondos privados, y permitió cubrir etapas concretas como parte del montaje, la corrección de color, la postproducción de sonido y los derechos musicales. Ha sido, honestamente, una película hecha con muy poco dinero".

"Durante un tiempo intenté construir otra película dentro de esta: una película contada desde el presente de Luis Manuel en prisión, en diálogo con la curadora de arte Yanelys Núñez. Filmé ese presente, trabajé sobre esa idea, pero al editar entendí que no dialogaba con la lógica del archivo".

"Ahí comprendí algo fundamental: este archivo no pedía ser domesticado; pedía una forma justa. Ese intento me hizo ver que los lives ya contenían un presente propio, una urgencia y una fuerza que seguían vivas. Mi trabajo, entonces, no era imponerles una estructura externa, sino encontrar la forma que les permitiera respirar sin perder su verdad. Ahí entendí que Cuba y la noche tenía que sostenerse radicalmente en la fuerza directa y viva de esos lives".

"Y, sin embargo, hay algo devastador en llegar hoy con esta película al presente, descubrir que el país está aún peor que las imágenes que el filme contiene. Cuando uno cree que la película toca fondo, la realidad cubana demuestra que todavía se puede caer más. Eso es quizá lo más doloroso: entender que esta película no habla de una herida cerrada, sino de un país que sigue agonizando, de una nación a la que no han dejado de humillar, aplastar y empujar hacia el abismo".

Sergio Fernández confiesa que hizo Cuba y la noche "desde la rabia, la impotencia y el dolor. Desde la necesidad de gritarle al mundo cómo el régimen cubano ha hecho del abuso una forma de poder y de la mentira una manera de administrar la vida de un país".

"También lo hago porque me siento en deuda con quienes sostuvieron esta historia poniendo el cuerpo y enfrentando con una dignidad inmensa la violencia que el Estado descargó sobre ellos. Cuba y la noche nace ahí: en la herida, en la asfixia y en la necesidad de no olvidar. Nace del deseo de dejar constancia de un país enfermo de autoritarismo y de una generación que, aun así, decidió perder el miedo y decir basta".

"La hago también porque me fui de Cuba y no estuve allí cuando todo esto estaba ocurriendo. Esa distancia me marcó y me dejó una sensación de deuda con quienes sí pusieron el cuerpo frente al poder. En el tiempo que me ha tomado hacer esta película he podido ganarme la confianza y el apoyo de Luis Manuel Otero Alcántara, Yanelys Núñez, Anamely Ramos y varios miembros de San Isidro. Esa confianza también me compromete".

"Hago esta película porque soy cubano y porque creo profundamente en el valor histórico de estas imágenes. Registran uno de los momentos más importantes que ha vivido Cuba en décadas de castrismo. Sin este filme, todo ese archivo corría el riesgo de quedar disperso, sin contexto, perdido entre la velocidad y el ruido de las redes", enfatiza.

Para el realizador, egresado de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba, y con una larga obra como sonidista, actor y realizador, "que esta película exista significa una cosa fundamental: que no pudieron silenciarlos".

"Significa que Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Castillo, que hoy siguen presos, ocupen en la historia de Cuba el lugar que merecen. Que quede claro que fueron protagonistas reales de una ruptura, de un gesto de dignidad y de una pérdida del miedo que marcó a toda una generación".

"Esta película existe para luchar contra el olvido, contra la manipulación y contra la voluntad del régimen de borrar a quienes lo enfrentaron desde el arte, desde el cuerpo y desde la verdad. En ese sentido, para mí también es una forma de justicia".

Cuba y la noche será en lo adelante parte de la contrahistoria cubana reciente que integran ya películas como Mujeres que sueñan un país (Fernando Fraguela, 2022), En San Isidro (Katherine Bisquet, 2022), Corojo roto (Johnny Peña, 2022), La opción cero (Marcel Beltrán, 2020), El caso Padilla (Pavel Giroud, 2022) y Estamos conectados (Ernesto Fundora, 2025). Una corriente que tiende un cordón umbilical hasta Conducta impropia (Orlando Jiménez Leal, Néstor Almendros, 1984) y Nadie escuchaba (Néstor Almendros, Jorge Ulla, 1987), los grandes ejemplos del cine de la contrahistoria cubana.

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