Pedagogías de Guerra en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Por Félix José Hernández.

Querida Ofelia.
Félix José Hernández.- Madrid, 21 de febrero de 2026.- El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y la Fundación TBA21 presentan Pedagogías de guerra, la primera exposición individual en España de Roman Khimei y Yarema Malashchuk, f iguras clave de la nueva generación de artistas visuales ucranianos. Comisariada por Chus Martínez, la muestra propone cuatro instalaciones audiovisuales que han sido producidas en los últimos cuatro años, cuando comenzó la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia. Las piezas analizan cómo, en un contexto donde la guerra es omnipresente y se retransmite a través de pantallas, sistemas algorítmicos y tecnologías, la violencia se i nfiltra en la vida cotidiana y reconfigura la percepción, el comportamiento y el día a día de la población. El proyecto se inscribe en el compromiso a largo plazo del museo y TBA21 con los artistas en situaciones de conflicto y cuenta con el apoyo de la Fundación Ecolec.

Los artistas huyen de la idea de la guerra como un acontecimiento histórico singular y rompen con la imagen que llega desde los medios de comunicación: el conflicto como espectáculo. La muestra concibe el conflicto bélico como un sistema de entrenamiento que moldea silenciosamente los cuerpos, reorganiza la atención y altera la experiencia misma de la realidad cotidiana. En palabras de Chus Martínez: “La exposición puede leerse a través de la paradoja formulada por Bertolt Brecht, quien distinguía entre Erlebnis –la experiencia vivida inmediata e inmersiva– y Erfahrung, la experiencia procesada, reflexionada y transformada en conocimiento. Para Brecht, el arte no transmite directamente la experiencia vivida; la convierte en una forma de comprensión. ¿Qué tipo de conocimiento puede producir entonces el arte sobre la guerra? Una posible respuesta, explorada a lo largo de esta exposición, es que la guerra lo transforma todo de manera radical, mientras que otros aspectos se mantienen inquietantemente familiares”.
La práctica artística de Roman Khimei (1992) y Yarema Malashchuk (1993) se desarrolla entre el cine, la performance y la observación social. Su metodología va más allá de la grabación documental y recurre a la creación de situaciones de ficción para reflexionar sobre cómo la propia violencia se escenifica y se interioriza en contextos bélicos. “Desde nuestra perspectiva de civiles, nuestros trabajos ofrecen un tiempo distinto al de los medios, que permite ralentizar la mirada e invita a la reflexión. Nos interesa cómo la guerra se infiltra en la vida cotidiana, cómo altera la percepción y cómo se forma la memoria cuando conviven, como es nuestro caso, la proximidad al conflicto y la distancia que debemos tomar como artistas”, explican.
Cuatro vídeo ensayos
Las cuatro videoinstalaciones, creadas a partir de imágenes de cámaras de vigilancia, imágenes cinematográficas escenificadas y grabaciones de personas que viven la guerra en Ucrania, diluyen los límites entre el documental y la ficción. Las obras, en su conjunto, tratan de combatir los clichés de una ciudad en guerra e invitan al espectador a experimentar cómo es la cotidianeidad en la ciudad de Kyiv –y en otros territorios ucranianos– entre un bombardeo y otro, intentando romper la distancia de seguridad que las personas crean como espectadores ante una guerra televisada.
La exposición comienza con The Wanderer [El caminante] (2022), una pieza producida poco después del inicio de la invasión que forma parte de la Colección TBA21. En ella, los artistas utilizan sus cuerpos para escenificar las posturas de los cadáveres de los soldados rusos caídos que se confunden con el paisaje natural de los Cárpatos. La videoinstalación remite a El caminante sobre el mar de niebla (hacia 1817), de Caspar David Friedrich, obra maestra del romanticismo alemán exhibida en la Kunsthalle de Hamburgo, y, por extensión, a la tradición de apropiación del paisaje que define la estética colonial. Frente a los horrores reales de la guerra, los artistas cuestionan la representación romántica de la muerte. El proyecto establece también un guiño a la obra del colectivo artístico ucraniano Fast Reaction Group –formado por Sergiy Bratkov, Boris y Vita Mikhailov, Sergi y Solonsky–, conocido por sus acciones satíricas y provocativas, ya que su serie fotográfica Si yo fuera un alemán (1994) recreaba las acciones de los soldados alemanes durante la ocupación de Járkiv en la Segunda Guerra Mundial. Khimei y Malashchuk quieren releer la escena con la postura alemana y europea en el presente conflicto.
La segunda pieza, Open World [Mundo abierto] (2025), presentada en la 36ª Bienal de Artes Gráficas de Liubliana, es una videoinstalación que articula códigos del videojuego con recursos del cine documental. Tres años después de la invasión, acompaña a un joven ucraniano desplazado por la guerra mientras teledirige un perro robótico de uso militar para recorrer las calles y los lugares de su infancia. Al resignificar un dispositivo diseñado originalmente para la vigilancia y la destrucción en un medio de vínculo y comunicación, los artistas invitan a reflexionar sobre la idea de resiliencia, el recuerdo y la posibilidad de conservar un sentido de pertenencia a pesar de la distancia.
La tercera obra de la muestra, You Shouldn’t Have to See This [No deberías tener que ver esto] (2024) –reconocida con el Premio Curatorial de OFFSCREEN París– es una videoinstalación de seis canales que, marcada por el silencio, presenta a niños y niñas ucranianas mientras duermen. A pesar de la aparente quietud de esas imágenes, esos menores son algunos de los más de 20.000 casos documentados de personas trasladadas a la fuerza a territorio ruso –y después devueltas a su país de origen– desde el comienzo de la guerra entre Rusia y Ucrania en 2014. Al cruzar intencionadamente los límites de la privacidad y caminar por la fina línea entre una mirada afectuosa y el voyerismo, Khimei y Malashchuk cuestionan cómo los medios de comunicación moldean nuestra percepción: cómo reparamos en lo que se muestra y lo que se oculta. La instalación sitúa así al espectador en el terreno complejo de convertirse en testigo, un espacio en el que convergen la empatía, la responsabilidad y la reflexión.
Por último, los artistas exhiben por primera vez We Didn’t Start this War [Nosotros no empezamos esta guerra] (2026), un nuevo encargo de TBA21 para el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Esta instalación –cuyo título hace referencia a una frase que la sociedad civil ucraniana repite tras la invasión rusa, ya que rechaza el conflicto– presenta un tríptico audiovisual concebido en un contexto bélico donde las imágenes no muestran representaciones violentas del conflicto, sino el resultado de una atención sostenida a una rutina que casi ha desaparecido para la sociedad ucraniana: la vida cotidiana que transcurre sin catástrofes visibles. En palabras de los artistas, “a través de la recreación de la realidad cotidiana en Kyiv, iniciamos una conversación con el espectador sobre la representación de un país en guerra”.
Los cuatro vídeo ensayos reivindican la capacidad del arte para sostener una reflexión colectiva en un momento en el que la violencia corre el riesgo de convertirse en un fenómeno rutinario. La exposición apuesta por la experiencia directa y por el diálogo entre el cine y las realidades sociales contemporáneas, presentando un lugar desde el que proponer el arte como un espacio político compartido, donde las personas aparecen como iguales y la paz puede seguir pensándose como una práctica colectiva diaria.
Un gran abrazo desde nuestra culta y querida España,






















