Imprimir
Comentar el artículo

UN FIN DE AÑO SIN PROGRESO EN LAS NEGOCIACIONES SOBRE EL GRAVE CONFLICTO ENTRE RUSIA Y UCRANIA. Por el Doctor Alberto Roteta Dorado.

Foto debajo- Zelenski y Trump, entre aciertos, decepciones, altercados y muy pocos avances, siguen en sus planes de alcanzar la paz entre Ucrania y Rusia.



Doctor Alberto Roteta Dorado.- Santa Cruz de Tenerife. España.- Finaliza el año 2025 y la guerra entre Rusia y Ucrania, el más complejo y grave conflicto de Europa después de la Segunda Guerra Mundial, lejos de solucionarse mediante un acuerdo de paz, se intensifica cada día. Los recientes ataques rusos contra la ciudad ucraniana de Odesa causaron heridas a seis personas, entre ellas varios niños. Los bombardeos sobre las ciudades de Donetsk, Sumy y Zaporiyia dejaron varios civiles muertos. Para que se tenga una idea de la magnitud de las cosas, cito la cifra exacta de drones interceptados por las fuerzas ucranianas, en total 101, de 127 drones lanzados por parte de Rusia en la noche del 30 de diciembre, víspera del fin de año y año nuevo. 


Entre enero y noviembre de este año, más de 2.300 civiles ucranianos fallecieron y más de 11.000 resultaron heridos, según los datos ofrecidos por Naciones Unidas a principios de diciembre, lo que representa un 26% más que en el mismo período de 2024 y un 70% más que el año anterior. Esto sucede en medio de las negociaciones que tienen lugar desde hace varios meses, para llegar a un acuerdo de paz, en las que el Gobierno de Estados Unidos de América, presidido por Donald Trump, está jugando un papel crucial, aunque sin avances en este sentido. 


Las propuestas del citado presidente, como mediador, han variado sobremanera para intentar "complacer" a las partes involucradas en el grave conflicto bélico; aún así las posibles negociaciones son lentas y poco alentadoras a pesar del optimismo de Donald Trump, quien ha afirmado reiteradamente que los avances son buenos y que está muy cerca la hora del fin del conflicto bélico entre ambas naciones. 


La mayoría de las veces el presidente Trump, lejos de ser imparcial en su condición, se ha inclinado ante las demandas del ruso Vladimir Putin, quien sigue haciendo de las suyas, toda vez que, inmediatamente de haber tenido una conversación con su homólogo estadounidense, lanza un agresivo ataque con cientos de drones que no solo van dirigidos a las principales zonas de enfrentamientos, sino hacia puntos estratégicos de infraestructuras energéticas ucranianas, y lo peor, hacia edificaciones civiles, incluyendo centros hospitalarios, lo que ha causado la muerte de miles de civiles de Ucrania, en tanto que, una cifra considerable de heridos a través de los casi cuatro terribles años de guerra – febrero de 2022 hasta el presente–. 


Las desavenencias de Trump con Volodimir Zelenski se han repetido durante los encuentros e intentos de aproximación, alcanzando su clímax con la expulsión del líder ucraniano de la Casa Blanca en febrero del presente año. No obstante, lo peor ha sido la propuesta de entregar parte del territorio ucraniano dominado por las tropas rusas, lo que demuestra su simpatía por el líder ruso, quien exige estas partes, lo que, unido a la ya anexada península de Crimea, va en detrimento de Ucrania como nación, independientemente de que presupone una grave amenaza para todo el continente europeo, algo que algunos le restan importancia al desconocer el trasfondo de la guerra iniciada por Putin como una simple operación militar especial, operación que ha costado la vida de miles de soldados y civiles de ambas partes, amén de los grandes desplazamientos, los severos daños a infraestructuras estratégicas de Ucrania, sin olvidar los millones de dólares en materia de armamentos de primera línea, logística, etc. 


Como van las cosas, por ahora, no creo que el conflicto de Ucrania se pueda resolver a corto plazo. La guerra ha pasado a una etapa de cronicidad con el consiguiente desgaste de ambos ejércitos, algo que jamás esperó Vladimir Putin, quien vaticinó que sus objetivos militares se cumplirían en un par de semanas, y mucho menos, el utópico pensamiento de Donald Trump con el fin de la guerra en 24 horas, una vez que asumiera el mando de la mayor nación de América.


Así las cosas, entre encuentros, llamadas telefónicas aproximaciones y desarmonías se han estado confeccionando planes para iniciar la verdadera negociación que pudiera poner fin a la guerra. Estados Unidos entregó el pasado mes a las partes involucradas una propuesta que no fue aceptada por los mandatarios de ambas naciones. El punto más álgido en todo este asunto es el relacionado con los territorios. Rusia quiere la retirada ucraniana del Donbass, de Jersón y Zaporiyia, las estratégicas zonas donde se concentra el ejército ruso y que cuentan, en gran medida, con su dominio. 


Recordemos que hacia finales de 2024 y principios de 2025 se registraron aumentos significativos, con cifras que rondaban los 100 a 200 km² por semana, llegando a picos como 235 km² en una semana en noviembre de 2024, y otros meses con cientos de kilómetros cuadrados capturados, lo que demuestra un incremento de su ofensiva, sobre todo en la región de Donetsk, aunque varía mucho según la intensidad de los combates y las estaciones del año.   


No obstante, esto en sí no representa un avance significativo si se tiene en cuenta la dimensión del territorio ucraniano. Lo que se pensó en la primavera de 2022 ya no es válido, toda vez que la guerra ha tenido altibajos desde entonces. Rusia ahora controla un territorio bastante menor, pasando de alrededor del 27% en la primavera de 2022 a aproximadamente el 20% en la actualidad. En el este, las fuerzas rusas están avanzando, pero muy lentamente y a un gran costo. Algunos informes sugieren que Putin está exigiendo a Ucrania que le entregue el territorio restante que controla en ambas regiones, lo que presupone que Kiev renunciaría a lugares por los que miles de soldados ucranianos han muerto tratando de proteger ciudades como Kramatorsk y Slávyansk, y una línea fortificada que protege el territorio ucraniano al norte y al oeste. 


Mapa debe decir debajo- El tema territorial sigue siendo el punto más álgido en relación con el proceso de negociación de un acuerdo de paz entre Rusia y Ucrania. Rusia exige la entrega de los territorios conquistados, algo que, como es de esperar no acepta el presidente Volodimir Zelenski.


 


Zelenski admitió recientemente que en estos momentos hay dos opciones. Kiev prefiere congelar la actual línea del frente. La segunda opción pasaría por la creación de una o varias zonas económicas en la parte de la región de Donetsk que Ucrania todavía controla pero que reclama Moscú, algo que, sin embargo, solo se estudiaría una vez que Kiev haya recibido garantías de seguridad suficientes, lo que, considero un tanto utópico para como andan las cosas en el Kremlin.


Si se toma la segunda opción, se firmará un acuerdo separado entre Ucrania, EE. UU. y Rusia que determinará el estatus de la zona económica especial y los pasos que darán las dos partes del conflicto de manera equivalente para retirar sus fuerzas. Esta zona económica especial estaría administrada por Ucrania, aunque sus tropas se retirasen, y tendrían que estar presentes fuerzas internacionales.


Pero esta es solo la propuesta de Zelenski, algo que, como es de esperar no aceptará Putin, toda vez que se aparta demasiado de sus objetivos de expansión y control definitivo de los territorios donde las tropas rusas están presentes. La decisión de retirar las tropas ucranianas solo podría ser legitimada a través de un referéndum. Putin no solo pretende ganar la guerra con la consiguiente apropiación de los territorios del Donbass; sino de la mayor parte de Ucrania, nación que a través de la historia ha sido indistintamente parte o no de Rusia, ya sea en los tiempos del antiguo imperio ruso o de la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS. 


Esta apropiación de dichos territorios constituye una grave amenaza para el continente europeo. Si esto le saliera bien a Putin, como ya es habitual en él, se burlaría inmediatamente de las supuestas garantías de seguridad y de cualquier acuerdo pactado, y estaría dispuesto a invadir otros territorios, a los que el mandatario ruso ve como peligros inminentes para Rusia.


Téngase en cuenta que Lituania, Letonia y Estonia pasaron a ser parte de la OTAN como miembros plenos desde el 2004, lo que los convierte en importantes naciones que fortalecen el flanco oriental de la organización, compartiendo frontera con Rusia, independientemente de ser miembros de la Unión Europea, algo que Putin jamás les perdonará. Justo, estos dos puntos, contribuyeron sobremanera a que se destarara el conflicto entre Rusia y Ucrania en febrero de 2022, independientemente de las ambiciones estratégicas y las ansias de expansión de Vladimir Putin. 


¿Qué pudiera suceder en este 2026? A largo plazo, como es de suponer, el conflicto llegará a su fin por agotamiento de unos y de otros en ambas partes. Los avances de Rusia no son tan significativos como parecen desde la distancia y el desconocimiento geopolítico. A corto plazo no sucederá nada. Las propuestas seguirán modificándose, cada cual arreglará a su manera y a su conveniencia lo que considere mejor para sus respectivas naciones, lo que se hace sin tener en cuenta que un acuerdo presupone siempre que ambas partes involucradas e interesadas pierdan a cambio de alguna ganancia, algo que los presidentes de Rusia y Ucrania no están dispuestos a aceptar.


Un alto al fuego transitorio para celebrar elecciones en Ucrania – complaciendo otra de las tantas exigencias de Putin– no resolverá el grave problema. Ucrania no tiene porqué ceder ningún territorio, ni parte de ningún territorio. Ya Rusia le hizo una mala jugada en 2014 cuando se adueñó de Crimea y ahora pretende hacer lo mismo, de lo que no hay duda alguna. Se trata de una acción totalmente expansionista de lo que queda de un imperio que fue lo que fue y que hoy se desliza en los abismos. La mayor prueba de lo que afirmo es el efímero avance logrado en la usurpación de territorios ucranianos y la pérdida de miles y miles de vidas de un ejército que se ha considerado la segunda potencia del planeta; pero que, en la actualidad esta condición de superioridad y de gran potencia resulta cada vez más cuestionado.   


Una breve explicación, antes de concluir este comentario de fin de año, acerca de la participación del presidente estadounidense en las negociaciones de paz. 


Muchos se preguntarán – si es que se preguntan algo– por qué Donald Trump aparece constantemente en medio de este asunto. Los malos intencionados que odian a muerte al presidente estadounidense, elegido por territorios y por mayoría de votos, de manera democrática, ya se han anticipado para crear una "historia" que, con el tiempo pasará a ser leyenda, acerca de las ganancias financieras que pudiera aportar una guerra para Estados Unidos. Otros, se inclinan por la idea de que se quiere apropiar de grandes zonas cuasi vírgenes de Ucrania las llamadas tierras raras, cuyas riquezas son demasiado cuestionadas en el presente–, algo que estuvo hace varios meses dentro de los planes de las negociaciones de un acuerdo de paz. Otros, los más ignorantes, despiadados y desalmados, pretenden hacer ver que el Gobierno estadounidense siempre se está entrometiendo en los asuntos internos de todas las naciones poderosas y ricas del planeta en espera de beneficios y sin interesarse realmente en el verdadero problema. 


A todos los defensores de cualquiera de las tres opciones les recuerdo que ha sido el Gobierno de Estados Unidos y no la Unión Europea, ni la OTAN, quien más ha aportado en materia de armamentos de defensa, sin olvidar los millones de dólares destinados a Ucrania para su defensa, y los que está dispuesto a entregar para su recuperación una vez concluida la guerra. Desde febrero de 2022, Ucrania ha recibido casi 270.000 millones de euros de sus aliados, de los cuales Estados Unidos ha aportado el 43%. Esto no significa que le de derecho a decidir en un posible acuerdo, pero si a ocupar el protagonismo que está teniendo desde el inicio de la guerra, no solamente desde la llegada de Trump al poder, sino desde la administración anterior presidida por Joe Biden, quien también jugó un importante papel, si de ayuda financiera y de incondicionalidad se trata, independientemente del papel de la Unión Europea, siempre a favor de Ucrania.


 

                                          albertorot65@gmail.com

Others News