Ni Delta Force, ni marines, ni Screaming Eagles: El problema de Cuba es exclusivamente nuestro. Por Ana León. Cubanet.
Ni Delta Force, ni marines, ni Screaming Eagles: El problema de Cuba es exclusivamente nuestro
Por Ana León
Cubanet
12 de agosto de 2026
Por Ana León
Cubanet
12 de agosto de 2026

La solución para recuperar Cuba y todos nuestros derechos, está exclusivamente en nuestras manos.
LA HABANA.- Ahora que Marco Rubio, en entrevista para el medio Axios, dejó claro que Cuco Mendieta no viene, los que estaban ilusionados con que Cuba fuese blanco de una “operación quirúrgica” al estilo de Venezuela, de una invasión rápida para neutralizar “objetivos precisos”, e incluso con la anexión, andan, como se dice en cubano llano, muy reconcomidos. Los que asumieron como una promesa el aviso de que “Cuba is next”, no quisieron ver las señales cuando la isla se quedó rotando en la cola de las prioridades de la actual administración estadounidense. La mayoría eligió creer que el problema solo estaba siendo postergado, y continuaron trazando planes para la reconstrucción. Se habló de cifras, de por dónde empezar y cuáles asuntos atender primero.
Se volcaron a proyectar la transición sin tener pájaro en mano, porque a pesar de nuestra vasta sabiduría popular, los cubanos seguimos negándonos a encarar las verdades contenidas en esos refranes que venimos escuchando desde la infancia. Ciento volando de nada valen, como mismo perro que ladra no muerde y sobre Cuba se ha hablado demasiado, con exceso de confianza, incluso con alarde.
No hay dudas de que es un estado fallido, pero no colapsó a mediados de marzo, ni cayó antes del verano, ni caerá, por lo visto, en lo que queda de año. El plazo estimado por los optimistas ha dejado a más de uno compungido y buscando posibles explicaciones para una dilación que podría jugar a favor del régimen. Así de confiados estaban en que la solución vendría de allá, que los cubanos aquí dentro solo necesitábamos aguantar un poco más, soportar lo más duro de la crisis, para ver la luz al final del túnel.
Corre el mes de agosto y no hay luz ni al final de la jornada. A parte del municipio Caimito acaban de reconectarle el servicio eléctrico después de 21 días a oscuras, algo impensable en el siglo XXI que la prensa oficialista publica sin sonrosarse, y sin que se hayan tenido noticias de grandes protestas en esa localidad. Occidente también se adapta a la crisis. La gente trastoca sus aspiraciones; ahora la meta es conseguir un Ecoflow, lámparas y ventiladores recargables, aunque ninguno sea de mucha utilidad cuando los apagones sobrepasan las 24 horas.
El centro y el oriente de la isla están absolutamente domesticados. Para sus residentes ya es normal tener tres horas de electricidad por cincuenta de apagón y cocinar con leña o carbón lo que van a comer durante el día. El aumento de los precios de los alimentos ha obligado a muchas familias a vender electrodomésticos que, en resumidas cuentas, ya no pueden usar.
Manuel Marrero, el primer ministro, ha dicho con total aplomo que ahora comienza la fase más difícil de las reformas económicas anunciadas: llevarlas a la práctica y hacer que funcionen. De momento, el litro de aceite ha escalado hasta los 5 mil pesos y el cartón de huevos a 6 mil, lo tomas o lo dejas. En paralelo, Marco Rubio ha compartido su nada tranquilizadora esperanza de que, para cuando el mandato de Trump termine, en enero 2029, Cuba esté en un camino irreversible hacia un futuro diferente.
Es decir, faltan dos años para una posibilidad. El pueblo cubano no dispone de esa cantidad de tiempo para esperar a ver cómo acaba esto, porque esto está acabando con nosotros y esa es la única realidad que conocemos. El Secretario de Estado dejó claro que la Casa Blanca se limitará a sostener y agravar la asfixia financiera sobre el régimen, además de desplegar una red de inteligencia que pueda identificar a la Delcy Rodríguez cubana. Lloverán sanciones con el fin de cerrarle a la cúpula todas las válvulas de escape, pero esa “presión sin precedentes” daría resultados en un término que para el pueblo no es factible, lo cual envía un mensaje clarísimo: o nos hacemos cargo, o quedaremos pocos para ver el final de la historia.
Estos casi setenta años bajo una opción política que, habiendo demostrado con creces su fracaso, persiste en mantenerse, es problema nuestro. El hambre, los apagones, el litro de aceite y el cartón de huevos impagables, la dolarización, los hospitales inmundos y las farmacias desabastecidas son asunto nuestro. Las madres con sus hijos cargados de pomos vacíos, tocando puertas y pidiendo agua potable, son un drama nuestro. Los niños vendiendo panes, aguacates, hielo, o recogiendo materias primas para ayudar a su familia, son responsabilidad nuestra. La delincuencia juvenil que se multiplica como consecuencia del avance de la pobreza, es una urgencia nuestra. El chivato de la cuadra, que avisa a la policía cuando la protesta se pone caliente, es negligencia nuestra. Las personas que, agotados todos los medios a su alcance para sortear esta existencia miserable, enloquecen de un día para otro, o se suicidan, son parte del horror al que asistimos a diario. Los hijos que se van, los nietos que se crían lejos, son dolores nuestros, no de Marco Rubio, no de Trump ni de Díaz-Canel, ni de los Castro.
La solución para recuperar Cuba y todos nuestros derechos, está exclusivamente en nuestras manos. Parafraseando a un crack de las redes: “o nos ponemos pa´esto, o los 62 mil milenios serán mucho más que un grito destemplado en la voz de una pésima intérprete”.





















