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Francisco Herodes Díaz Echemendía: un gigante olvidado de la resistencia cubana. Por Jorge Luis García Pérez 'Antúnez' en FB.


Francisco Herodes Díaz Echemendía: un gigante olvidado de la resistencia cubana
Por Antunez Resistencia Placetas 
Facebook el 7 de julio de 2026


Quiero hablar de un hombre grande. De uno de los grandes y, lamentablemente, de uno de los grandes olvidados de la resistencia cubana: Francisco Herodes Díaz Echemendía.

Conocí a Francisco de una manera muy peculiar, muy singular. La dictadura castrista había lanzado una fuerte embestida contra el Presidio Político “Pedro Luis Boitel” en la prisión de Camagüey y había decidido sacar de allí a quienes consideraba sus principales líderes.

Leoncio Rodríguez Ponce y este humilde servidor fuimos trasladados inicialmente hacia la prisión de Boniato. Adolfo Durán Figueroa fue enviado a la prisión de Holguín, mientras Alejandro Mustafá y Eduardo Gomez Sánchez fueron trasladados hacia la prisión de Santiago de Cuba.

Fue durante el traslado hacia el Combinado de Guantánamo cuando vi por primera vez a Francisco Herodes Díaz Echemendía.

Entre todos los presos que iban en aquel movimiento, hubo algo que llamó poderosamente mi atención: aquel hombre era diferente. Estaba sentado con paz interior y ecuanimidad , con sus bolsos, con sus pertenencias y con un verdadero cargamento de libros. Aquella imagen decía mucho de él.

Nos identificamos rápidamente como hombres de una misma causa y, desde ese momento, comenzó una amistad sincera, una hermandad que ha perdurado hasta estos días.

Pero nuestra amistad también estuvo marcada por momentos de dolor y de sacrificio. Tuve el honor, la dicha y también el dolor de compartir junto a Francisco Herodes Díaz Echemendía y Néstor Rodríguez Lobaina una de las golpizas más brutales que se recuerdan en el Combinado de Guantánamo.
Fuimos golpeados salvajemente por la dictadura por no aceptar la humillación, por mantenernos firmes, por no renunciar a nuestra dignidad.

Recuerdo especialmente una de aquellas ocasiones en que los represores intentaban obligarnos a colocarnos las manos detrás de la espalda como señal de sometimiento. Francisco Herodes Díaz Echemendía jamás aceptó ese chantaje. A pesar de los golpes, a pesar de la violencia, a pesar del dolor, nunca cedió. Nunca puso sus manos detrás. Nunca se rindió.

Ese era Francisco: un hombre de principios, un hombre vertical, un hombre que entendía que la dignidad también se defendía en los pequeños gestos, incluso dentro de una prisión donde todo estaba diseñado para quebrar al ser humano.

Francisco enfrentó el presidio político prácticamente solo. Un hombre que entró a la cárcel sin una familia que lo acompañara en aquel largo camino y que terminó perdiendo mucho: afectos, compañía y apoyo. La dictadura no solo quiso quitarle la libertad; también intentó dejarlo aislado.

Y después vino una dolorosa paradoja: una doble condena. La primera se la impuso la dictadura cubana, privándolo de libertad por luchar por la libertad de Cuba. La segunda, según su caso, llegó cuando las autoridades migratorias de Estados Unidos le negaron la entrada al país al considerar que algunos de los actos por los que fue procesado tenían carácter “violento”

¡Qué paradoja! Los verdaderamente violentos eran quienes golpeaban a Francisco Herodes Díaz Echemendía, quienes lo encarcelaron, quienes intentaron destruir su voluntad durante años.
Pero la tragedia de Francisco no terminó con la prisión. Hoy, siendo un expreso político, un perseguido político y un hombre de avanzada edad, vive prácticamente de la caridad y de la solidaridad de unos pocos hermanos y de organizaciones que no lo han abandonado.

De no ser por el apoyo de la organización como Plantados por la Libertad y la Democracia en Cuba y por la ayuda de algunos hermanos solidarios, la situación de Francisco habría sido aún más dramática. Un hombre que entregó los mejores años de su vida por la libertad de Cuba y que hoy lucha simplemente por sobrevivir.

Francisco muchas veces no tiene un lecho donde descansar ni un techo seguro donde refugiarse.
A veces la noche lo encuentra sin saber dónde dormirá. Esa es la realidad de un hombre que pasó años en las cárceles de la dictadura y que hoy vive en una situación de extrema vulnerabilidad.

Su nombre no aparece como debería, su rostro no está donde merecería estar. Es un hombre humilde, un negro santiaguero, un hombre pobre, sin grandes recursos, sin poder, sin las condiciones que muchas veces hacen que una historia sea más visible.

No es una figura cómoda para muchos. Su forma de pensar (Radical)y su manera de entender la lucha no siempre coinciden con lo que algunos consideran aceptable o conveniente. Pero la historia no puede medirse por conveniencias.

Francisco Herodes Díaz Echemendía cumplió 20 años de prisión, soportó golpes, perdió afectos y cargó con una vida de sacrificios. Y quienes estuvimos allí sabemos quién fue y qué representó.

Y ante esta realidad surge una pregunta que no podemos ignorar:
¿Se puede hablar de salvar a Cuba cuando hermanos nuestros permanecen abandonados u olvidados?
¿Qué Cuba puede salvarse así, cuando somos incapaces de salvar y proteger a aquellos que una vez, cuando convenían, cuando eran rentables, fueron presentados como héroes?

Una nación no se salva solamente con discursos; se salva también honrando, acompañando y defendiendo a quienes entregaron todo cuando más difícil era hacerlo.

La historia de Francisco Herodes Díaz Echemendía no puede quedar en el olvido. Porque olvidar a quienes sufrieron por la libertad también sería olvidar una parte de la propia libertad que decimos defender.

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