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Fuera de La Habana, los cubanos viven una existencia sin energía eléctrica, agotados y sin dormir. Por Mercedes García. 14ymedio.

Fuera de La Habana, los cubanos viven una existencia sin energía eléctrica,
agotados y sin dormir
Por Mercedes GarcĂ­a
29 de agosto de 2025

Cocina de leña en una calle de Sancti Spíritus. / 14ymedio

Sancti Spíritus/En las provincias cubanas, cuando vuelve la luz tras unas 20 horas de apagón diario, comienza una actividad frenética, sin importar si es de día o plena noche. Sus residentes no saben muy bien cuåndo serå ese momento, pero sí que tendrån muy poco tiempo para hacer todo lo que el corte habitual de energía no les ha permitido.

“Solo nos enteramos cuando viene, y sabemos que son dos, tres o cuatro horas las que tenemos por delante”, cuenta Alicia, una vecina de Sancti SpĂ­ritus que no acaba de entender el “cronograma” de racionamiento elĂ©ctrico al que estĂĄ sometida la provincia central. “Lo Ășnico seguro es que hay que correr y poner la lavadora, o un poco de arroz en la olla elĂ©ctrica”.

El lunes, ocurriĂł a la una de la madrugada: “A esa hora empecĂ© a preparar el desayuno para la familia para tenerlo en la mañana, porque mi marido tenĂ­a que ir a trabajar y a esa hora ya no iba a haber luz”.

Un panorama similar refieren los residentes en CamagĂŒey. En las 36 horas que pasĂł en la ciudad un habanero que fue a visitar a unos parientes, “si hubo seis con electricidad fue mucho”, cuenta a 14ymedio. “Cuando llega la luz, se desata una carrera contrarreloj para tratar de usar los equipos electrodomĂ©sticos: poner la lavadora, cargar los mĂłviles, congelar algunas carnes, encender las bombas de agua para almacenarla en los tanques”.

Lo mĂĄs sorprendente para Ă©l es cĂłmo “han ajustado su vida a una existencia sin energĂ­a elĂ©ctrica”. Lo mismo refiere la espirituana InĂ©s: “La gente ya estĂĄ tan agotada mentalmente que solo dicen ‘se fue la luz’, y ya saben que viene mĂĄs calor sin ventilador y a pasar trabajo para cocinar, pero han buscado su mecanismo para sobrevivir, ya no les importa si hay luz o no”.

Hay profesionales que siguen trabajando a la luz de las velas, o de una lámpara recargable. Días atrás, así atendía un veterinario de Ciego de Ávila, con un bombillo atado a una cinta en la cabeza. Cansado, repartía con una ayudante los casos urgentes que iban llegando a la consulta, mientras miraba para el techo y susurraba: “que viva la revolución cubana”.

El instinto de supervivencia hace que, incluso, la gente responda “todo va normal”, en una ciudad como HolguĂ­n, donde, segĂșn la Ășltima programaciĂłn de la Empresa ElĂ©ctrica, tienen solo siete horas de luz de 24, en dĂ­as alternos. Al dĂ­a siguiente, “disfrutan” de tres horas mĂĄs. Sin embargo, cuenta el corresponsal de 14ymedio en la zona, “en algunos lugares estĂĄ yĂ©ndose mĂĄs temprano de lo habitual y llegando mĂĄs tarde”.

Los que pueden, cocinan con leña o carbĂłn, de suerte que las calles, en el paĂ­s que se jacta de estar apostando a las energĂ­as limpias, se llenan de un aire irrespirable. “A las ocho de la noche no se puede salir, porque te ahogas”, confirma Alicia. “Todo el mundo estĂĄ cocinando con leña en los portales o en los patios. El humo lo llena todo”.

Pero ni siquiera esos mĂ©todos primitivos estĂĄn al alcance de todos. “Cocinan con leña los que tienen la posibilidad”, declara una vecina de Santiago de Cuba, “porque la lata de carbĂłn vale 300 pesos y el saco, 1.200”.

En Santa Clara tambiĂ©n cortan la electricidad constantemente, cuenta Roniel. “Si es por la mañana, los trabajadores se van a resolver cosas a la ciudad y vuelven, pero si es despuĂ©s de las tres de la tarde, se van todos para su casa”. Saben que en dos horas, lo que faltarĂ­a para que acabe la jornada, a las 5 pm, no la van a poner. El hombre lamenta, resignado: “Dime tĂș quĂ© productividad puede tener un paĂ­s así”.

Los horarios intempestivos, ademĂĄs, provocan que la gente no pueda descansar, cosa que ya les resultaba difĂ­cil con el calor del verano y los mosquitos que proliferan sin ventiladores. “No puedes dormir, porque cuando la luz viene, te tienes que levantar y ponerte a hacer las cosas”, refiere InĂ©s. AsĂ­, deambulan por la calle individuos alterados, estresados, enajenados por la falta de sueño. Muchos, visiblemente borrachos; el alcohol y las drogas son el Ășnico escape.

Para este viernes, la UniĂłn ElĂ©ctrica de Cuba pronostica un dĂ©ficit de 1.565 megavatios (MW) en el horario pico –para una demanda de 3.750 MW y una disponibilidad de 2.215 MW– que arrojarĂĄ una falta real de 1.635 MW. Es una cifra “baja” en una semana en la que ha predominado una afectaciĂłn no menor a 1.700 MW.

InĂ©s lleva meses, dice, enferma de los nervios, sin haber podido acudir al mĂ©dico. “AquĂ­ no hay tiempo para enfermarse”, cuenta la mujer, demacrada. “Estoy esperando a que el doctor vuelva de vacaciones y me dĂ© pastillas para sentirme mejor”.

La escena tiene lugar ante la mirada atenta de los vecinos del barrio. La falta de distracciones –ni hablar de la señal de internet en casi todo el dĂ­a– hace que todos estĂ©n pendientes de las conversaciones y las discusiones ajenas. InĂ©s baja entonces la voz: “Me doy cuenta de que vivo en un lugar imposible. Cuando me pongo a pensar, lo que quiero es morirme, desaparecer, porque no sĂ© quĂ© futuro hay”.

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