Un enfrentamiento que revela tensiones entre activismo y supervivencia en el exilio. Por Eloy A. González. BuenavistaVCuba.
Un enfrentamiento que revela tensiones entre activismo y supervivencia en el exilio.
Por Eloy A González.
13 de septiembre de 2026
La opinión general es que, no se trata de una controversia pública o un choque inmediato entre el presentador Alex Otaola y el médico opositor cubano Manuel Guerra. El doctor, al ser hostigado desalojado de su centro médico en Holguín y arrestado de modo injustificado en Cuba debido a su activismo en la plataforma Archipiélago, en su momento, el programa de Alex Otaola (Hola! Ota-Ola) reflejó su situación, condenó la opresión del régimen e informo de su liberación.
Después de las presiones ejercidas por la Seguridad del Estado que lo llevaron a salir del país en 2022, los medios de comunicación y plataformas de redes sociales asociados a Otaola reportaron su experiencia de exilio y su eventual adaptación e inclusión en el sistema de salud en Estados Unidos, sin que hubiera desacuerdos públicos ni controversias entre las partes.
El conflicto se origina por las severas observaciones de Alex Otaola dirigidas a un grupo de migrantes cubanos que llegaron a Estados Unidos con el formulario I-220 A; lo que provocó una larga misiva de respuesta del doctor Manuel Guerra.
El doctor Manuel Guerra, conocido por su compromiso social, se sintió especialmente aludido por las afirmaciones del presentador. En su extensa carta, Guerra relató su trayectoria de activismo político en la isla y la de muchos otros profesionales y personas con I-220A que vivieron una represión significativa antes de emigrar.
Cuestionó la inclusión de toda la comunidad de "I-220A" bajo términos despectivos, abogando por el respeto a la dignidad del colectivo que actualmente se encuentra en una situación de incertidumbre migratoria en Estados Unidos.
La respuesta de Alex Otaola en su programa se dio cuando analizó y contestó el reclamo del doctor en Hola! Ota-Ola, intentando suavizar sus palabras pero sin dejar de ser desafiante. Otaola sostuvo que cuando emplea lenguaje peyorativo, no está aludiendo a personas como Guerra, quien tiene un historial. Afirmó que su crítica se centra únicamente en el pequeño grupo de los I-220A, quienes no se pronuncian sobre la política, carecen de interés en un cambio para Cuba y se niegan a tomar una posición.
El presentador sostuvo que si un migrante se halla en un proceso donde debe evidenciar una persecución o una causa política para poder permanecer legalmente en el país, lo sensato es que participe en actividades cívicas relacionadas con el exilio en lugar de limitarse a asistir solo a espectáculos u otros eventos de entretenimiento.
De acuerdo con su observación sobre la percepción del doctor, Otaola se burló de los numerosos textos elaborados por el profesional, indicando que si una persona con un récord impecable se siente aludida por sus críticas generales, "lo que requiere es un especialista en salud mental que le ayude con su autoestima". También mencionó que aquellos que intentan obtener la residencia al año y un día para poder regresar a la isla son quienes realmente cumplen con su descripción.
Este conflicto en los medios se sitúa en un contexto de gran tensión para la comunidad cubana en el extranjero. Cientos de miles de inmigrantes que fueron beneficiados con la Orden de Libertad Bajo Palabra (I-220A) carecen de un parole oficial, lo que les impide acceder de manera directa a la Ley de Ajuste Cubano.
Mientras activistas e involucrados impulsan demandas colectivas para resolver este estatus legal, Otaola ha defendido una línea editorial estricta respecto a los deberes políticos que, según él, debe asumir todo cubano al llegar a tierras de libertad.
Desde el punto de vista estrictamente jurídico, entrar a un país evadiendo las vías consulares establecidas y sin una inspección legal regular sitúa a la persona en una condición de inadmisibilidad o presencia migratoria irregular. El hecho de que las autoridades fronterizas entreguen posteriormente un documento para comparecer ante un juez de inmigración no convierte esa entrada en legal ni elimina sus consecuencias jurídicas. Quienes portan una I-220A se encuentran, técnicamente, en procesos de deportación abiertos, por lo que afirmar que se trata de una entrada irregular o no autorizada es jurídicamente válido en el marco del derecho migratorio estadounidense.
La contradicción del "No me meto en política". Este es el argumento central que sostiene la postura de figuras como Alex Otaola y que, en ocasiones, genera malestar, especialmente entre los I-220A y el sector conocido como "los panes con bistec".
El argumento del asilo.Para obtener protección en EE.UU. alegando persecución, el sistema exige demostrar un temor fundado de persecución por razones protegidas por la ley, entre ellas la opinión política. La contradicción surge cuando algunos migrantes, después de establecerse y encontrarse a salvo de la supuesta persecución, adoptan públicamente la postura de "no me meto en política", asisten masivamente a conciertos de artistas que no condenan al régimen y, una vez regularizados, regresan de vacaciones a la misma isla de la que afirmaron haber huido por temor.
Esta dualidad lleva a algunos defensores de los derechos humanos y opositores de reconocida trayectoria a cuestionar la autenticidad de determinados casos y a sostener que puede existir un uso fraudulento del sistema de asilo, utilizando el sufrimiento del pueblo cubano como un trampolín económico. El problema es que estas prácticas, cuando realmente ocurren, terminan perjudicando la credibilidad de quienes sí fueron perseguidos políticamente y de aquellos cubanos que, en su momento, no pudieron beneficiarse de los programas de refugiados, incluso cuando reunían condiciones para ello, debido a la desidia y, según algunas denuncias históricas, al colaboracionismo de determinados funcionarios de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en La Habana.
La polémica es inevitable, casi natural en nuestra historia reciente. Cuba fue escuela de oportunistas y delatores, y el exilio —con todas sus luces— también ha visto cómo algunos se reinventan, prosperan o se aferran a viejas prácticas bajo nuevos discursos.
Este episodio no es aislado: es parte de una narrativa más amplia donde la identidad cubana se debate entre la memoria del miedo y la aspiración de libertad. Somos un pueblo que ha vivido demasiado tiempo en los extremos, incapaz de encontrar el punto medio que da estabilidad y serenidad. Por eso, al final, la frase que nos define sigue vigente: los cubanos, o no llegan... o se pasan. Y en ese desbalance, la polémica se convierte en una constante que nos persigue, aquí y allá.





















