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Sherritt, la compañía minera canadiense, cesa sus operaciones luego de 30 años en la Isla, temiendo ser sancionada por la Administración Trump. Diario de Cuba.

Sherritt se va de Cuba: ¿cuánto pierde el régimen?
Diario de Cuba
7 de mayo de 2026

Empresa en Moa - Foto de you tube

La compañía canadiense cesa sus operaciones luego de 30 años en la Isla, temiendo ser sancionada por la Administración Trump.

Tras reducir de forma notable sus operaciones el pasado febrero, la compañía minera canadiense Sherritt, uno de los socios históricos del castrismo, anunció este jueves que se marcha de Cuba tras 30 años de operaciones, luego de que la Administración Trump aprobara la semana pasada un endurecimiento de las sanciones al régimen y a las empresas que negocien con él.

Si bien la compañía canadiense declaró que "no ha sido designada formalmente en virtud de la Orden Ejecutiva" que codifica dichas sanciones, firmada por Trump el 1 de mayo, sostuvo que se trata de algo que "podría producirse en cualquier momento", al tiempo que resaltó que dicha designación "alteraría sustancialmente la capacidad de la Corporación para operar con normalidad".

Sherritt, que afirmó haber comunicado esta decisión a la parte cubana mediante una carta, indicó que está tomando medidas para repatriar a sus empleados destinados en la Isla, al tiempo que solicitó a La Habana que haga lo mismo con su personal en Canadá.

La compañía detalló, asimismo, que, al tratarse de una corporación de negocio conjunto con el castrismo, sus representantes en el Consejo de Administración de dicha corporación "han renunciado a sus cargos con efecto inmediato".

La decisión de Sherritt deja al castrismo sin uno de sus principales inversores extranjeros, con importantes participaciones en el sector eléctrico de la Isla, toda vez que la entidad canadiense posee un tercio de Energas S.A., responsable de alrededor del 10% de la generación eléctrica nacional y muy significativa para la vitalidad del menguado sistema eléctrico cubano.

La decisión, además, deja en el aire el futuro de las instalaciones de la compañía para la extracción y refinado de níquel y cobalto en Moa, que hasta hoy sostenía junto a la empresa estatal General Nickel Company.

En tal sentido, la compañía canadiense dejó una puerta abierta al sostener que "seguirá consultando con sus asesores y partes interesadas mientras evalúa las implicaciones de la Orden Ejecutiva".

A pesar de que Cuba está entre los diez primeros países del mundo en cuanto a reservas de níquel, cuya extracción es el principal interés de Sherritt en la Isla, la compañía lleva años reportando pérdidas económicas. En enero último, al presentar sus resultados de 2025, expuso que la planta de Moa quedó muy por debajo tanto de los resultados de 2024 como de las previsiones de negocio al inicio del ejercicio anual.

La compañía esperaba extraer entre 31.000 y 33.000 toneladas de níquel el pasado año, pero solo logró 25.240, lo que supone casi un 17% menos que lo conseguido en 2024. Por su parte, a principios de 2025 esperaba extraer 3.300 toneladas de cobalto, pero se quedó en 2.729 al cierre del ejercicio, cerca de un 15% menos interanual.

Más allá de las pérdidas económicas, Sherritt ha estado durante años en el centro de la polémica por la alta contaminación que genera su planta de extracción en Moa, así como por su connivencia con el régimen para la explotación de los trabajadores, toda vez que, según denuncias de extrabajadores, Sherritt paga en dólares los salarios locales, que luego los empleados reciben en pesos a través de la estatal Moa Nickel, por lo que el régimen obtiene de esta forma otra entrada de divisas y mantiene otro mecanismo de explotación sobre los trabajadores cubanos.

La Habana, que no ha hecho hasta ahora referencias directas a la marcha de Sherritt, sí advirtió en días recientes que los efectos de las nuevas sanciones de la Administración Trump se empezarían a sentir "en los próximos días". Sherritt es, tal vez, el inicio del fin de los negocios del castrismo, en un contexto de máxima tensión entre EEUU y la Isla, en el que incluso los aliados más cercanos a La Habana, que por años se enriquecieron junto a las autoridades del régimen, los dejan en la estacada, demostrando que, como escribió la historiadora Ada Ferrer en un texto publicado en The New York Times este miércoles, "es la hora".

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