La salud pública en Cuba: de potencia médica a barrera de acceso. Enfermar en la Isla implica cada vez más depender de recursos propios, redes informales o ayuda externa. Por Ángeles Rosas.Diario de Cuba.
La salud pública en Cuba: de 'potencia médica' a barrera de acceso
Por Ángeles Rosas
28 de abril de 2026

Hiosvany Gómez Labrada durante una hemodiálisis. Cortesía del entrevistado
Conseguir un medicamento o recibir atención médica se ha convertido en una carrera de obstáculos para la mayoría de los cubanos.
"Tengo 43 años y llevo 19 años consecutivos en hemodiálisis por insuficiencia renal crónica terminal", relata Hiosvany Gómez Labrada, residente en Santa Fe, municipio de Playa. Él es un paciente cuya vida depende de un sistema sanitario que ya no puede sostener su tratamiento.
Su caso ilustra con precisión quirúrgica el colapso de la atención médica en Cuba. El único acceso vascular que le queda —una fístula arteriovenosa en el brazo izquierdo— ha desarrollado una hipertensión venosa severa que especialistas del Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (CIMEQ) en La Habana han confirmado que no puede ser reparada en Cuba.
A esta condición crítica se suma una degradación progresiva del tratamiento: debido a la escasez de insumos médicos, sus sesiones de diálisis han sido reducidas de las cuatro horas requeridas a apenas dos horas y media o tres horas por sesión, realizadas tres veces a la semana. En términos clínicos, esto implica una depuración insuficiente de toxinas, elevando significativamente el riesgo de complicaciones o, incluso, la muerte.
"Lo que pido está fuera de Cuba. El tratamiento que necesito está disponible en Baptist Health International en Miami, que ya ha respondido y está lista para evaluar mi caso. También he contactado a Jackson Memorial, al Miami Transplant Institute y UHealth", cuenta. Sin embargo, hay un obstáculo migratorio: requiere una visa humanitaria o un parole (permiso especial) de emergencia.
Según afirma, su caso ha activado gestiones a múltiples niveles: la Oficina de la senadora Ashley Moody (Florida) abrió un expediente, la organización legal Cubalex ha intervenido para asesorar, ha presentado peticiones ante instancias internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y mecanismos de Naciones Unidas, y medios internacionales han comenzado a documentar su situación. Aun así, continúa en Cuba, en condiciones que comprometen directamente su supervivencia.
No es la excepción, es tendencia documentada
Datos independientes y testimonios desde la Isla evidencian que la mayoría de los cubanos no logra acceder a medicamentos ni atención médica básica.
Conseguir un medicamento o recibir atención médica en Cuba se ha convertido en una carrera de obstáculos. Ya no se trata de una percepción sobre el deterioro del sistema sanitario, sino de una realidad medible: solo el 4,8% de cubanos encuestados afirma haber obtenido medicamentos sin dificultad cuando los necesitó, según un sondeo de Cubadata realizado entre febrero y marzo de este año.
El contraste es contundente. Un 40,4% reporta "mucha dificultad” para acceder a fármacos y un 13,8% asegura que le fue imposible. Sumadas ambas categorías, más de la mitad de la población (54,2%) enfrenta barreras severas. Si se incluye a quienes experimentaron "alguna dificultad", el problema alcanza al 81,8%.
Este deterioro ocurre en paralelo a una contracción sostenida del personal sanitario. Entre 2021 y 2024, el país perdió más de 77.000 trabajadores del sector, según el Anuario Estadístico de Cuba 2024 de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI). El sistema pasó de 312.406 trabajadores en 2021 a 281.098 en 2022, 248.512 en 2023 y 234.884 en 2024. Esta caída afecta a médicos, estomatólogos, enfermeros y técnicos, impactando tanto la atención primaria como hospitalaria.
Así, la atención médica representa otra odisea para los cubanos consultados por Cubadata. Apenas el 5,3% dice no haber tenido dificultades, mientras que el 37,2% reporta grandes obstáculos y el 11,1% afirma que no logró acceder. En total, el 80% enfrentó algún nivel de dificultad para recibir atención sanitaria.
A nivel estructural, el sistema también muestra signos de desgaste. Aunque Cuba llegó a reportar una de las tasas más altas de médicos por habitante del mundo, en los últimos años esa capacidad se ha erosionado por la emigración, las misiones médicas del Gobierno en el exterior y la salida de profesionales del sistema público.
En paralelo, la escasez de medicamentos esenciales se ha agravado. El propio ministro de Salud Pública, José Ángel Portal Miranda, reconoció en 2025 ante la Asamblea Nacional que el país cuenta con solo el 30% del cuadro básico de medicamentos disponible.
Los datos no solo reflejan una crisis estructural, sino su impacto directo en la vida cotidiana: el 39,4% de los hogares sitúa la falta de medicamentos entre sus tres principales problemas, y el 31,9% hace lo mismo con la atención médica.
El Gobierno cubano atribuye este deterioro al embargo estadounidense. Sin embargo, los registros del Departamento de Comercio de EEUU muestran que Cuba ha continuado importando productos sanitarios.
Entre las operaciones documentadas figuran envíos por 23 millones de dólares en insumos médicos desde empresas estadounidenses hacia entidades privadas cubanas, canalizados a través de intermediarios estatales como Maquimport y Alimpex. Estas compras incluyeron medicamentos de venta libre, insumos de primeros auxilios y otros suministros, pero no tuvieron como destinatario directo al Ministerio de Salud Pública, sino a empresas estatales y privadas vinculadas a distintos sectores.
Casos concretos: cuando el sistema no responde
Más allá de las cifras, los testimonios describen un sistema que ha dejado de funcionar como red de protección.
El caso de Rolando Tudela Iribar, de 53 años, residente en Guantánamo, evidencia una trayectoria de abandono médico acumulado durante décadas. Su problema comenzó en la adolescencia, tras un traumatismo uretral. Ya en el servicio militar, distintos médicos reconocieron la complejidad de su caso y evitaron intervenir por falta de experiencia en una cirugía de alto riesgo.
Con el paso de los años, su condición se agravó con la aparición de cálculos urinarios y obstrucciones severas. Sin acceso a soluciones médicas efectivas, tuvo que improvisar procedimientos por su cuenta, utilizando sondas pediátricas para poder orinar e incluso extrayendo cálculos manualmente.
"Mi situación empeoró durante mi paso por prisión en 2012, donde no recibí atención médica adecuada, sufrí violencia y realicé huelgas de hambre que deterioraron aún más mi estado", explica.
En 2023, su condición alcanzó un punto crítico: fue intervenido de urgencia y se le colocó una sonda vesical permanente. Sin embargo, lejos de resolverse, el cuadro continuó deteriorándose. Tras acudir al Ministerio de Salud Pública en La Habana, recibió promesas de evaluación multidisciplinaria que nunca se concretaron.
"El sistema se lavó las manos", describe. Episodios de sangrado persistente no fueron atendidos con soluciones definitivas. Hoy no puede trabajar y depende completamente de su familia, en un contexto económico adverso.
"Mi familia me mantiene a duras penas por las condiciones que hay en este país. Pido que me ayuden las instituciones internacionales, Cruz Roja internacional, porque parece que en mi país ya no me pueden resolver mi situación médica", concluye.
Otros testimonios refuerzan este patrón
"Ese niño tiene 15 años y no tiene la atención médica ni un tratamiento que lo controle", denunció la activista Mireya Jiménez sobre un menor con trastornos neurológicos y tendencia a la violencia. La madre del adolescente, Ilsa Ramos, enfrenta sola crisis severas sin apoyo clínico efectivo.
Un caso similar involucra a un niño con fenilcetonuria (PKU), sin acceso a tratamiento adecuado, con crisis epilépticas frecuentes y deterioro progresivo. Las respuestas institucionales son reiterativas: falta de camas, combustible o recursos.
Otro paciente dependiente de hemodiálisis reportó ausencia total de transporte sanitario, obligándolo a desplazarse por medios propios bajo riesgo de muerte.
"No puedo culpar al 'bloqueo' ni a Trump, porque los carros de los dirigentes siguen circulando, porque el Estado cubano le vende combustible a los extranjeros. No es Estados Unidos el que decide desamparar un paciente con necesidad de tratamiento de hemodiálisis", escribió Alexander Aguilar López quien tiene que viajar tres veces a la semana por sus propios medios desde Guisa a Bayamo para el tratamiento.
En Santiago de Cuba un paciente de cáncer que pidió el anonimato dijo que un lote completo de medicamentos para quimioterapia hechos en Cuba sobrepasa los 60.000 pesos (unos 116,50 dólares). Tuvo que acudir a sus familiares en el exterior para comprarlos a personas que los sustraen de hospitales.
Un patrón de fallos estructurales
Los casos coinciden en los mismos puntos críticos: falta de medicamentos, interrupciones en tratamientos, escasez de especialistas, transporte sanitario en mínimos y hospitales sin capacidad de respuesta.
Las respuestas institucionales —cuando existen— se limitan a justificar la inacción con carencias logísticas que el discurso oficial atribuye al embargo.
En la práctica, el sistema traslada la responsabilidad al individuo o a la familia, que debe improvisar soluciones, asumir costos o exponerse a riesgos para sobrevivir.
El derrumbe de un relato
Durante décadas, el Estado cubano sostuvo la imagen de una "potencia médica" como uno de sus principales logros. Sin embargo, los datos y testimonios actuales apuntan en dirección contraria.
El caso de Hiosvany Gómez Labrada lo resume con claridad: no se trata de la inexistencia de tratamiento, sino de su inaccesibilidad dentro del país.
Hoy, la salud en Cuba aparece menos como un derecho garantizado que como un sistema fragmentado, incapaz de responder incluso en situaciones críticas. En ese contexto, enfermar en la Isla implica cada vez más depender de recursos propios, redes informales o ayuda externa. El sistema que durante años se presentó como un pilar del modelo cubano funciona ahora, para muchos, como una barrera más.





















