Primera parte.- JOSÉ MARTÍ, SU VOZ POR EL MUNDO. Dedicado al 173º aniversario de su nacimiento. Por el Doctor Alberto Roteta Dorado.


Este tema de la oratoria martiana ha sido
tratado con sumo cuidado y gran profundidad por estudiosos de la obra del
apóstol de la independencia cubana. Merecen ser citados Isidro Méndez, Medardo
Vitier, Jorge Mañach y Luis Álvarez, por solo acudir a algunos de los grandes
que han abordado desde posturas diferentes dicho tema; aunque siempre
coincidiendo en una misma idea: la grandeza de su oratoria y ese peculiar estilo que lo define como uno
de los grandes, amén de resaltar esa vastedad de conocimientos y exquisita cultura.
Estos investigadores han aportado elementos conceptuales acerca del estilo y el
lenguaje, tanto desde el punto de vista literario, como filosófico, político o
de la oratoria propiamente dicha.
Han sido revisados reiteradamente, con la
finalidad de ser estudiados en este sentido sus conocidísimos discursos
revolucionarios, entre los que se destacan todos los dedicados al diez de
octubre, entre 1887 y 1891, en Masonic Temple y Hardman Hall, en Nueva York,
así como los famosos “Con todos y para el bien de todos” y “Los pinos nuevos”
de Tampa y Cayo Hueso. Sin embargo, con frecuencia se omite en cronologías y estudios
biográficos sobre la vida del apóstol la primera vez que habló en público, la
trascendencia de sus primeras intervenciones como orador, los temas tratados,
si se conserva el documento, o al menos partes de él, así como la valoración
crítica de la prensa de la época.
El presente
trabajo tiene como objeto hacer referencia a la primera intervención pública de
Martí en diversos países en los que dejó escuchar su voz, así como destacar las
valoraciones acerca de su oratoria hechas en el contexto de su tiempo. Haré mención
de sus discursos en España, a pesar de no conservarse de manera escrita, a su
reconocida intervención por primera vez en México en el liceo Hidalgo. Trataré
de precisar cual fue realmente su primer discurso en Guatemala y en Cuba,
además de insistir en su lectura en Steck Hall en los Estados Unidos y su
elocuente discurso en el Club del Comercio de Venezuela. Estos discursos martianos
no son necesariamente los más importantes, ni los que lo consagran dentro de la
oratoria; pero si los primeros que ofreció en estos países.
Madrid y
Zaragoza, España
Entre los años 1871 y 1874 José Martí permaneció
en España al ser deportado de su patria por las autoridades del gobierno
español. Aquí estudió y se graduó de licenciado en derecho civil y canónico y
de licenciado en filosofía y letras. Publicó sus primeros ensayos: El presidio político en Cuba y La República española ante la revolución cubana, además de escribir su drama Adúltera.
Fue en tierra española donde el joven cubano habló por vez primera en
público.
El veintisiete de noviembre de 1872,
José Martí, con solo diecinueve años habló para un grupo de personas reunidas en la casa de
Carlos Sauvalle, en Madrid, después de haber participado en la iglesia
Caballero de Gracia, en las honras fúnebres a los estudiantes de medicina
fusilados en Cuba un año atrás por el gobierno español. El ensayista y crítico
Jorge Mañach recrea el hecho en su biografía
Martí el apóstol, cuando
describe este momento y expone las ideas presentadas por Martí en su discurso. Esta
primera intervención de Martí, sin embargo, no fue en un lugar público y solo
fue escuchado por un grupo íntimo de amigos y compañeros. No obstante, hemos
de considerar este acontecimiento como la primera vez que Martí dejó
escuchar su voz en el mundo. Según Mañach:
“Evocó la tragedia. Los rostros sonreídos fueron
tornándose graves. Narró con la precisión de un testigo de vista, los tres días
increíbles de furia y de angustia. Brillaban ya los ojos de sus oyentes (…).
Pintó la amargura de las vidas frustradas, el vacío de las amistades truncas,
el dolor sin medida de las madres despojadas (…) y como ese dolor materno, más
grande que él, era el dolor de la gran madre de todos: la patria”.
Sus primeras disertaciones en una institución tuvieron lugar
en la logia masónica Armonía N.º 52 de Madrid, en la que se cree que
desempeñara el cargo de orador, lo que sugiere su afiliación a este movimiento,
a pesar de su extrema juventud. Desde la logia masónica de Madrid, según Toledo
Sande, en su estudio biográfico Cesto de
Llamas: “alentaba el
espíritu independentista” y “auxiliaba a niños pobres”.
Esto pudiera ser, tal
vez, su propósito dentro de la masonería, cuyas ideas y doctrinas estuvieron
siempre vinculados a las luchas emancipadoras. Recordemos que muchos de
nuestros próceres fueron honorables masones. En el caso de José Martí,
considero que más que un motivo puramente filosófico, devocional o de interés
particular por estas asociaciones, hubo una aproximación en la búsqueda de los
ideales independentistas que tanto se proclamaban en los templos masónicos.
Lamentablemente, no se conservan escritos de las palabras del héroe cubano de
esta época. Mañach refiere en su estudio biográfico:
“Los republicanos del jurado federal le habían
conquistado para la masonería, pensando acaso que esta se encargaría a su vez
de conquistarlo para la república española. Martí probablemente tenía sus
propios cálculos. En
Dos años más tarde nos encontramos a Martí en Zaragoza, en territorio español aragonés. En el mes de enero, el joven cubano participó en una velada por los caídos en la defensa de la república. Según Mañach: “Era la primera vez que Zaragoza le solicitaba para un servicio público, pensando acaso que ninguna voz como la del joven insurrecto, a pesar de su modestia, para entonar con la necesaria prudencia la elegía de su libertad (…) Martí compuso un poema heroico-filosófico que habría de leer el actor Leonardo Burón y preparó con todos los frenos del caso, un discurso acerca de la muerte, la caridad, y el amor. Pero ya en el escenario, se olvidó completamente del discurso, e improvisó un fulgurante epinicio a la rebeldía cívica”.
Ciudad
México
En 1875 Martí llegó a México procedente de Nueva
York. En este país estuvo desde el ocho de febrero de 1875 hasta el dos de
enero de 1877. Por estos meses el Liceo Hidalgo ofrecía una serie de
conferencias sobre la influencia del espiritismo en el estudio de las
ciencias en general y confió al recién llegado cubano una de sus
intervenciones, la inicial, el día 5 de abril de 1875, previa aprobación,
el mes anterior, de su postulación para miembro de dicha institución. Así las
cosas, la primera vez que nuestro apóstol dejó escuchar su voz en
México, fue en la afamada institución, teniendo gran aceptación por los
visitantes y elogios de la prensa de la época. En este sentido, algunos
estudiosos del pensamiento martiano hacen referencia a la polémica que sostuvo
Martí en defensa del espiritualismo contra el positivismo defendido por Gustavo
Baz; pero no comentan acerca de su primera intervención como orador. He podido precisar
que las polémicas en torno a estos temas de naturaleza espiritual se
desarrollaron en sesiones posteriores a la que dio inicio al ciclo y en la cual
participó Martí.
Varias fuentes biográficas destacan que Martí participó en
los debates sobre materialismo y espiritismo en esta institución, además de que
se conservan testimonios del efecto de su intervención en este debate sobre
espiritismo y positivismo, testimonios que el biógrafo Jorge Mañach, describe
en su biografía antes citada al hacer referencia a la crónica de El Eco de Ambos Mundos que
se publicó entonces:
“Este joven será terrible en la plaza pública a
la hora de una conmoción popular; podrá arrancar lágrimas al borde de un
sepulcro; será el orador favorito de las mujeres, de los niños y de los
creyentes; pero nunca, y esto depende de su sistema nervioso, de su imaginación
viva y arrebatada, nunca convencerá en un Parlamento, ni se sobrepondrá en
medio de las discusiones frías y serenas de la ciencia.”
Dicha crónica tiene una visión profética, en
cierta medida. Martí se convierte en el orador favorito de todos. Sus grandes
discursos posteriores así lo demuestran. Su lectura en Steck Hall, en
Estados Unidos, conmovió a los emigrados revolucionarios cubanos, sus
intervenciones en Tampa y Cayo Hueso contribuyeron a su universalidad a través
de los famosos discursos Los pinos nuevos y Con todos y para el bien de todos, amén de sus históricas alocuciones en el Templo Masónico de
Nueva York, dedicadas al diez de Octubre, y por derecho propio, su huella
trascendental en su patria con su discurso dedicado al poeta Alfredo Torroella
y al violinista Díaz Albertini, por solo citar algunas de sus más conocidas, y
a la vez, trascendentes intervenciones públicas.
Mañach precisa en su biografía del apóstol que en
el periódico El Federalista apareció
el siguiente comentario: “Una cascada, un torrente de ideas vertidas de la
manera más galana y florida fue su alocución”. Además, refiere que en
El propio Mañach resume el hecho haciendo una
profunda valoración crítica del pensamiento filosófico martiano al expresar: “Martí
escuchó las voces sin Dios e hizo examen de conciencia. Como siempre que miraba
dentro de sí mismo, halló dos hombres dispares en él, un sentimental, para
quien la vida no tenía sentido sino como empresa del espíritu, y el
racionalista que las lecturas y el siglo habían ido superponiéndole. Pero los
años españoles acababan de impregnarle también del idealismo krausista y de
vagas esencias orientales, dejándole un turbio poso de convicciones sobre la
armonía universal, la inmortalidad del alma y su depuración migratoria por – antevidas y post-vidas–. Aliadas al impulso
romántico, estas ideas se le revelaban ahora contra la negación de lo
espiritual, pero sin arrastrarle
demasiado”.
En Cuba, el 18 de febrero de 1877, durante una tertulia
organizada por Fermín Valdés Domínguez en su casa, Martí leyó su drama Adúltera.
Así se escuchó por vez primera, en su patria, la voz martiana, no con un
discurso, como lo hizo en España, ni con una disertación de materias
espirituales, como ocurrió en México, sino a través de una simple lectura de
una de sus obras, en una casa privada; pero donde se sabe que había un grupo de
invitados en una tertulia, algo muy usual dentro de la intelectualidad habanera
del siglo XIX.
Sobre esta tertulia, la
aceptación o no de la lectura de su obra, u otro detalle de este momento, no
hay referencias, excepto un breve comentario de Toledo Sande en su biografía martiana
Cesto de llamas. Mañach que suele
ahondar en los acontecimientos de esta naturaleza solo señala durante esta
breve estancia en Cuba la impresión que provocó en Martí el ambiente político
de la isla y en especial en


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