LA MÚSICA CLÁSICA EN CUBA, LOS GRANDES OLVIDADOS. Parte 2da.- Por el Doctor Alberto Roteta Dorado.
LA MÚSICA CLÁSICA EN CUBA, LOS GRANDES OLVIDADOS. Por el Doctor Alberto Roteta Dorado.
Doctor Alberto Roteta Dorado.- SantaCruz de Tenerife. España.- Con el título “La música clásica en cuba, los grandes olvidados”, inicié hace un par de semanas un breve recorrido que nos llevará a la Cuba de los finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Estos comentarios, a modo de conferencia, no tienen necesariamente un orden secuencial en el tiempo. De manera que la aparición del maestro Hubert de Blanck (1856-1932) como la primera figura notable de la música cubana – a pesar de su origen holandés desarrolló una meritoria carrera como intérprete y como docente en Cuba–, y luego, la evocación de otros dos músicos contemporáneos con el autor de la ópera “Patria” como Guillermo Tomás (1868-1933) y Eduardo Sánchez de Fuentes (1874-1944), no obedece a una cronología en el tiempo. Recordemos que en el siglo XIX se destacaron sobremanera figuras como Manuel Saumell, Nicolás Ruiz Espadero y de manera sobresaliente Ignacio Cervantes, a los que no hice referencia, independientemente de que los trataremos, en su momento, en este ciclo de encuentros dedicados a estos personajes, lamentablemente, olvidados por unos y desconocidos por otros.
En esta segunda parte, dedicada a esos grandes olvidados de la música clásica cubana, vamos a referirnos a otros tres músicos, los que, como en los casos de Hubert de Blanck, Guillermo Tomás y Sánchez de Fuentes, analizados en la primera parte de este ciclo, han sido también completamente sepultados a pesar de su notable labor, ya sea dentro de la composición musical, la interpretación o la enseñanza.
Cinco años después de la ejecución al piano de la ópera “Il Naufrago” del maestro Sánchez de Fuentes, moría su maestro, el genial compositor Ignacio Cervantes. Quedaba pues, como figura referencial el violinista y organista José Mauri Esteve (1855-1937), quien, cuando se inicia el siglo XX, tenía cuarenta y cinco años. Mauri nació en Valencia, España, aunque solo permaneció en este país un año. Sus padres emigraron a Cuba, como tantos españoles lo hicieron en aquellos tiempos en que La Habana florecía y se destacaba sobremanera como capital hispanoamericana. Su padre lo motiva hacia el mundo de la música, toda vez que también era músico. Se trasladan un tiempo a Perú, donde Mauri estudió violín y debutó como concertista, siendo muy joven, en la capital peruana.
De regreso a La Habana, Mauri recibió clases de violín de Anselmo López y completó su formación musical con Manuel Úbeda, quien le impartió lecciones de piano, órgano, armonía, contrapunto y composición, con lo que consolidó su formación musical. Mauri no solo fue un intérprete de reputación en su tiempo, sino que compuso música sinfónica, dejando obras como: “Sinfonía en la mayor”, “Sinfonía en si bemol”, “Adagio para gran orquesta”, así como varias obras de cámara, numerosas obras religiosas y algunas zarzuelas, las que permanecen en un absoluto silencio, a la espera de que alguien, con espíritu investigador y rescatista de la música cubana olvidada, se entusiasme con la idea de llevarlas al concierto o a la escena.
Foto debajo- José Mauri Esteve (1855-1937) es el autor de la Ópera “La Esclava”, la primera ópera cubana con un verdadero carácter nacionalista.

El silencio de Mauri solo se ha interrumpido transitoriamente, al menos desde el punto de vista teórico, cuando se le menciona como el autor de la primera obra dramático-musical de verdadero acento nacional. Me refiero a la ópera “La Esclava”, considerada una verdadera obra de carácter nacional, su propio autor, el maestro Mauri, declaró, días antes de su estreno, en una entrevista a Oscar Lombardo, para el diario “El triunfo” y que el investigador cubano Jorge A. González, retomó en su libro “La composición operística en Cuba”: “dicha partitura es esencialmente cubana, de una inconfundible factura criolla basada en los ritmos de nuestras quejumbrosas melodías”.
Su estreno tuvo lugar en La Habana, en el Teatro Nacional, hoy Gran Teatro de La Habana, los días 6 y 7 de junio de 1921. Contó entre sus intérpretes con la soprano Ofelia Nieto y la contralto Rhea Toniolo, que, con su maestría, según la prensa de la época, supo convertir su secundario papel en un rol protagónico, así como el tenor Julián Oliver, el barítono Néstor de la Torre y el bajo Antonio Nocolich. La orquesta fue conducida por Arturo Padovani. En 1978, se repuso “La Esclava” en el Gran Teatro de La Habana. En esta ocasión contó con las interpretaciones de las sopranos Ninón Lima, Gladis Puig y María Eugenia Barrios, los tenores Armando Pico, Orestes Lois y Edilio Hernández, así como los barítonos Ramón Santana, Ramón Calzadilla y Ángel Menéndez. Posteriormente, en 1980 fue nuevamente representada durante un festival de teatro de La Habana.
No obstante, ya ha pasado casi medio siglo y no se ha vuelto a interpretar, y sus sinfonías y sus obras de carácter religioso continúan en esa larga espera a la que me referí antes. Si se compara con otros músicos de Europa que, como Mauri, contribuyeron a los llamados nacionalismos, muy de moda hacia la segunda mitad del siglo XIX, veremos que sus obras son continuamente interpretadas y aparecen de manera sistemática en todas, o la mayoría, de las temporadas de ópera y de conciertos.
Por solo citar un par de ejemplos, he de mencionar que la ópera “Rusalka”, del nacionalista checo Antonín Dvorak, cuyas arias, como en el caso de “La Esclava” de Mauri, con las melodías genuinamente cubanas, contienen elementos similares a las melodías folclóricas y a las armonías típicas de la música checa. A diferencia de “La Esclava”, “Rusalka” aparece en cartelera frecuentemente en los teatros de ópera de la República Checa y otras partes del mundo, sin olvidar hacer mención de la constante interpretación de la música del padre del nacionalismo checo Bedrich Smetana.
Este destacado músico nuestro llegó a dirigir la Orquesta Sinfónica de Bogotá y ocupó un atril en la orquesta del Teatro Real de Madrid; pero, como ya he insistido, permanece entre los grandes olvidados de la cultura cubana.
El cubano Joaquín Nin Castellanos (1879-1949), se dedicó durante varios años al estudio y la investigación de la música antigua española. Con sus brillantes investigaciones España tuvo la dicha de poder conocer una serie de obras del siglo XVII y de principios del XIX que, hasta entonces permanecieron desconocidas para España. En este sentido, realizó la edición en este país de “Dieciséis sonatas antiguas de autores españoles”, “Siete cantos líricos antiguos españoles”, “Siete canciones picarescas españolas antiguas”, “Diecisiete sonatas” y piezas antiguas de autores españoles” y “Diez piezas de José Herrando”.
Sin embargo, la labor de Nin Castellanos no se limitó a la investigación y rescate de la música española, sino que también se destacó como intérprete. Como pianista ofreció recitales en España, Francia, Alemania, Inglaterra, Bélgica, Austria, Dinamarca, Holanda, Suiza, Hungría, República Checa, Argentina, Brasil, Uruguay y Cuba. Como compositor, su música no es genuinamente cubana, toda vez que estaba demasiado identificado con la cultura europea, especialmente con la música francesa, y de manera muy particular, con la española, de ahí que, esencialmente, se perciba en sus obras la influencia del folklore de estas regiones, influencias adquiridas luego de sus profundos estudios en este sentido.
Foto debajo- Joaquín Nin Castellanos (1879-1949), su labor no se limitó a la investigación y rescate de la música española, sino que también se destacó como intérprete. Lamentablemente, jamás se hace referencia en Cuba a su notable trabajo como músico e investigador.

Su catálogo como compositor es pequeño. Lo integran algunas obras para piano y otras para violín y piano, en este último formato sobresalen sus piezas “Diálogo en el Jardín de Lindajara” y “Suite española”. Compuso, además, tres sinfonías, un ballet, piezas para Cuarteto de laúdes, entre otras obras, igualmente, sin interpretarse jamás en Cuba.
Estudió piano en Barcelona con Carlos G. Vidiella; en 1902 se trasladó a París, donde fue discípulo de Moritz Moszkowsky, y estudia en la Schola Cantorum, de Vincent D’Indy. De 1905 a 1908 trabajó como profesor en la Schola Cantorum, y posteriormente se trasladó a Bruselas. En 1910 regresó a Cuba y fundó una Sociedad de Conciertos y una revista de música. Fue amigo del compositor francés Maurice Ravel y uno de los testigos directos de la génesis, en 1928, de “Bolero”, de la más famosa obra de este compositor. Fue miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, y recibió en Francia la condecoración de la Legión de Honor.
Nin Castellanos, además de músico, fue un académico que escribió con profundidad acerca de temas estéticos de la música de su tiempo. En su libro “Pro-Arte”, expresó ideas en torno a su apreciación de los problemas de la música, sus intérpretes y el público:
“La repetición constante de las mismas obras es un obstáculo considerable que oponen nuestros artistas a la educación del público, y da origen a inevitables y perpetuas rivalidades técnicas, que de nada sirven sino para satisfacer personalismos en los que la petulante nimiedad hace veces de Ideal [...]. Una de nuestras mayores preocupaciones debería residir en la composición de los programas, porque revelan nuestra cultura y porque ellos evidencian nuestras tendencias, nuestras intenciones y aun parte de nuestros ideales [...] Demos a nuestros programas una razón de ser, una orientación que justifique su existencia, un principio inteligente que rija su desarrollo en todas sus fases, si queremos que su acción sea realmente útil y duradera [...]. [...] no hablamos para hacer alarde de nuestro talento ni para poner de manifiesto nuestras cualidades. Este talento y estas cualidades deben existir”.
Otro de los músicos cubanos del siglo XIX que tuvo una carrera llena de éxitos, en este caso como intérprete, en Europa, fue el pianista y compositor José Manuel Jiménez (1851-1917), conocido como Lico Jiménez. Este eminente pianista hizo presentaciones en diversas ciudades europeas junto a su padre y hermano como integrante de un trío de cámara: piano, violín y cello. Estudió en Alemania, en el Conservatorio de Hamburgo y luego en este mismo país en el Conservatorio de Leipzig, fue discípulo del destacado pianista Ignaz Moscheles. Recibió elogios por su arte interpretativo como pianista de destacados músicos como Wagner y Liszt.
Foto debajo- José Manuel Jiménez (1851-1917) eminente pianista que hizo presentaciones en diversas ciudades europeas y obtuvo el premio del afamado Conservatorio de París.

Lico Jiménez fue discípulo del afamado Conservatorio de París, en la década del setenta del siglo diecinueve y después de haberse presentado ante el propio Richard Wagner, el músico cubano se presenta en París, se estableció por algunos años e ingresó en dicho conservatorio. Aquí obtuvo un primer premio, en su concurso, ante un jurado integrado por: Francoise Dubois, Charles Gounod, Camilo Saint-Saëns y Jules Massenet, entre otros. El hecho de haber sido escuchado por músicos de la altura de: Gounod, Saint-Saëns y Massenet, los que han trascendido las fronteras francesas para alcanzar la universalidad, es más que suficiente para ubicarlo junto a aquellos que dejaron su impronta en la cultura francesa.
Lico Jiménez ejerció la docencia en Hamburgo hasta su muerte. Su producción musical no es extensa, está integrada fundamentalmente por obras para piano y voz y piano. Compuso un “Estudio Sinfónico”, para orquesta, un “Concierto para piano y orquesta”, “Rapsodia cubana”, “Sonata”, “Valse Caprice” y “Polonesa”, para piano, así como algunos lieder.
De esta forma, desde la composición musical, aunque algunos fueron, en primer lugar y otros en menor medida, notabilísimos intérpretes, cada una de estas figuras desde su perspectiva, desde su concepción estética del arte y desde su visión de la nacionalidad contribuyó a la conformación de nuestra identidad nacional. El rescate de las citadas obras de estos compositores cubanos de mediados del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, a través de su interpretación, grabación y edición constituye un reto para la verdadera cultura cubana.
EN ESTE ENLACE VEA LA PRIMERA PARTE...
(continuará)


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