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¿Cómo votamos los cubanos en los Estados Unidos? Por Eloy A González. BuenaVistaVCuba.

¿Cómo votamos los cubanos en los Estados Unidos?
Por: Eloy A González
26 de octubre de 2026


Durante las elecciones intermedias del año 2022, redacté un breve texto debido a mi inquietud por las descalificaciones que emitían los demócratas hacia los republicanos, a pesar de que en ese periodo eran precisamente los demócratas los que estaban en el poder. Se refería a las groseras descalificaciones dirigidas a la mitad de la población de este país - EE.UU. - que apoya a los republicanos. La situación sigue igual, e incluso diría que ha empeorado. A la retórica extremista de izquierda y pro-islámica de los demócratas se le añade la idea distorsionada de que existe una “monarquía” en los Estados Unidos, en la creencia de que el actual presidente se convertirá en Rey. Por lo tanto, se ha generado un movimiento que nos advierte, con la frase: “No Kings”, es decir, que estamos en riesgo de caer en una monarquía autoritaria y criminal. Como si fueran capaces de destruir en este país 250 años de democracia constitucional. Es que los neocomunistas no comprenden la historia, o tal vez no desean hacerlo.

Se aproximan las elecciones y surgen las descalificaciones. A continuación se presentan las descalificaciones más comunes que se hacen sobre los votantes republicanos o los integrantes del movimiento MAGA: crueles, despreciables, carentes de ética, autoritarios, promueven el militarismo y la ingobernabilidad, fascistas, nazis, basura, raros, racistas, xenófobos, supremacistas, traidores, golpistas, secuestradores de la constitución, extremistas MAGA, misóginos, entre otros.

En la anterior elección de medio tiempo, redacté el artículo titulado: "Votando en democracia, aunque descalificado". Esto fue lo que expresé: “He abordado en reiteradas ocasiones el tema de las elecciones; algo que puede enorgullecer a quien ha experimentado una dictadura larga y llega a residir en la nación de los libres, los Estados Unidos de América. En este país, he escrito varias veces acerca del voto y lo he realizado con total libertad”.

De cualquier manera, la situación ha evolucionado en los Estados Unidos. Tras la elección de Barack Hussein Obama, se instauró un clima de crispación impulsado por la izquierda culillera en el país, que ¡para qué decirles! Luego llegó la postulación y victoria de Donald Trump, y no han logrado deshacerse de la corcomilla que esto les provoca.


Me enfocaré en las descalificaciones hacia los votantes, ya que he observado que los votantes republicanos, que representan la mitad de los electores en este país, son descalificados al ser etiquetados como: Nazis. En el pasado, se han utilizado diversos términos despectivos, pero es importante notar que nunca se lanza un epíteto hacia los del lado opuesto. A los republicanos se les menosprecia llamándolos: nacionalistas cristianos, fundamentalistas, entre otros.

Descalificar resulta sencillo cuando se trata de perjudicar la reputación de una persona. Aquellos que observamos aquí han superado a los represores en Cuba. Comúnmente en Cuba se empleaban las palabras “apáticos y “desafectos”, es verdad que en ocasiones se les denominó “escorias” y “gusanos”, pero se podía comprender ante el contexto de una dictadura totalitaria que ejercía un control absoluto.

Este aviso, que podría aparecer cerca de su centro de votación en los Estados Unidos durante las inminentes elecciones de medio término, es una “sugerencia” sobre cómo debería emitir su voto. Debe escoger entre demócratas y nazis. Bueno al menos es mejor, porque en los países comunistas usted escoge teniendo una sola opción. ¿Por qué los cubanos votan mayoritariamente por los republicanos y en particular por MAGA?

Numeros votantes demócratas en Estados Unidos y ciudadanos provenientes de naciones latinoamericanas en el país se sienten desconcertados por la inclinación de los cubanos hacia el Partido Republicano y, específicamente, hacia Donald J Trump. A todos ellos les respondo que los cubanos tenemos una memoria formidable y no olvidamos que los demócratas cometieron estos errores y muchos otros más:

· A lo largo de seis décadas, distintas decisiones de administraciones demócratas han dejado una marca profunda en la memoria del exilio cubano. La primera herida se abrió en 1961, cuando la Brigada 2506, autorizada inicialmente por John F. Kennedy para desembarcar en Bahía de Cochinos, quedó sin el respaldo aéreo prometido. La retirada de ese apoyo en el último momento dejó a los combatientes abandonados en las playas, sellando un desenlace trágico que generaciones de exiliados interpretan como una traición fundacional.

· Décadas después, otro episodio reavivó esa sensación de desamparo: la devolución de Elián González en el año 2000. Bajo la administración de Bill Clinton, una operación federal armada extrajo al niño de la casa de sus familiares en Miami para enviarlo de regreso a Cuba. Para la comunidad exiliada, aquello significó entregar a un menor a la misma dictadura de la que su madre había muerto intentando escapar.

· El llamado “deshielo” impulsado por Barack Obama entre 2014 y 2016 profundizó esa percepción. La normalización diplomática con La Habana se interpretó como un alivio económico y político para el régimen, pues no exigió reformas democráticas ni el cese de la represión. La imagen de un presidente estadounidense estrechando manos con los líderes de la dictadura fue recibida como una afrenta simbólica hacia las víctimas del comunismo y los presos políticos. En ese mismo clima, la eliminación de la política de “Pies secos, pies mojados” cerró una vía histórica de refugio para quienes huían de la isla.

· Ya en tiempos recientes, la administración de Joe Biden retomó diálogos y flexibilizaciones hacia La Habana que el exilio ha visto con inquietud. La retirada de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo y la eliminación de la Cuba Restricted List —que prohibía transacciones con conglomerados militares como GAESA— fueron percibidas como concesiones que fortalecen al aparato represivo. A ello se sumarono” autorizaciones financieras para un “sector privado controlado indirectamente por el Estado y negociaciones migratorias interpretadas como una respuesta al chantaje migratorio del régimen.

· En paralelo, el ala más progresista del Partido Demócrata, vinculada a los Socialistas Demócratas de América, ha sostenido discursos que atribuyen la crisis cubana exclusivamente al embargo estadounidense, omitiendo la responsabilidad de la dictadura en la miseria y la represión. Votos en el Congreso que evitan condenar abiertamente las violaciones de derechos humanos en Cuba han reforzado la percepción de distancia, incomprensión o indulgencia hacia el régimen.

En su totalidad, estos episodios han entrelazado una narrativa continua: la noción de que, desde 1961 hasta el presente, las decisiones importantes tomadas por los gobiernos demócratas han sido percibidas por el exilio cubano como una entrega al régimen comunista y como una falta de atención hacia aquellos que han padecido bajo la dictadura.

Esa directriz, referente a permitir que el social comunismo progrese y capture a las personas, es algo que comprendemos de manera clara los cubanos. Nos dedicamos a compartir estas experiencias con los chilenos, uruguayos, brasileños, bolivianos, ecuatorianos, panameños, nicaragüenses, mexicanos y venezolanos. No obstante, en distintos niveles, todos han caído en la trampa.

No obstante, y a pesar de los intentos de los filocomunistas por erosionar desde dentro esta nación de los libres, la respuesta no puede ser la indiferencia ni el repliegue doméstico. La civilidad democrática exige algo más que opiniones: exige presencia, responsabilidad y participación. En momentos en que fuerzas organizadas buscan desmantelar, pieza a pieza, los consensos que sostienen una república plural, quedarse en casa equivale a renunciar a la defensa de aquello que hace posible la libertad misma. Acudir a las urnas no es un gesto partidista, sino un acto de preservación cívica; una afirmación de que la democracia no se entrega, no se delega y no se abandona. Es, en última instancia, la manera más elemental y decisiva de impedir que otros decidan el destino de todos.


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